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	<title><![CDATA[El blog de dalianegra]]></title>
	<link>http://dalianegra.obolog.com</link>
	<description>El blog de dalianegra</description>
	<language>es-es</language>
	<pubDate>Fri, 29 Aug 2008 03:02:30 +0100</pubDate>
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		<title><![CDATA[El blog de dalianegra]]></title>
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	<item>
		<title>Cuadernos de Viaje: ZHANGMU, EN LA FRONTERA DE TÍBET Y NEPAL</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/cuadernos-viaje-zhangmu-frontera-tibet-nepal-100231</link>
		<description>
			<![CDATA[
			<p>A modo de introducci&oacute;n os dir&eacute; que viajar es la mayor de mis pasiones. Ocupo la mayor parte de mi tiempo libre en clasificar fotograf&iacute;as y v&iacute;deos de mi anterior viaje y preparando el siguiente. Esa actividad devuelve a mi mente recuerdos indelebles y me provee tambi&eacute;n de la emoci&oacute;n de descubrir nuevos para&iacute;sos, de encontrar la belleza all&aacute; a donde fuere.</p>
<p>Podr&iacute;a ahora escribiros sobre algunos de los destinos m&aacute;s divulgados que he visitado, pero ya en un texto anterior opt&eacute; por hacerlo sobre un lugar menos conocido, quiz&aacute;s con la intenci&oacute;n de promocionarlo en la medida de mis humildes posibilidades. Mas no es &eacute;se exactamente el prop&oacute;sito de este relato, por cuanto que al lugar sobre el que voy a hablaros s&oacute;lo se llega tras haber culminado un periplo por alguno de los dos pa&iacute;ses con los que conforma frontera. Se trata de la peque&ntilde;a poblaci&oacute;n de Zhangmu, en el lindero entre el sur del T&iacute;bet y el este de Nepal, en una zona denominada los "Pies del Himalaya". Ese n&uacute;cleo y las zonas colindantes son el motivo en torno al cual gira&nbsp;la presente narraci&oacute;n.</p>
<p>Transcurr&iacute;a el verano del a&ntilde;o 2005, mi marido y yo hab&iacute;amos pasado algo m&aacute;s de una semana en la Rep&uacute;blica Popular China, entre Beijing (Pek&iacute;n) y Xi'an y despu&eacute;s de saturarnos de ver los curvil&iacute;neos tejados de la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano, el Templo del Cielo o el Yongue Gong, entre otros y de recorrer parte de la celeb&eacute;rrima Gran Muralla, as&iacute; como de deleitarnos con la visi&oacute;n de pagodas varias y con el espectacular ej&eacute;rcito de terracota del primer emperador de China, Qin She Huang-di, nos trasladamos por v&iacute;a a&eacute;rea a la Regi&oacute;n Aut&oacute;noma del T&iacute;bet, que, desafortunadamente, tambi&eacute;n pertenece a China.</p>
<p>Permanecimos veinte d&iacute;as en el T&iacute;bet, el llamado y con raz&oacute;n, Techo del Mundo, porque es el lugar de la Tierra donde un ser humano, con los pies bien aferrados al suelo, se siente m&aacute;s pr&oacute;ximo a la b&oacute;veda celeste. Recalamos en Lhasa, la Ciudad Santa del budismo, no s&oacute;lo de la fe t&aacute;ntrica tibetana, sino de toda creencia budista, (ya sea Mahayana, Theravada, Vajrayana, Nichiren o Zen). Continuamente llegan a Lhasa oleadas de peregrinos, tanto tibetanos como del resto de Asia. Los primeros hacinados en camiones y autobuses destartalados o a pie y realizando continuas postraciones y los segundos, mayoritariamente en aeronave o autopullman de lujo, puesto que su nivel econ&oacute;mico es muy superior.</p>
<p>Algunos viajeros occidentales se entremezclan con esta marabunta humana que circunvala el casco urbano, las plazas y los templos, siempre siguiendo el ritual del sentido de las agujas del reloj. Ocasionalmente, alg&uacute;n turista despistado conculca esta sagrada norma incurriendo en un grave sacrilegio que peregrinos y locales castigan s&oacute;lo con la mirada y con un ligero movimiento de cabeza, tal es el esp&iacute;ritu apacible de este devoto pueblo.</p>
<p>Abandonamos Lhasa en direcci&oacute;n sur, siguiendo la ruta de las grandes lamaser&iacute;as de las cuatro &oacute;rdenes mon&aacute;sticas t&aacute;ntricas: Kagyupa, Sakyapa, Kadampa y Gelugpa, (esta &uacute;ltima es la m&aacute;s numerosa y a la que pertenece el controvertido Dalai Lama). Tras la visita de las principales gompas o monasterios y de enclaves m&aacute;s o menos importantes como Tsedang, el Valle de Chongye, el Valle de Yarlung, Gyants&eacute;, Xigats&eacute;, Lhats&eacute; y de avistar paisajes grandiosos, como el de la cadena de los Himalayas con el monte Everest a la cabeza, a cuyo campo base arribamos o del majestuoso Lago Yamdrok, de cristalinas y pur&iacute;simas aguas turquesa, llegaba el momento de concluir nuestro trayecto por la tierra de Palden Lhamo, una diablesa ben&eacute;fica y protectora del budismo tibetano, clara herencia de la antigua fe animista Bon.</p>
<p>Nos acerc&aacute;bamos a la zona pr&oacute;xima a la frontera con Nepal, hab&iacute;amos recorrido infinidad de kil&oacute;metros por la llamada "carretera de la Amistad", que para nuestro pesar, se encontraba totalmente bajo labores de ampliaci&oacute;n. No nos sorprend&iacute;a constatar que los trabajadores de la futura autov&iacute;a eran mayoritariamente de sexo femenino. Menudas y delicadas j&oacute;venes que se dejaban la piel con el pico y la pala por un salario de miseria. Y afirmo que no nos sorprend&iacute;a, porque ya en Lhasa hab&iacute;amos tenido ocasi&oacute;n de comprobar que eran ellas quienes se encargaban del peonaje en las obras civiles y p&uacute;blicas, ayudadas por los varones ancianos, mientras que los mancebos se dedicaban a la regalada vida contemplativa de los cenobios.</p>
<p>A causa de las tareas de ensanche, nos desviaban continuamente por pistas de terracer&iacute;a casi infranqueables, en las que muchos veh&iacute;culos de tipo turismo y autocares se quedaban embarrancados. Ante semejante perspectiva, d&aacute;bamos gracias a ese n&iacute;tido cielo porque el nuestro era un todoterreno y con ello aumentaban las posibilidades de salir de aquella pesadilla. Aun as&iacute;, no las ten&iacute;amos todas con nosotros, porque tras repostar en una vetusta gasolinera, sufrimos una aver&iacute;a debida, sin lugar a dudas, a que el combustible hab&iacute;a sido adulterado y que, afortunadamente, fue resuelta, no sin antes hacernos pasar un muy mal momento.</p>
<p>Recuerdo que me pasaba todo el tiempo con la mejilla pegada a la ventanilla, admirando embelesada aquel paisaje de indescriptible belleza, hibridado con la Luna: el suave relieve de la meseta, de tonos terrosos mezclados con el verde pajizo de las praderas agostadas por el sol de la can&iacute;cula... las monta&ntilde;as que circundaban esa meseta, tambi&eacute;n de matices siena, secas, peladas, desprovistas de vegetaci&oacute;n alguna, achatadas, de aristas limadas por el imp&iacute;o viento, redondeadas, evocadoramente femeninas... la Madre Tierra en todo su esplendor... y el firmamento, cercano, protector, tan limpio... tan puro... te&ntilde;ido de azul intenso y surcado por blancas nubes algodonosas, cuyas on&iacute;ricas formas incitaban mi imaginaci&oacute;n.</p>
<p>Desde la poblaci&oacute;n de Tingri se divisaban, al sur, algunos de los grandes picos m&aacute;s sobresalientes de los Himalayas, en cuyas proximidades hab&iacute;amos tenido ya la inmensa suerte de haber estado. El mencionado Everest, al que los tibetanos veneran como "Madre del Universo", ("Chomolungma", en lengua tibetana o "Qomolangma Feng" en chino), y qu&eacute;, como bien es sabido, es el m&aacute;s elevado del planeta, y otros dos ochomiles que le hacen estrecha compa&ntilde;&iacute;a y que forman parte del Macizo del Everest o "Kumbu Himal": el "Lhotse", la cuarta monta&ntilde;a m&aacute;s alta del mundo y el "Cho Ollu" o "Diosa Turquesa", as&iacute; llamada por el color que se refleja en sus nieves perpetuas cuando los rayos del sol crepuscular inciden sobre ellas. Puedo aseverar que la vista panor&aacute;mica era absolutamente apote&oacute;sica.</p>
<p>No alojamos en New Tingri, en el mejor hotel, que era, a todas luces, nefasto, aunque los dem&aacute;s estaban a&uacute;n peor. Ech&aacute;bamos de menos los confortables hoteles de Gyants&eacute; o Xigats&eacute; y c&oacute;mo no, el Lhasa Hotel, un cuatro estrellas bonito y con solera, (ahora hay alguno mejor), pero en el Lhasa, el bar a&uacute;n est&aacute; decorado con escenas de "Tint&iacute;n en el T&iacute;bet" y sirven la &uacute;nica cerveza fr&iacute;a del pa&iacute;s de las nieves, donde dicha bebida se toma habitualmente a temperatura ambiente, lo cual en verano, equivale a decir caliente. La marca aut&oacute;ctona m&aacute;s consumida es la hom&oacute;nima de la Ciudad Santa: Lhasa.</p>
<p>En el restaurante del Lhasa Hotel sirven comida occidental, china y tibetana, cuyo plato m&aacute;s t&iacute;pico lo constituyen los "momos", especie de empanadillas rellenas de carne de yak muy especiada y picante. No obstante, la receta estrella del hotel consiste en una enorme y apetitosa hamburguesa de carne de yak. Nunca he probado fast food tan exquisito, lo &uacute;nico que me amargaba tan sabroso manjar era el recuerdo de los peque&ntilde;os y robustos yaks pastando por las praderas. &iexcl;Oh, qu&eacute; l&aacute;stima! No soy vegetariana, aunque lo fui en un remoto pasado. La mayor&iacute;a de los budistas lo son, pero los tibetanos no. Ellos consumen carne de yak sin pudor alguno. Sus tierras de cultivo son demasiado escasas, excesivamente yermas, tan s&oacute;lo la cebada y poca cosa m&aacute;s crece en ellas. La dieta del tibetano de a pie se compone, b&aacute;sicamente, de t&eacute; salado con manteca de yak y xampa, que es una harina tostada de la citada cebada, que se mezcla con el t&eacute;. Para las grandes ocasiones, este paup&eacute;rrimo pueblo, reserva la carne del animal que lo es todo para &eacute;l: su adorado yak.</p>
<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, tras visitar el monasterio de Pelgyeling con la cueva del asceta Milarepa, el yogui m&aacute;s c&eacute;lebre del T&iacute;bet, perder&iacute;amos definitivamente de vista aquellos paisajes desolados, de naturaleza lunar e intent&eacute; disfrutarlos hasta el &uacute;ltimo momento, no permitiendo que de mis ojos brotasen, en modo alguno, las l&aacute;grimas. Record&eacute; la c&eacute;lebre cita de Rabindranath Tagore y me dije: despu&eacute;s de este sol, vendr&aacute;n las estrellas, eso es seguro. No me equivoqu&eacute;.</p>
<p>Mientras me desped&iacute;a de la meseta tibetana, tatareaba la versi&oacute;n de los "Green Day" del "Boulevard Of Broken Dreams". Ignoraba por qu&eacute; evocaba esa melod&iacute;a insistentemente, pero afloraba a mi memoria y ahora permanece ligada a ese viaje.</p>
<p>Todav&iacute;a pod&iacute;amos observar con cierta frecuencia, banderolas y hasta molinillos de oraci&oacute;n colocados en medio de la nada con el &uacute;nico objetivo de esparcir al viento el Mantra de la Compasi&oacute;n: Om Mani Padme Hum, que vendr&iacute;a a significar "qu&eacute; los p&eacute;talos de esta flor se abran para que aparezca la joya de mi yo interior".</p>
<p>Nos aproxim&aacute;bamos a Zhangmu, en la frontera con Nepal y el cambio paisaj&iacute;stico y clim&aacute;tico era tan abismal que no me lo pod&iacute;a creer. Lo que antes era &aacute;rido y est&eacute;ril, ahora se hab&iacute;a convertido en un vergel. Es pr&aacute;cticamente imposible describir con palabras, por hermosas que &eacute;stas sean, aquella sensaci&oacute;n. Me quedo parca en expresiones que puedan pormenorizar tan sublime espect&aacute;culo, tan magistral obra de la naturaleza.</p>
<p>Nos internamos en el ca&ntilde;&oacute;n del r&iacute;o Bhote, sus escarpadas e inaccesibles paredes se hallaban cubiertas por una frondosa vegetaci&oacute;n subtropical salpicada por innumerables cascadas de agua. Era la m&aacute;s soberbia muestra de magnificencia que la madre Tierra nos pudiese brindar.</p>
<p>La carretera bordeaba el mencionado ca&ntilde;&oacute;n y se adentraba en &eacute;l zigzagueando a medida que iba descendiendo. Con frecuencia pas&aacute;bamos bajo una ca&iacute;da de agua que sacud&iacute;a el veh&iacute;culo mientras que lo limpiaba del polvo acumulado de los caminos. A ambos lados de la calzada crec&iacute;an floridas plantas silvestres que aportaban la alegr&iacute;a de una eterna primavera. Su colorido, sus formas, pasaron imperecederamente a habitar en mi memoria. Tambi&eacute;n la remembranza de tan selv&aacute;tico paraje me remite al b&iacute;blico Para&iacute;so Perdido.</p>
<p>Como contrapartida, el rumor de las peque&ntilde;as cataratas era interrumpido y solapado permanentemente por un molesto ruido de motores de los camiones que circulaban en procesi&oacute;n, frontera arriba y abajo. Eran &eacute;stos, casi todos, largos largu&iacute;simos y se hallaban decorados con figuras y dibujos pol&iacute;cromos de un estilo ingenuo y pueril. Proced&iacute;an de China o del mismo T&iacute;bet, que tambi&eacute;n y para su infortunio, es de China, (y cuando hablo de esa desgracia, me refiero al papel invasor y colonizador que esta gran potencia oriental ejerce sobre el pueblo y la cultura tibetanos, tendentes ambos a desparecer en aras de la globalizaci&oacute;n).</p>
<p><br />Por fin lleg&aacute;bamos a la peque&ntilde;a poblaci&oacute;n fronteriza de Zhangmu, tan diminuta como importante. Antiguamente los tibetanos la denominaban Khasa, pero su estrat&eacute;gico emplazamiento propici&oacute; que mudase de nombre. El poblado creci&oacute; ladera arriba flanqueando la eufem&iacute;sticamente llamada Autopista Transhimal&aacute;yica, la cual conformaba la &uacute;nica calle existente. Todas las construcciones se levantaban a ambos lados de esta v&iacute;a, tambi&eacute;n llamada de la Amistad, (a la que alud&iacute;a con anterioridad), se apoyaban unas encima de otras y colgaban sobre la ladera de la monta&ntilde;a como si se tratasen de las famosas Casas Colgadas de nuestra ib&eacute;rica Cuenca. Estrechos callejones perpendiculares a la carretera, permit&iacute;an a los vecinos acceder a la misma y a su vez canalizaban las aguas de las m&uacute;ltiples cascadas.</p>
<p>Interminables hileras de camiones aparcados se arrimaban a las fachadas de las humildes edificaciones, obligados por la angosta arteria carente de aceras y el tr&aacute;fico desmesurado que sobre ella rodaba. Aun as&iacute;, la vida bull&iacute;a y por entre los camiones pod&iacute;amos ver ni&ntilde;os jugando y jovencitas lav&aacute;ndose el cabello con las frescas y di&aacute;fanas aguas que manaban pendiente abajo.</p>
<p>Pernoctamos en el mejor hospedaje del asentamiento, el Zhangmu Hotel, que actualmente supongo que ya ser&aacute; un alojamiento digno y bonito, pero que por aquel entonces estaba a&uacute;n a medio reformar, con parte de &eacute;l rehabilitado y la otra bastante cochambrosa. Por supuesto, la diosa Tiqu&eacute; no estaba de nuestro lado aquel d&iacute;a y la habitaci&oacute;n que nos fue asignada era una de las deslucidas, como correspond&iacute;a a nuestra condici&oacute;n de viajeros occidentales. S&oacute;lo a los transportistas chinos les adjudicaban las mejores, con ba&ntilde;os modernos de lavabos encastrados y encimera de m&aacute;rmol. No olvidemos que Zhangmu es el &uacute;ltimo o el primero, (seg&uacute;n se mire), de los pueblos de China antes o despu&eacute;s de cruzar la frontera nepal&iacute; y aqu&iacute;, como en todas partes, los "enchufes" tambi&eacute;n funcionan, as&iacute; que los ciudadanos de la Rep&uacute;blica Popular China se hab&iacute;an de llevar las de ganar con respecto al resto de los hu&eacute;spedes.</p>
<p>El dormitorio era muy amplio, lo mismo que el ba&ntilde;o, pero ambos se encontraban deteriorados, desangelados y poco aseados. La &uacute;nica ventaja consist&iacute;a en un enorme ventanal que nos permit&iacute;a la contemplaci&oacute;n de la exuberante vegetaci&oacute;n, tan verde como el jade y de las l&iacute;mpidas aguas descendiendo por las laderas, armoniosa y r&iacute;tmicamente, como si de un ballet acu&aacute;tico se tratase.</p>
<p>Anochec&iacute;a y salimos a pasear con la niebla como compa&ntilde;era. Su h&uacute;medo manto cubr&iacute;a ya las cimas de los montes y amenazaba con envolvernos a nosotros tambi&eacute;n, as&iacute; que aceleramos el paso y buscamos alg&uacute;n lugar donde cenar. Comprobamos la esencia t&iacute;picamente fronteriza de Zhangmu, con soldados chinos caminando febrilmente hacia un lado y otro y j&oacute;venes prostitutas a la caza de camioneros y alg&uacute;n que otro turista despistado.</p>
<p>Tras mirar aqu&iacute; y all&aacute;, nos decidimos por un restaurantito chino que estaba contiguo a nuestro hotel. Modesto y de reducidas dimensiones, era, no obstante, pulcro, coqueto y acogedor, as&iacute; que tomamos mesa enseguida. Unos farolillos hind&uacute;es, de tela amarilla y bordados con espejitos, pend&iacute;an del techo e iluminaban la sala confiri&eacute;ndole un aire &eacute;tnico y desenfadado. El resto de la decoraci&oacute;n era sencilla pero correcta.</p>
<p>El restaurante estaba regentado por un joven matrimonio chino y ten&iacute;an con ellos al v&aacute;stago nacido de su uni&oacute;n. El peque&ntilde;o presid&iacute;a la sala desde un "corralito" infantil que se hallaba situado en el centro de la misma. Los ni&ntilde;os chinos son tratados como aut&eacute;nticos pr&iacute;ncipes, sobre todo si son de sexo masculino, debido a la pol&iacute;tica del hijo &uacute;nico que rige en toda China salvo en la Regi&oacute;n Aut&oacute;noma Tibetana, donde las parejas pueden tener hasta familia numerosa, ya que ello contribuye a la colonizaci&oacute;n del T&iacute;bet por parte de la etnia Han, que es como se denomina gen&eacute;ricamente all&iacute; a los nativos de China.</p>
<p>Parad&oacute;jicamente, las mesas estaban dispuestas con manteles de hilo y cuberter&iacute;a occidental. Hac&iacute;a mucho tiempo que no com&iacute;amos m&aacute;s que con palillos, porque el confucionismo establece que no se pueden utilizar tenedores y cuchillos para ayudar a deglutir los alimentos, ya que si &eacute;stos se "hieren", ellos, los alimentos, devolver&aacute;n el mal al comensal "hiri&eacute;ndole" con una mala digesti&oacute;n, (como se puede observar, se trata de una filosof&iacute;a un tanto vengativa).</p>
<p>Despu&eacute;s de deleitarnos con una mezcla de sabores de lo m&aacute;s variopinto: entre rollitos de primavera o arroz tres delicias y hamburguesas de yak con patatas fritas, toda una fusi&oacute;n de la comida r&aacute;pida de Oriente y Occidente, nos retiramos, dispuestos a descansar a como diera lugar, en nuestra desvencijada habitaci&oacute;n.</p>
<p>A la ma&ntilde;ana siguiente nos encontramos con alg&uacute;n que otro problema que solventamos a base de ingenio y de la experiencia adquirida tras muchos a&ntilde;os de frecuentar los m&aacute;s diversos alojamientos. La ducha era s&oacute;lo de agua fr&iacute;a, de tipo tel&eacute;fono y para colmo, el flexo presentaba una rotura. Pero a grandes males, grandes remedios y una botella de agua mineral ya vac&iacute;a, de las de pl&aacute;stico y litro y medio de capacidad, cortada por su parte superior, nos sirvi&oacute; de ayuda para un aseo de emergencia. No nos preocupaba mucho, porque a mediod&iacute;a ten&iacute;amos previsto llegar al Valle de Kathmand&uacute; y all&iacute; nos instalar&iacute;amos en el Hotel Hyatt Regency Kathmand&uacute;, uno de los mejores de la zona y me atrever&iacute;a a decir que de los m&aacute;s bonitos en los que he estado. La ducha o el ba&ntilde;o caliente tendr&iacute;an que esperar hasta que estuvi&eacute;semos en ese hotel de ensue&ntilde;o.</p>
<p>El desayuno iba a tono con la escasa calidad del hospedaje. Una vez en la calle nos encontramos con nuestro conductor, un fornido tibetano, (cosa infrecuente, ya que los tibetanos son, por lo general, enjutos) y le saludamos a la manera del pa&iacute;s, con un "tashi dalai", a su lado se encontraba nuestro gu&iacute;a de etnia Han e hicimos lo propio con un "nihao", que viene a significar "hola" en chino.</p>
<p>He de rese&ntilde;ar que durante nuestra estancia en Lhasa, la capital del T&iacute;bet, nos desenvolvimos por nuestra cuenta, sin nadie que nos atase, aun cuando nuestro desconocimiento de las lenguas china y tibetana y la ignorancia por parte de los naturales del idioma anglosaj&oacute;n, dificultasen parcialmente nuestros movimientos. No obstante, una vez fuera de Lhasa, las autoridades gubernamentales chinas obligan a turistas y viajeros a hacerse acompa&ntilde;ar por un gu&iacute;a, lo cual no era precisamente de nuestro agrado. El absurdo temor de que los occidentales somos proclives al regreso del Dalai Lama como jefe del estado tibetano y que eso promover&iacute;a su escisi&oacute;n del territorio chino, les hace vernos como potenciales terroristas o cuando menos, enemigos de su r&eacute;gimen y nos exigen una y otra vez documentaciones y pases oficiales en la infinidad de puestos de control que se encuentran repartidos por todos los rincones del T&iacute;bet.</p>
<p>Nos encaminamos hacia el puesto fronterizo chino. Curiosamente las oficinas aduaneras china y nepal&iacute;, se hallan enormemente alejadas, separadas ambas por nueve kil&oacute;metros de distancia. Los hu&eacute;spedes del Hotel Zhangmu gozan del benepl&aacute;cito de las autoridades y apenas han de cumplimentar impresos, mientras que a quienes se alojan en otros hoteles y albergues se les exigen unas credenciales exhaustivas. La aduana china se ubicaba a escasos metros de nuestro hotel, esperamos una breve cola y no tardamos en ser atendidos.</p>
<p>Una vez concluidos todos los tr&aacute;mites, nuestro todoterreno nos transport&oacute; hasta el l&iacute;mite permitido, ya que llegado a un punto, mucho antes de alcanzar el Puente de la Amistad que cruza el tumultuoso r&iacute;o Bhote, los veh&iacute;culos chinos no pueden entrar en Nepal, del mismo modo que los nepal&iacute;es tambi&eacute;n han de quedarse a un buen trecho del otro extremo. Entonces viajeros y equipajes son apeados y una multitud de lugare&ntilde;os se aproximan &aacute;vidos de ejercer como porteadores. Pele&aacute;ndose unos con otros, regateando el precio a voz en grito y en medio de un fren&eacute;tico alboroto, arrebatan las maletas y dem&aacute;s bultos a viajeros y turistas, que se quedan anonadados ante tal algarab&iacute;a. Aquellos hombres cargaban con descomunales fardos y con pesados b&aacute;rtulos sobre su dorso, dobl&aacute;ndose ante la magnitud de la carga.</p>
<p>Nos despedimos de nuestro amable ch&oacute;fer, con quien hab&iacute;amos compartido casi dos semanas de nuestro periplo, con un "adi&oacute;s" en tibetano: "kalai shu", le dijimos, puesto que part&iacute;amos y &eacute;l respondi&oacute;: "kalai pie", que es lo que dicen los que se quedan. Por su parte, el gu&iacute;a chino nos acompa&ntilde;&oacute; a pie hasta el puesto fronterizo de Kodari, un infecto y min&uacute;sculo pueblo que constituye el primer (o el &uacute;ltimo, seg&uacute;n de d&oacute;nde se venga), n&uacute;cleo nepal&iacute;.</p>
<p>Kodari era un lugar cuya pavimentaci&oacute;n no hab&iacute;a sido reparada desde hac&iacute;a mucho tiempo, con lo cual permanece enlodada todo el a&ntilde;o, dado que la humedad extrema es una constante en esa tierra regada por infinidad de peque&ntilde;os saltos de agua. Porteadores, transportistas y viajeros hund&iacute;an sus pies en el barro durante un par de kil&oacute;metros hasta llegar a la oficina aduanera, sita en un barrac&oacute;n, como todas las dem&aacute;s construcciones de tan deficiente poblado. Fue entonces cuando nuestro gu&iacute;a chino nos dej&oacute; en manos de otro nepal&iacute; que nos ayud&oacute; en las diligencias. Una vez en dicha oficina, media docena de funcionarios se encargaban de entregar los impresos y terminar de cumplimentarlos. Las documentaciones hab&iacute;an sido gestionadas previamente, al igual que las chinas, por una compa&ntilde;&iacute;a especializada en este tipo de permisos que es contratada a su vez por los mayoristas de viajes o agencias locales.</p>
<p>Con los visados y autorizaciones en nuestro poder, recorrimos el fangoso trayecto que a&uacute;n quedaba hasta ser recogidos por el coche que nos estaba destinado. Los pobres mozos que acarreaban nuestro equipaje, al fin pudieron verse libres de su peso y enderezar sus maltrechas espaldas al tiempo que cobraban por el fatigoso trabajo desempe&ntilde;ado.</p>
<p>Continuamos descendiendo ca&ntilde;&oacute;n abajo y contemplamos el espectacular paisaje circundante, tan boscoso, tan maravillosamente feraz... y las miserables casuchas y chozas que se api&ntilde;aban en las m&aacute;rgenes de la carretera. Sus moradores, casi todos mujeres y ni&ntilde;os, se encontraban ante las entradas de las mismas ocupados en tareas de tipo dom&eacute;stico o en la charla y el juego. Sus vestimentas coloristas y los hermosos rasgos &eacute;tnicos de los nepal&iacute;es, que no corresponden al tronco mongoloide como el chino o el tibetano, sino al hind&uacute;, nos indicaban que ya nos encontr&aacute;bamos ante otro pueblo y otra cultura bien diferenciados.</p>
<p>Tras algunas horas de viaje, transitando por la ub&eacute;rrima cuenca del r&iacute;o Bhote, ante plataneros y toda una muestra de exuberante flora subtropical, nos encontramos con b&uacute;falos pastando a su albedr&iacute;o y reba&ntilde;os de cabras blancas que llamaron nuestra atenci&oacute;n por sus largas orejas.</p>
<p>Nos sent&iacute;amos satisfechos por haber llegado ya a la tierra en la que la leyenda sit&uacute;a el nacimiento de Siddhartha Gautama, el Buda Gautama o Sakyamuni, (para los tibetanos), un pr&iacute;ncipe del clan Gautama nacido en Lumbini, en el reino nepal&iacute; de Kapilavastu, en el a&ntilde;o 563 antes de nuestra era. Este noble se despoj&oacute; de todas sus riquezas y fund&oacute; una filosof&iacute;a que terminar&iacute;a por convertirse en una religi&oacute;n y que se extender&iacute;a por Asia y hoy en d&iacute;a por la casi totalidad del mundo. A nosotros, no siendo creyentes de ninguna religi&oacute;n, nos fascinaba observar el fervor y a su vez la tolerancia de los fieles budistas, en contraposici&oacute;n con los de otras creencias.</p>
<p>Nuestro nuevo gu&iacute;a, que s&oacute;lo nos acompa&ntilde;ar&iacute;a al pr&oacute;ximo hotel y que dominaba a la perfecci&oacute;n la lengua de Cervantes, (no como el anterior, el chino, que se dirig&iacute;a a nosotros siempre en ingl&eacute;s), nos invito a realizar una parada ante un chiringuito situado en la orilla de la calzada.</p>
<p>Desde aquel altozano se divisaba la legendaria ciudad de Kathmand&uacute;, enclavada en un amplio valle dominado por los Himalayas. El cielo aparec&iacute;a cubierto de nubes y la temperatura era suave y agradable, aun estando en pleno est&iacute;o. Tuvimos la impresi&oacute;n de encontrarnos en nuestra propia casa, dado que, salvando notables diferencias, aquel valle manten&iacute;a cierta similitud con el que acoge nuestra ciudad natal: Oviedo. Su verdor, su atm&oacute;sfera h&uacute;meda y nubosa...S&oacute;lo la imponente y cicl&oacute;pea presencia de los Annapurnas revelaba la genuina naturaleza del citado valle, que contiene una suerte de ciudades declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y cuyo legado hist&oacute;rico-art&iacute;stico es un tesoro de incalculable valor: Kathmand&uacute;, Pashupatinath, Pat&aacute;n y Bhaktapur.</p>
<p><br />Nos sentamos en un banco al lado del m&iacute;sero quiosco de madera que hac&iacute;a las veces de bar y nos tomamos un par de Banana Splitzs hechos con leche de b&uacute;fala y con los pl&aacute;tanos que crec&iacute;an en el huerto adyacente. La bancada se orientaba hacia el valle y bajo nuestros pies se hallaba el mentado huerto en el que coexist&iacute;an los m&aacute;s diversos cultivos: plataneros, manzanos, ma&iacute;z y... &iexcl;cannabis! No en vano, la Cannabis Sativa o planta del c&aacute;&ntilde;amo cultivada, es oriunda de los Himalayas y aunque existen variedades que se destinan espec&iacute;ficamente para usos textiles y alimentarios, otras son empleadas por sus propiedades psicoactivas, utilizando las hojas y flores secas, que constituyen la marihuana o la resina, a la que se ha denominado hach&iacute;s. Fue por ello que los primeros hippies que visitaron estas ex&oacute;ticas tierras trajeron consigo a occidente no s&oacute;lo las filosof&iacute;as y religiones orientales, sino tambi&eacute;n el consumo de estas sustancias a las que en la actualidad a&uacute;n se las considera como drogas blandas.</p>
<p>Los Banana Splitzs estaban francamente deliciosos, aunque al principio sent&iacute;amos cierta prevenci&oacute;n a tom&aacute;rnoslos y accedimos a hacerlo por compromiso ante el gu&iacute;a, ya que las condiciones higi&eacute;nicas no nos parec&iacute;an las m&aacute;s id&oacute;neas, pero, afortunadamente, no tuvieron repercusi&oacute;n negativa alguna para nuestra salud.</p>
<p>Mi marido pas&oacute; su brazo por mi hombro y acarici&oacute; mis por entonces trigue&ntilde;os cabellos, ambos nos miramos, sonre&iacute;mos plet&oacute;ricos de felicidad y volvimos de nuevo la vista al frente, hac&iacute;a la impresionante Cordillera de los Annapurnas, los Himalayas m&aacute;s cercanos y despu&eacute;s hacia la m&iacute;tica Kathmand&uacute;, el sue&ntilde;o dorado de m&iacute;sticos y bohemios, de monta&ntilde;eros y viajeros en busca de las &uacute;ltimas fronteras. Esa urbe ca&oacute;tica y pintoresca, una de las m&aacute;s hermosas del mundo, nos aguardaba con sus espl&eacute;ndidos templos y palacios de arquitectura newar&iacute;, con sus ventanas de madera labradas con minuciosas filigranas y sus vigas decoradas con imp&uacute;dicas tallas de escenas del Kama Sutra... Pero eso ya ser&aacute; otra historia...&nbsp;</p>			<p>
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		<pubDate>Sun, 22 Jun 2008 00:49:25 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>DORJE, UN PEREGRINO EN LHASA</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/dorje-peregrino-lhasa-55676</link>
		<description>
			<![CDATA[
			La figura menuda y enjuta, el cr&aacute;neo rasurado, la piel tostada, curtida y acartonada prematuramente por el inclemente sol, enmugrecida por el polvo de los caminos de tantos y tantos d&iacute;as de arduo peregrinaje. Las ropas andrajosas y sucias, a pesar de la protecci&oacute;n que ofrece un amplio delantal de cuero. Un par de sandalias preservan sus manos de la erosi&oacute;n cada vez que hinca sus rodillas en tierra y extiende su cuerpo longitudinalmente sobre el suelo. 
<p>
Dorje, cuyo nombre le fue impuesto en honor del s&iacute;mbolo de la tormenta, ha recorrido la distancia que separa su Gyants&eacute; natal de Lhasa, la Ciudad Santa tibetana, realizando continuas postraciones, una por cada tres pasos, como mandan los antiguos preceptos del budismo t&aacute;ntrico. 
</p>
Ahora por fin ha consumado su largo periplo y ha alcanzado su ansiada meta. Acaba de entrar en la Plaza del Barkhor y al fondo vislumbra la m&iacute;tica silueta del Templo del Jokhang, la Tshuglakhang o catedral del T&iacute;bet, recort&aacute;ndose en el cielo azul plomizo, coronada por el &aacute;ureo resplandor del Dharmachakra. Y esa visi&oacute;n ilumina su extenuado rostro con una jubilosa expresi&oacute;n de &eacute;xtasis			<p>
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			</p>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2008 14:07:06 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>FERRARA, EL FEUDO DE LA CASA DE ESTE</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/ferrara-feudo-casa-este-46310</link>
		<description>
			<![CDATA[
			Cuando el viajero llega a Ferrara durante el est&iacute;o, experimenta una sensaci&oacute;n de calma y sosiego. La ciudad se encuentra casi abandonada por sus propios moradores, en pleno apogeo vacacional, apenas interrumpida esa tranquilidad por los ocasionales turistas que se concentran en torno al Castello Estense y a la Piazza Municipale principalmente. 
<p>
La climatolog&iacute;a de tipo mediterr&aacute;neo ayuda favorablemente a mantener esa impresi&oacute;n de bienestar, dado que durante la can&iacute;cula las temperaturas son suaves, propias de esta latitud cercana ya al norte de la Pen&iacute;nsula It&aacute;lica. Aquellos que, como en mi caso, llegan de regiones m&aacute;s meridionales, agradecen los soleados d&iacute;as cuyas m&aacute;ximas no suelen superan los 30&ordm; C. 
</p>
Ferrara es una peque&ntilde;a poblaci&oacute;n de unos 130 000 habitantes, pulcra y segura. Capital de la provincia hom&oacute;nima, se ubica en el coraz&oacute;n de una f&eacute;rtil llanura regada por el r&iacute;o Po, en la regi&oacute;n de Emilia-Roma&ntilde;a, entre el V&eacute;neto y la Toscana. 
<p>
Esta ciudad acu&aacute;tica, ligada intr&iacute;nsecamente al Po, se rodea de una red de canales que se extienden hasta la desembocadura de dicho r&iacute;o, que forma un delta en el Mar Adri&aacute;tico. 
</p>
Pr&oacute;xima a R&aacute;vena, Bolonia y M&oacute;dena, comparte con ellas un trazado medieval y renacentista de singular belleza que la ha llevado a ser reconocida como Patrimonio Mundial de la Humanidad. 
<p>
Su estructura urbana data del s. XIV, dise&ntilde;ada casi &iacute;ntegramente por el arquitecto de transici&oacute;n g&oacute;tico-renacentista Biaggio Rossetti, que la convierte en la primera ciudad moderna de Europa y quien tambi&eacute;n fue autor de la mayor&iacute;a de los palacios que, en cantidad ingente, bordean calles y plazas. Aunque todav&iacute;a perviven tortuosos callejones que se remontan a &eacute;poca bajomedieval. 
</p>
La historia de Ferrara se halla &iacute;ntimamente unida a la Casa de Este, nobles italianos de origen lombardo que la gobernaron desde el s. XIII al XVI. Siendo feudo de los Este, fue como alcanz&oacute; su mayor esplendor, ya que el auge econ&oacute;mico la llev&oacute; a renovarse y modernizarse bajo las expertas manos del ya mencionado Biaggio Rossetti, que trabaj&oacute; por encargo de esta poderosa familia. 
<p>
Los Este, que emparentaron incluso con los tristemente c&eacute;lebres Borgia mediante el matrimonio de uno de sus duques m&aacute;s prominentes, (Alfonso I de Este con Lucrecia Borgia), pactaron con emperadores y monarcas europeos y tambi&eacute;n tuvieron sus tiras y aflojas con el papado, de quien eran feudatarios. 
</p>
Fueron mecenas de las artes y las letras y durante el mandato del ambicioso Alfonso I, la corte de Ferrara se convirti&oacute; en la m&aacute;s brillante de Europa. Auspici&oacute; a literatos, escultores y pintores como los celeb&eacute;rrimos Ariosto, Petrarca, Bellini y Tiziano. 
<p>
Unieron su destino al de Mil&aacute;n gracias a las nupcias de Beatriz de Este, (hermana de Alfonso I) con Ludovico Sforza, llamado com&uacute;nmente, Ludovico el Moro, duque de Mil&aacute;n y mecenas de Leonardo da Vinci. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, el poeta Torcuato Tasso tambi&eacute;n recibi&oacute; mecenazgo por parte de Marfisa de Este. 
</p>
Alfonso II de Este muere sin descendencia y son los Estados Pontificios quienes pasan a controlar Ferrara pol&iacute;tica y econ&oacute;micamente, al declararla feudo vacante. Otras ramas de la familia Este abandonan la ciudad y se establecen en la vecina M&oacute;dena. Comienza as&iacute; el declive de la otrora pr&oacute;spera localidad. 
<p>
Parad&oacute;gicamente, su paulatino abandono contribuy&oacute; a su ulterior conservaci&oacute;n. El hecho de que no hubiese una continuidad en el levantamiento de nuevas edificaciones ha permitido la homogeneidad de su casco hist&oacute;rico y la preservaci&oacute;n intacta de su patrimonio. 
</p>
En virtud de ello, actualmente podemos admirar numeros&iacute;simas construcciones renacentistas y en menor medida, g&oacute;ticas. 
<p>
Procedo a enumerar sus monumentos m&aacute;s importantes: 
</p>
El Castillo Estense o de San Michele, situado en el centro de la ciudad, fue la residencia de los Este, rodeado por un foso que en la actualidad se encuentra inundado de agua y ornamentado con varios surtidores a modo de fuentes. De imponentes dimensiones y f&aacute;brica de ladrillo, su interior se decora con b&oacute;vedas pintadas con frescos renacentistas. 
<p>
La Catedral o Duomo, de estilos rom&aacute;nico y g&oacute;tico lombardo, presenta una fachada de m&aacute;rmol, decorada con trabajadas esculturas de indescriptible belleza. La acompa&ntilde;a un &quot;campanile&quot; exento del s. XV. 
</p>
Frente a ella se alza el Palacio Comunal o actual Ayuntamiento, que en su d&iacute;a constituy&oacute; el antiguo Palacio de los Este y que perdi&oacute; su utilidad como tal en favor del Castillo, que fue reacondicionado en el s. XVI para uso residencial. 
<p>
Al otro lado de la Catedral se encuentra la Plaza Trento e Triste, flanqueada por varios palacios y por el propio &quot;Duomo&quot;, en cuyo lateral se levanta un p&oacute;rtico que a&uacute;n hoy en d&iacute;a acoge peque&ntilde;as tiendas, ya que formaba parte del antiguo mercado. 
</p>
La Juder&iacute;a, que es un barrio adyacente a la anteriormente citada plaza, contaba con tres sinagogas, de la cual s&oacute;lo se conserva una, las otras dos fueron destruidas durante la II Guerra Mundial. 
<p>
A continuaci&oacute;n mentar&eacute; algunos de los palacios m&aacute;s relevantes, si bien se encuentra ampliamente jalonada de ellos: el de Ludovico el Moro o Palazzo Costabili, el Schifanoia, el Massari, el dei Diamanti, la Palazzina di Marfisa D'Este... y otras mansiones de menor envergadura sin menoscabo de su magnificencia, como las de Varano da Camerino, Mattei, Giulio D'Este, Turchi di Bagno, Prosperi Sacrati, Trotti Mosti, Guarini Giordani... 
</p>
La Casa de Ariosto, la Casa Romei, numerosas iglesias como la de Santa Maria in Vado y la de San Cristoforo e Certosa, el Monasterio de San Antonio in Polesine y las Murallas con sus puertas, tambi&eacute;n constituyen monumentos imprescindibles. 
<p>
Si se desea una visita cultural m&aacute;s completa, existen varios museos a disposici&oacute;n del viajero: el Museo Arqueol&oacute;gico, instalado en el Palacio de Ludovico el Moro, con su colecci&oacute;n de arte etrusco y sus magn&iacute;ficos frescos originales, el Museo C&iacute;vico, en el Palacio Schifanoia, tambi&eacute;n con inigualables frescos renacentistas, el Museo de Arte Moderno y Contempor&aacute;neo F. de Pisis, ubicado en el Palazzo Massari, la Pinacoteca Nacional, que ocupa el Palacio de los Diamantes, el Museo Hebraico y para los amantes del s&eacute;ptimo arte, el Museo Michelangelo Antonioni, sito en la casa familiar del famoso cineasta. 
</p>
Como consejo personal, a&ntilde;adir&eacute; que puede ser suficiente una jornada completa para visitar esta ciudad, pero para efectuarla de una forma m&aacute;s holgada y para no dejarse nada &quot;en el tintero&quot;, recomendar&iacute;a dos d&iacute;as o como m&iacute;nimo, d&iacute;a y medio. 
<p>
Un local a tener muy en cuenta a la hora de tomarse un delicioso vino o un aperitivo, se encuentra situado al lado de la Catedral, frente a su flanco izquierdo. Su nombre es &quot;Enoteca del Corso&quot;. En esta regi&oacute;n de Emilia-Roma&ntilde;a tienen la encomiable costumbre de obsequiar al cliente que demanda una bebida, con todo aquello que desee degustar de cuanto se expone sobre la barra, (porciones de pizza, pasta, ensaladas, pescadito frito...). Se puede rellenar un plato de pl&aacute;stico o papel, (de tama&ntilde;o grande), con esas viandas las veces que el apetito requiera. Las consumiciones son algo m&aacute;s caras de lo normal, unos 3 &euro; un vino, (servido en copa alta y con mucho estilo por parte del sumiller) y 5 &euro; un Campari o Martini. Pero a cambio de ese m&oacute;dico precio, uno puede &quot;almorzar&quot;, &quot;merendar o &quot;cenar&quot; sin cortapisas. Esta enoteca es un peque&ntilde;o bar de moda, con m&uacute;sica a la &uacute;ltima y clientela local joven pero selecta, que pierde su &quot;charme&quot; para atiborrarse como los dem&aacute;s en su min&uacute;scula y concurrida terraza, con magn&iacute;ficas vistas del Duomo y su plaza. 
</p>
En la juder&iacute;a, al comienzo de la calle Mazzini, (cercana a la Catedral), se halla una helader&iacute;a cuyo nombre desafortunadamente no recuerdo y en donde he probado quiz&aacute;s los helados m&aacute;s exquisitos de toda Italia. Llama la atenci&oacute;n el modo en que los sirven y una especialidad sabrosa como la que m&aacute;s: la &quot;granita siciliana&quot;, un granizado del cual existen tres sabores diferentes. El mejor, para mi gusto, el de almendra. 
<p>
Y para finalizar, una sugerencia sobre el alojamiento. Si se desea un hospedaje digno pero econ&oacute;mico, el Hotel Della Ville, ubicado justamente frente a la Estaci&oacute;n Central de Ferrocarril es muy aconsejable. Un cuatro estrellas c&oacute;modo, limpio, acogedor y bien decorado, que ofrece habitaciones dobles en pleno mes de agosto por unos 55 a 60 &euro;. Con ba&ntilde;o, aire acondicionado, minibar, TV, radio, secador de cabello...desayunos, (muy buenos, por cierto) e impuestos incluidos. Este establecimiento fue reservado con uno de los mejores mayoristas italianos de viajes v&iacute;a Internet: Venere. Aunque es de suponer que tambi&eacute;n se podr&aacute; conseguir a un precio similar con otros operadores. Desde el hotel se puede ir a pie perfectamente hasta el casco hist&oacute;rico, pero si no se desea caminar, frente al hotel, delante de la Estaci&oacute;n, parte un bus que recorre todo el centro. Los billetes se compran en un estanco cercano. 
</p>
Espero que todos estos datos y recomendaciones sean de alguna utilidad para quienes prevean viajar hacia esta hermosa ciudad de ladrillo rojizo. Ferrara, la bella desconocida, el feudo de los Este.			<p>
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				<author>dalianegra</author>
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		<pubDate>Thu, 13 Dec 2007 02:54:52 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>La Cantina De La Leona</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/cantina-leona-46309</link>
		<description>
			<![CDATA[
			<p style="text-align: center;"><strong><span style="text-decoration: underline;">PREFACIO</span></strong></p>
<p>Mi vida amorosa inspir&oacute; este peque&ntilde;o relato de corte intimista y ambientado en &eacute;poca futurista, aunque tambi&eacute;n influy&oacute;&nbsp;la rememoraci&oacute;n de un viaje a M&eacute;xico, acontecido en el verano del a&ntilde;o 2003 .</p>
<p>Y es que, en la inmensidad de la urbe m&aacute;s poblada de la Tierra, en el centro de M&eacute;xico Distrito Federal y al lado mismo del interminable Paseo de la Reforma, escondida entre elevados y modernos rascacielos de la zona financiera de la ciudad, se hallaba una peque&ntilde;a cantina, m&aacute;s humilde, modesta y de menor tama&ntilde;o que la que describo en mi narraci&oacute;n, pero tan entra&ntilde;able que constitu&iacute;a "el reposo del guerrero" para el&nbsp; maltrecho cuerpo de la viajera que suscribe esta introducci&oacute;n, despu&eacute;s de una extenuante jornada de visitas a monumentos y museos.</p>
<p>Por extra&ntilde;o que parezca, nunca supe el nombre de esa cantina, quiz&aacute;s no prest&eacute; atenci&oacute;n a su r&oacute;tulo exterior o tal vez &eacute;ste era inexistente, pero yo siempre la he denominado "la cantina de la leona", porque en su diminuto interior, una leona y una pantera negra, ambas disecadas, se ergu&iacute;an sobre una plataforma de ladrillo y parec&iacute;an cobrar la vida que desafortunadamente les hab&iacute;a sido robada y saltar sobre la clientela que consum&iacute;a cervezas "Corona", (que all&iacute; no se llama "Coronita") o "Sol", adornadas con media rodaja de lim&oacute;n del Caribe o "chelada" o c&oacute;cteles margarita o tequilas y mezcales... mientras visionaban v&iacute;deos de bandas de pop-rock aut&oacute;ctono como Man&aacute; o Molotov, en una gigantesca pantalla que cubr&iacute;a uno de los lados del local.</p>
<p>Pues bien, sabedores ya de aquello que fue el germen que origin&oacute; este texto, os dejo con &eacute;l.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="text-decoration: underline;">LA CANTINA DE LA LEONA</span></strong></p>
<p>La Estaci&oacute;n Espacial AC-3 se ubica en los confines de nuestro sistema solar, m&aacute;s all&aacute; de la &oacute;rbita del planeta enano Plut&oacute;n. De forma cil&iacute;ndrica y con una gravedad muy estable, es lugar de visita ineludible para aquellas naves interestelares que pretenden iniciar su singladura en pos del hiperespacio.</p>
<p>Dichas naves pueden aprovisionarse a fondo en la estaci&oacute;n, adquiriendo los m&aacute;s diversos productos necesarios para garantizar un viaje grato y placentero. Varios gigamercados se encargan de satisfacer al m&aacute;s exigente consumidor.</p>
<p>La Estaci&oacute;n Espacial AC-3 ofrece tambi&eacute;n actividades y establecimientos dedicados al ocio, para que los tripulantes y pasajeros de paso empleen su tiempo libre y se diviertan a sus anchas con un amplio abanico de l&uacute;dicas posibilidades.</p>
<p>Uno de estos locales que brindan entretenimiento al visitante es La Cantina De La Leona. De modestas dimensiones, es ante todo un sitio &iacute;ntimo, agradable, acogedor...</p>
<p>La cantina toma su nombre de una enorme leona del Atlas disecada por alg&uacute;n mal&eacute;volo taxidermista, que se alza altiva sobre una plataforma de centelleante acero, dominando a la concurrencia. La clientela se agrupa en torno a peque&ntilde;os veladorcitos circulares, iluminados tenuemente mediante lamparillas de mesa que emergen en el centro de los mismos. Los citados veladores bordean un min&uacute;sculo escenario desde el cual algunos artistas deleitan al variopinto p&uacute;blico con sus actuaciones.</p>
<p>El tequila corre a raudales cuando Lola sube a ese escenario, enfundada en un ajustad&iacute;simo traje negro de charro con las abotonaduras de plata. Luce un pesado sombrero mexicano con bordados de pedrer&iacute;a sobre su brillante melena del color del azabache.</p>
<p>Apenas comienza a entonar un corrido, esta mariachi femenina, recibe ya una primera ovaci&oacute;n de los espectadores que abarrotan el garito. Es la estrella indiscutible del lugar y a su vez la propietaria del mismo. Hubo un tiempo en que comparti&oacute; con su marido la regencia del peque&ntilde;o cabaret, pero ahora &eacute;l se ha ido con otra hembra m&aacute;s joven, dej&aacute;ndola sola, abandon&aacute;ndola a merced de sus incondicionales seguidores.</p>
<p>Pero Lola no se arredra ante nada, es una mujer fuerte, hecha a s&iacute; misma y conf&iacute;a en la diosa Fortuna, aquella que ya le proporcionase la dicha de conocer a su nuevo amado. Un amor inconfesado a&uacute;n, secreto, que ella guarda celosamente en lo m&aacute;s profundo de su ser.</p>
<p>Y ahora &eacute;l est&aacute; ah&iacute;, frente a ella, sentado en una de las mesillas justo delante del escenario. La mira embelesado, con los ojos h&uacute;medos, con los labios entreabiertos, esbozando una ligera sonrisa y aplaude con fuerza, con fiereza, cuando Lola, tras un breve saludo, emite las primeras notas de su canci&oacute;n.</p>
<p>&Eacute;l tambi&eacute;n la ama, como am&oacute; a otra Lola, a su Dolores, su compa&ntilde;era de tantos a&ntilde;os dif&iacute;ciles. Mujer de excepci&oacute;n, una de entre un mill&oacute;n. Su Lola ten&iacute;a los m&aacute;s arrebatadores ojos verdes que &eacute;l nunca hubiera visto. Una mirada felina, rasgada, hechizante...empero tambi&eacute;n se fue un d&iacute;a, parti&oacute; sin previo aviso a bordo de una embarcaci&oacute;n vikinga...</p>
<p>&Eacute;l la sigui&oacute; en un viaje digno del mism&iacute;simo Orfeo, pero, considerando oportuno realizar una escala, recal&oacute; en la Estaci&oacute;n Espacial AC-3, vag&oacute; durante un tiempo indeterminado por callejuelas y callejones, entre el tumultuoso gent&iacute;o y fue a dar con la puerta entornada de La Cantina De La Leona. La franque&oacute; tras empujarla levemente, quiz&aacute;s animado por el sugerente nombre, los recuerdos de anta&ntilde;o y su amor por la fauna salvaje terr&iacute;cola, cuando &eacute;l era guarda del keniata Parque Nacional de Amboseli.</p>
<p>Levant&oacute; la vista y &eacute;sta se encontr&oacute; con la imponente figura de la leona, impert&eacute;rrita, con su aire de reina africana y seguidamente escuch&oacute; una voz que parec&iacute;a provenir de un almac&eacute;n anexo. Era la de Lola, que le ped&iacute;a amablemente que abandonase la sala porque a&uacute;n no estaba abierta al p&uacute;blico. Cuando se dispon&iacute;a a irse, ella se arrepinti&oacute; de su anterior petici&oacute;n y le rog&oacute; que se quedase, que le hiciese compa&ntilde;&iacute;a hasta la hora oficial de apertura.</p>
<p>Entre tragos de mezcal reposado hablaron largamente, sin percatarse siquiera de que la bailarina del vientre egipcia ya se hallaba ejecutando su danza mientras los varones la requebraban con lascivia al avistar sus carnes semidesnudas.</p>
<p>Supo entonces que esta otra Lola, la mariachi, era solamente siete a&ntilde;os m&aacute;s joven que &eacute;l, aunque ni el tiempo ni las vicisitudes de su azarosa existencia hab&iacute;an dejado mella alguna en su n&iacute;vea piel ni en su car&aacute;cter de eterna adolescente. De complexi&oacute;n menuda, aunque voluptuosa, sus facciones eran netamente caucasianas, si bien su oscura cabellera y su primer apellido, (de claro origen nahua), Ixtlilxochitl, eran herederos de un antepasado paterno, descendiente directo de un soberano chichimeca del M&eacute;xico prehisp&aacute;nico, en la madre Tierra.</p>
<p>Durante esas horas de sosegada charla, los hermosos ojos negros de &eacute;l se clavaron en los dorados de ella y viceversa, surgiendo as&iacute; la semilla de un enamoramiento clandestino que fue en crescendo d&iacute;a tras d&iacute;a.</p>
<p>La nave de &eacute;l permaneci&oacute; atracada de forma permanente. Mientras, el hombre ocupaba sus jornadas de asueto en acudir a la cantina para as&iacute; gozar de la presencia de su nueva amada, la que compart&iacute;a el mismo nombre, impronunciable para &eacute;l, que aquella a quien tanto a&uacute;n quer&iacute;a.</p>
<p>Cuando Lola, su reciente amor, como ahora estaba haciendo, entonaba sus corridos y rancheras, &eacute;l la sent&iacute;a pr&oacute;xima, la amaba con toda la pasi&oacute;n de que era capaz su coraz&oacute;n y por unos momentos se olvidaba de su p&eacute;rdida y su desdicha para desearla y hacerla suya mentalmente. La desnudaba en sus enso&ntilde;aciones, pod&iacute;a adivinar incluso el peso de los rotundos senos de ella debajo de aquel ce&ntilde;ido atuendo. Las cre&iacute;a unas formas casi perfectas, suaves y mullidas semiesferas que le remit&iacute;an a las c&uacute;pulas de la lejana Estambul, cuyas sombras cobijaran a sultanes y odaliscas.</p>
<p>Y era tal ya el amor que sent&iacute;a por esta nueva Lola, tan distinta y tan id&eacute;ntica a su Dolores, que el alma se le encog&iacute;a s&oacute;lo de pensar en ella. Y era tal el frenes&iacute; que Lola experimentaba por &eacute;l, que se estremec&iacute;a y comenzaba a temblar cada vez que le ten&iacute;a delante, como en estos momentos.</p>
<p>Sonaron los &uacute;ltimos acordes de "El Rey" y Lola se quit&oacute; el sombrero arroj&aacute;ndoselo a su amado, quien lo recogi&oacute; al vuelo, lo apret&oacute; entre sus manos y percibi&oacute; el intenso perfume que emanaba de &eacute;l. Era la fragancia de esta f&eacute;mina que hab&iacute;a entrado en su vida como una intrusa y a la que ya no podr&iacute;a renunciar jam&aacute;s. Ambos se miraron mientras sonaban los aplausos y ella hac&iacute;a una genuflexi&oacute;n. Se miraron muy profundamente a los ojos y emocionados, las l&aacute;grimas, incontenibles, brotaron de ellos.</p>
<p>M&aacute;s arriba, sobre la fr&iacute;a plataforma, la leona tambi&eacute;n les observaba con sus v&iacute;treas pupilas. Muda testigo de un amor a&uacute;n no declarado, tal vez imposible, all&iacute;, en el postrer lindero de nuestro sistema solar, m&aacute;s all&aacute; de un peque&ntilde;o planeta conocido como Plut&oacute;n...&nbsp;</p>			<p>
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			</p>
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				<author>dalianegra</author>
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		<pubDate>Thu, 13 Dec 2007 02:52:18 +0100</pubDate>
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		<title>&quot;2046&quot;, LA OBRA MAESTRA DE WONG KAR-WAI</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/2046-obra-maestra-wong-kar-wai-46299</link>
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			<![CDATA[
			Hola, amigos,&nbsp;os presentar&eacute; una de mis pel&iacute;culas favoritas y quiz&aacute;s aquella, que por su complejidad, requiera m&aacute;s sacrificio por mi parte para poder coment&aacute;rosla. Se trata de &quot;2046&quot;. 
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&quot;2046&quot; es, sin lugar a dudas, la obra maestra del realizador hongkon&eacute;s de adopci&oacute;n, (nacido en Shanghai), Wong Kar Wai. Este director est&aacute; considerado por la cr&iacute;tica de Occidente como uno de los m&aacute;s brillantes de China, junto con Zhang Yimou y Chen Kaig&eacute;. Su cine, de autor, es de tendencia prooccidental. 
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Con &quot;2046&quot;, obtuvo el premio de la cr&iacute;tica del Festival de Cannes del 2004 y en la 49&ordf; Seminci, el premio a la mejor fotograf&iacute;a y el premio de la prensa internacional. 
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Esta cinta es la continuaci&oacute;n de &quot;In The Mood For Love&quot;, titulada en nuestro pa&iacute;s como &quot;Deseando Amar&quot;, un filme que fue rodado conjuntamente con &quot;2046&quot;, ( Wong Kar Wai las considera a ambas una misma pel&iacute;cula) y que comparte a su actor protagonista, el tambi&eacute;n hongkon&eacute;s Tony Leung en el papel de Chow Mo Wan. 
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Tony Leung est&aacute; considerado el actor de mayor fama internacional del cine de Hong Kong. Debut&oacute; de la mano de John Woo, (un cineasta especializado en producciones de acci&oacute;n trepidante), pero es m&aacute;s conocido por sus posteriores interpretaciones, como protagonista de &quot;El Amante&quot; de Jean-Jacques Annaud, basado en la novela autobiogr&aacute;fica de Marguerite Dur&aacute;s o por su rol como el primer emperador de China, Qin Shi Huangdi, en la superproducci&oacute;n &quot;Hero&quot;, de Zhang Yimou, la pel&iacute;cula m&aacute;s taquillera de la historia del cine chino. 
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Sus partenaires son la veterana Gong Li, musa en su d&iacute;a de Zhang Yimou, (de quien fue compa&ntilde;era sentimental) y sin duda, la actriz china de mayor proyecci&oacute;n a nivel mundial, desde las muy galardonadas &quot;Sorgo Rojo&quot; y &quot;La Linterna Roja&quot;, (ambas del citado Zhang Yimou, con quien colabor&oacute; en varias cintas m&aacute;s que ya no mento para no alargar esto en demas&iacute;a), pasando por &quot;Adi&oacute;s A Mi Concubina&quot;, (de Chen Kaig&eacute;), &quot;El Tren de Zhou Yu&quot;, (de Sun Zhou) y &quot;Memorias De Una Geisha&quot;, (del norteamericano Rob Marshall), hasta llegar a su &uacute;ltimo trabajo por el momento, &quot;La Maldici&oacute;n De la Flor Dorada&quot;, donde act&uacute;a nuevamente bajo las &oacute;rdenes de Zhang Yimou. Aqu&iacute; Gong Li da vida a Su Li Zhen, una jugadora de naipes a quien apodan como &quot;la Ara&ntilde;a Negra&quot;, con una mano perennemente enguantada. 
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Otra de las compa&ntilde;eras de Chow Mo Wan, ser&aacute; Bai Ling, cuya interpretaci&oacute;n corre a cargo de la actriz Zhang Ziyi, a quien tambi&eacute;n conocemos por protagonizar &quot;La Casa De Las Dagas Voladoras&quot;, del ya mentado Zhang Yimou y por su papel principal en la anteriormente mencionada &quot;Memorias De Una Geisha&quot;. Bai Ling se enamora perdidamente de Chow, pero &eacute;ste la utilizar&aacute; s&oacute;lo para divertirse con ella. 
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Faye Wong, que hab&iacute;a trabajado a las &oacute;rdenes de Wong Kar Wai en &quot;Chunking Express&quot;, compartiendo cr&eacute;ditos con Tony Leung tambi&eacute;n, es aqu&iacute; Wang Jing Wen, la hija del propietario del hotel de quien Chow Mo Wan se enamora realmente, pero sin ser correspondido. 
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Y tras este vistazo a los personajes protagonistas, pasamos a la trama de la historia, laber&iacute;ntica, que requerir&aacute; de toda nuestra atenci&oacute;n si no queremos perdernos en medio de ella. 
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La pel&iacute;cula parte de una novela futurista que est&aacute; siendo escrita en ese momento por Chow Mo Wan y cuyo primer cap&iacute;tulo comienza con estas palabras: &quot;En el a&ntilde;o 2046 una amplia red de ferrocarriles se extiende por todo el planeta Tierra, de vez en cuando un tren misterioso parte rumbo a 2046, todos los pasajeros que se dirigen a ese lugar tienen el mismo objetivo, quieren recuperar la memoria perdida, pues en 2046 nunca cambia nada, nadie sabe realmente si eso cierto porque nadie, absolutamente nadie ha regresado nunca, nadie excepto yo.&quot; Y quien afirma esto es un joven japon&eacute;s, (rol que asume Takuya Kimura), que planea huir de 2046 llev&aacute;ndose consigo a una androide de reacciones retardadas, de la que est&aacute; perdidamente enamorado. 
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Ese nip&oacute;n no es otro que el alter ego fict&iacute;ceo de Chow Mo Wan, a quien ya conoc&iacute;amos de la anterior entrega de esta especie de saga, de la pel&iacute;cula &quot;Deseando Amar&quot;, s&oacute;lo que en esta maravillosa secuela Chow transmuta su personalidad t&iacute;mida, introvertida, prudente y delicada, de la primera parte y se convierte en un vividor, aventurero, bebedor y mujeriego. Mantiene su profesi&oacute;n de escritor period&iacute;stico, pero cambia por completo de registro. Si en &quot;Deseando Amar&quot; escrib&iacute;a sobre deportes, en &quot;2046&quot;, lo hace sobre historias relativas al sexo. 
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Extra&ntilde;amente, Chow escribe una obrita de ciencia-ficci&oacute;n con tintes er&oacute;ticos para su peri&oacute;dico sobre ese japon&eacute;s que desea escapar de 2046, el lugar donde se recupera la memoria perdida, pero es &eacute;l mismo quien anhela entrar en ese mundo y recuperar sus propios recuerdos. Su alter ego nip&oacute;n desea huir de los recuerdos, &eacute;l, Chow, el escritor, encontrarlos. 
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El t&iacute;tulo de esa novela, la fecha de ese futuro lejano, (porque la acci&oacute;n del presente se sit&uacute;a en el Hong Kong y el Singapur de 1963), es el del n&uacute;mero de la habitaci&oacute;n del hotel donde ten&iacute;an lugar sus encuentros con Su Li Zhen. Toma esa cifra, 2046 y la convierte en la fecha que titular&aacute; su relato. Chow Mo Wan est&aacute; mezclando su propia vida con la de su personaje, el japon&eacute;s de su narraci&oacute;n. Tal vez por eso la pel&iacute;cula pueda resultar un tanto confusa si no se la visiona atentamente. 
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A partir de ahora, ese supuesto viaje al futuro de su novela, se trastoca en el filme, en una rememoraci&oacute;n del pasado del escritor. Se reviven las aventuras amorosas que Chow, con su aspecto de Clark Gable oriental, mantiene con tres bell&iacute;simas y glamourosas mujeres. Su objetivo es reemplazar al amor de su vida, a la mujer que conoci&oacute; en la anterior pel&iacute;cula, (Deseando Amar), que se llamaba Su Li Zhen como esta otra, la jugadora, que no es sino otro alter ego de ella y que es interpretado por otra actriz, (en &quot;Deseando Amar&quot; por Maggie Cheung y en &quot;2046&quot; por Gong Li) 
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La primera de esas mujeres que intentan sustituir sentimentalmente a su amada es Su Li Zhen, (Gong Li), pero la tah&uacute;r, la Ara&ntilde;a Negra. Ella intentar&aacute; ayudar a Chow sin conseguirlo. 
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Despu&eacute;s vendr&aacute; su aventura con Bai Ling, (Zhang Ziyi), una joven que se enamora de &eacute;l, pero que para conseguir su atenci&oacute;n mantiene relaciones sexuales a cambio de una cantidad simb&oacute;lica de dinero. Eso que para ella constituye casi un juego amoroso, hace que sea vista a los ojos de Chow como una vulgar prostituta, por eso no manifiesta inter&eacute;s por el amor que esta hermosa f&eacute;mina le brinda. 
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M&aacute;s tarde es el propio Chow quien repara en la hija del due&ntilde;o del hotel. Es una mujer a&uacute;n m&aacute;s joven, casi adolescente, se llama Wang Jing Wen, (Faye Wong) y se enamora perdidamente de ella, pero ese amor no es correspondido porque Wang Jing ya ama a otro hombre, un nip&oacute;n de similar edad, con quien mantiene un romance desaprobado por su padre. Chow percibe su propio enamoramiento mientras ayuda a la muchacha en su relaci&oacute;n con su amado japon&eacute;s. 
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Chow Mo Wan busca denodadamente en estas tres mujeres a la amada perdida, a la Su Li Zhen de &quot;Deseando Amar&quot; que ya nunca volvi&oacute; a encontrar. Cada una de ellas representa una faceta distinta de ella. Bai Ling, la mujer que cobra a cambio del sexo, es el cuerpo, Wang Jing Wen, la hija del casero, es la mente y Su Li Zhen, la tah&uacute;r profesional, es el nombre, puesto que se llama igual que su amor. 
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Pero Chow no se conforma con estos tres romances, inmerso como est&aacute; en sus recuerdos. S&oacute;lo piensa en lo que pudo ser y no fue, en su pasado. Porque si pretende huir hacia ese futuro, sobre el cual escribe, es s&oacute;lo para poder reencontrarse con su pasado, del que ni puede ni quiere escapar. Pues, seg&uacute;n &eacute;l mismo relata en su novela: &quot;en el 2046 nunca cambia nada&quot;. Desea detenerse en su pasado para reencontrarse con la Su Li Zhen que conociera en aquellos tiempos y a la que ya no podr&aacute; olvidar mientras viva. 
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Como detalle t&eacute;cnico os dir&eacute; que el ritmo de esta cinta va acelerado o ralentizado seg&uacute;n conveniencia del realizador para enfatizar determinadas secuencias. 
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El resultado es una pel&iacute;cula de corte descendente, pesimista en s&iacute; misma sobre el romanticismo humano, pero cuajada de bell&iacute;simos momentos, trufada de exquisita sensibilidad. 
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La acompa&ntilde;an una cuidad&iacute;sima fotograf&iacute;a a cargo de Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung, que combina luces tenues y tonos verdosos y rojizos, propios de interiores cuyos colores se han quedado desva&iacute;dos por el paso del tiempo. Wong Kar-Wai es partidario en sus obras de ambientes nocturnos poco iluminados, de pasillos estrechos flanqueados por muchas puertas y de habit&aacute;culos peque&ntilde;os un tanto claustrof&oacute;bicos. 
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El vestuario y arreglo de los personajes es de tipo occidental, al estilo m&aacute;s glamouroso de los sesenta. Tony Leung luce como un gal&aacute;n de la &eacute;poca, con su bigotito a lo Clark Gable y de las actrices puedo decir que nunca he visto mujeres chinas m&aacute;s hermosas, con sus mo&ntilde;os altos de bucles y sus vestidos occidentales de seda y encajes con cuellos de tirilla, que les aportan el toque tradicional de Oriente. 
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La banda sonora cuenta con temas tan conocidos como la &quot;Canci&oacute;n de Navidad&quot; de Nat King Cole, &quot;Perfidia&quot; de Xavier Cugat, &quot;Sway&quot; de Dean Martin, &quot;Siboney&quot; de Connie Francis y sobre todo, el aria &quot;Casta Diva&quot; de la &oacute;pera &quot;Norma&quot; de Bellini, que suena cada vez que el padre de Wang Jing Wen, (Faye Wong), discute con ella. 
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En fin, amigos, una pel&iacute;cula, como os adelantaba, muy densa en su trama argumental, pero considerada una obra maestra que nadie que se diga aficionado al s&eacute;ptimo arte, debe perderse.			<p>
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				<author>dalianegra</author>
				<category>mi cine</category>
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		<pubDate>Thu, 13 Dec 2007 02:39:59 +0100</pubDate>
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