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	<title><![CDATA[El blog de Mayte Dalianegra.]]></title>
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	<description>El primer blog de Mayte Llera, (Dalianegra).</description>
	<language>es-es</language>
	<pubDate>Mon, 30 Nov 2009 17:35:13 +0100</pubDate>
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		<title><![CDATA[El blog de Mayte Dalianegra.]]></title>
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		<title>Visitad mi otro blog.</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/visitad-blog-281545</link>
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			<![CDATA[
			<p>Ahora <strong>tengo un nuevo blog</strong> donde podr&eacute;is ver <strong>estos textos y otros nuevos</strong>, con las <strong>fotograf&iacute;as insertadas</strong> en lugar de en &aacute;lbumes aparte y <strong>sin la molesta publicidad.</strong> Os dejo la URL&nbsp;por si os apetece mirarlo: <strong>http://maytedalianegra.blogspot.com/</strong></p>			<p>
			Leer <strong><a href="http://dalianegra.obolog.com/visitad-blog-281545" title="Visitad mi otro blog.">Visitad mi otro blog.</a></strong> en <a href="http://dalianegra.obolog.com" title="El primer blog de Mayte Llera.">El blog de Mayte Dalianegra.</a>
			</p>
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		<author>dalianegra</author>
				<category>avisos</category>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2009 22:11:00 +0100</pubDate>
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	<item>
		<title>Túnez, 1ª parte - Ciudad de Túnez y el Museo del Bardo.</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/tunez-1-parte-ciudad-tunez-museo-bardo-253148</link>
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			<![CDATA[
			<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>T&Uacute;NEZ, 1&ordf; PARTE - CIUDAD DE T&Uacute;NEZ Y EL MUSEO DEL BARDO</strong>.</p>
<p align="center"><strong>LA CIUDAD NUEVA</strong><strong>, (LA VILLE NOUVELLE)</strong></p>
<p>Habib Burguiba fue a T&uacute;nez lo que Atat&uuml;rk a Turqu&iacute;a, pero sin las tendencias fascistoides de &eacute;ste. Gran modernizador, transform&oacute; en un estado laico el peque&ntilde;o pa&iacute;s de mayor&iacute;a netamente musulmana. Aboli&oacute; la poligamia y las mujeres alcanzaron la pr&aacute;ctica igualdad de derechos que los hombres, si bien son ellas, realmente, quienes deciden el grado de libertad que desean disfrutar y as&iacute; se ven, conjuntamente, f&eacute;minas cubiertas con un recatado shador o con un m&aacute;s que pudoroso velo negro que apenas deja entrever sus ojos y otras ataviadas al modo occidental, incluso con camisetas ce&ntilde;idas y hasta escotadas.</p>
<p>La avenida principal de la capital del pa&iacute;s, (al igual que en la mayor&iacute;a de las ciudades tunecinas), lleva el nombre de este insigne estadista. Es una v&iacute;a amplia, que consta de cuatro carriles para el tr&aacute;fico rodado, separados por un paseo arbolado y bordeada de edificios modernistas de la &eacute;poca del protectorado franc&eacute;s y de otros de no tan bella factura, que datan de los psicod&eacute;licos a&ntilde;os setenta. De entre los primeros destaca el hermoso <strong>Teatro Municipal</strong>, de los pocos que hay en el mundo de estilo art noveau y frente a &eacute;l, el mamotreto del <strong>Hotel Hana International</strong>, en el cual pernoctamos durante nuestra estancia en T&uacute;nez. Del hotel, un antiguo cinco estrellas en los "seventies", rebajado ahora de categor&iacute;a a cuatro, destacar su inmejorable ubicaci&oacute;n y recomendar las habitaciones renovadas, que tienen un muy buen precio y son confortables. De las que a&uacute;n tienen sin rehabilitar, mejor ni pensarlo, pues aunque son sensiblemente m&aacute;s econ&oacute;micas y cuentan tambi&eacute;n con aire acondicionado y minibar, presentan un mobiliario vetusto y las t&iacute;picas manchas en las moquetas imposibles de eliminar. No obstante, la limpieza era correcta, salvando que lo viejo siempre aparenta sucio aun cuando no lo est&eacute;, (de ah&iacute; mi insistencia en la elecci&oacute;n de un dormitorio con ba&ntilde;o reformados) y el desayuno buffet era abundante y adecuado, sin embargo, se echaba a faltar la fruta, ya fuese natural o en alm&iacute;bar.</p>
<p>Si el presupuesto del viajero fuese m&aacute;s holgado, la alternativa m&aacute;s adecuada ser&iacute;a la de un hotel de superior categor&iacute;a o al menos, un cinco estrellas que hiciese honor a las mismas, en este caso mi recomendaci&oacute;n se inclinar&iacute;a por el <strong>Sheraton,</strong> ubicado en el <strong>Parc du Belv&eacute;d&egrave;re,</strong> una enorme mancha verde que ocupa una colina distante unos dos Km. del centro de la ciudad, con edificaciones opulentas que dan fe de su condici&oacute;n de barrio caro. De este hotel s&oacute;lo puedo constatar su suntuosa recepci&oacute;n, ya que en ella contratamos un veh&iacute;culo de alquiler con la conocida empresa AVIS, pero no es dif&iacute;cil adivinar el lujo con que han de estar decoradas las habitaciones, puesto que, en el pasado, nos hemos alojado en alg&uacute;n establecimiento de la misma cadena y es una de las habituales en cuanto al m&aacute;ximo lujo y confort. No obstante, un autom&oacute;vil arrendado se hace innecesario en esta urbe, (nosotros lo contratamos para visitar los alrededores), puesto que <strong>el precio de los taxis es absolutamente rid&iacute;culo</strong> y funcionan siempre con el tax&iacute;metro en marcha, con lo cual no hay que pactarlo previamente como es usual en los pa&iacute;ses de &aacute;mbito musulm&aacute;n. El <strong>Parque del Belv&eacute;d&egrave;re</strong> no s&oacute;lo es el pulm&oacute;n de esta ciudad, m&aacute;s de cien hect&aacute;reas de palmeras, pinos, olivos, ficus, eucaliptos... sino que tambi&eacute;n re&uacute;ne atractivos para el visitante: una <strong>laguna</strong> y un <strong>caf&eacute;</strong> muy frecuentado por la juventud tunecina, un <strong>parque zool&oacute;gico</strong>, (abre de 9 a 18 h. y cierra los lunes, entrada de pago), el <strong>Museo de Arte Moderno</strong>, (cuya entrada es gratuita y abre todos los d&iacute;as) y en la cima del cerro, <strong>la Kubba</strong>, (abierto a diario, entrada libre), un pabell&oacute;n del s. XVII que ha sido trasladado a este lugar desde su emplazamiento original, en un barrio de la ciudad. Con su oronda c&uacute;pula, sus atauriques y lacer&iacute;as de yeso, sus gr&aacute;ciles arcos soportados por marm&oacute;reas columnas, sus vidrieras... sus pasillos, prestos ahora a ser recorridos por cuanto viajero pretenda gozar de las maravillosas vistas sobre la fronda que lo rodea y sobre el golfo de T&uacute;nez. Un lugar id&oacute;neo para las parejas de enamorados que podr&aacute;n contemplar, desde su terraza, una id&iacute;lica puesta de sol.</p>
<p>Y volviendo a la c&eacute;ntrica <strong>Avenida Habib Bourguiba</strong>, frente al hotel Hana International y al lado del teatro, existen dos establecimientos de hosteler&iacute;a muy aconsejables: el <strong>Caf&eacute; de Par&iacute;s</strong>, con una gran terraza y un peque&ntilde;o restaurante, en donde sirven alcohol a un precio moderado y a su lado, el peque&ntilde;o <strong>Caf&eacute; del Restaurante Capitol,</strong> lugar en el que preparan enormes y sabrosas <strong>cr&ecirc;pes</strong> rellenas de quesos y at&uacute;n para degustar en el local, en la calle o llevar, por menos de un par de m&iacute;seros dinares. Ah&iacute; ya no despachan bebidas alcoh&oacute;licas, como tampoco lo hacen en el restaurante hom&oacute;nimo, (avalado encarecidamente por la gu&iacute;a Routard o Trotamundos), sito en el primer piso y al que se accede independientemente desde la calle. En este modesto restaurante, pulcro y con una decoraci&oacute;n un tanto kistch, se pueden probar los platos tunecinos m&aacute;s t&iacute;picos, como el <strong>brick</strong>, una empanadilla grande, de hojaldre frito, que contiene siempre un huevo entero y otros ingredientes: at&uacute;n, gambas...ciertamente, el m&aacute;s delicioso de los entrantes. Tambi&eacute;n preparan un excelente <strong>cusc&uacute;s de cordero o de pescado</strong>, (especie de "cocido" o puchero con s&eacute;mola de trigo duro, patatas, zanahoria y los citados ingredientes prote&iacute;nicos: el cordero o el pescado). El <strong>taj&iacute;n tunecino</strong> no se parece en nada al marroqu&iacute;, ni siquiera se presenta en el recipiente de cer&aacute;mica del mismo nombre, pues este taj&iacute;n es un pudin compuesto de huevos, carnes y verduras, am&eacute;n de especias varias.</p>
<p>Otro restaurante, &eacute;ste m&aacute;s en la l&iacute;nea de comida r&aacute;pida, pero muy a tener en cuenta, es el "Panorama", en la acera de enfrente, caminando en direcci&oacute;n a la <strong>Torre</strong><strong> de &Aacute;frica</strong>, com&uacute;nmente llamada el <strong>"Despertador",</strong> un esbelto reloj de pie, de hierro cual mecano, que se yergue al principio de la avenida, en la otrora Plaza Afrique, que ha perdido su ex&oacute;tico nombre en favor del de " Du 7 Novembre". En el ampl&iacute;simo <strong>"Caf&eacute; Panorama"</strong> tampoco se puede consumir alcohol, pero es posible degustar pizzas, pasta, cr&ecirc;pes, bricks, carnes, pescados, helados...por poco m&aacute;s dinero que en el Capitol. Y para rematar el &aacute;gape: un buen caf&eacute; o mejor a&uacute;n, un arom&aacute;tico t&eacute; a la menta, el m&aacute;s genuino sabor de T&uacute;nez.</p>
<p>Si lo que se pretende es almorzar o cenar en un sitio con m&aacute;s cach&eacute;, la elecci&oacute;n se podr&iacute;a decantar por el <strong>restaurante Chez Nous</strong>, situado al principio de la Rue Marseille, una bocacalle que se abre en la avenida. Es &iacute;ntimo, acogedor, con "charme", y posee una peque&ntilde;a terraza. Lleva abierto desde 1935 y es ideal para los mit&oacute;manos, pues ante sus mesas se han sentado personalidades y estrellas de la talla de Edith Piaf, la sempiterna reina de la canci&oacute;n francesa o el inefable campe&oacute;n de los pesos pesados Cassius Clay, (Mohamed Al&iacute;) o uno, sino el mejor, de los futbolistas que el mundo haya podido contemplar: el "brasileiro" Pel&eacute;. Los precios no son comedidos precisamente, pero las viandas son exquisitas y se pueden regar con uno de los caldos que este pa&iacute;s magreb&iacute; produce generosamente: buenos tintos como el <strong>viueux magon</strong> o el <strong>haut mornag</strong> o blancos como el <strong>kelibia</strong>, un moscatel delicioso. Para finalizar, nada mejor que el <strong>thibarine</strong>, un licor de vino y plantas arom&aacute;ticas o la <strong>boukha</strong>, un aguardiente de higo que tambi&eacute;n se consume como aperitivo, convenientemente helado.<br />Desafortunadamente, el servicio no es demasiado amable, como suele ser frecuente en este tipo de establecimientos finos y "estirados", as&iacute; como tampoco lo es la clientela habitual: ejecutivos y hombres de negocios.</p>
<p>En las c&aacute;lidas noches estivales y hasta bien entrada la madrugada, la Avenida Habib Bourguiba bulle de vida con la afluencia de j&oacute;venes, (mayoritariamente mocedad masculina), que ocupan casi la totalidad de las terrazas de caf&eacute;s y restaurantes. Bellos efebos, vestidos a la &uacute;ltima moda casual europea, que escrutan bajo la tenue luz de las farolas, a cuanta muchacha recorre las aceras. Ellas, en proporci&oacute;n mucho m&aacute;s escasa, van siempre acompa&ntilde;adas de otras chicas o de novios, esposos o hermanos y lucen atuendos dispares, desde unos ajustados pantalones vaqueros con la abundante y larga cabellera al viento, hasta una falda tobillera y el pa&ntilde;uelo cubriendo la testa, como signo de fidelidad a la shar&iacute;a. La mayor&iacute;a son de complexi&oacute;n delgada y armoniosas facciones. Resulta parad&oacute;jico que algunas oculten tan agraciados rostros y tan exuberantes melenas en aras de unos preceptos religiosos ya obsoletos, como si la belleza fuese una incitaci&oacute;n al pecado, al mal, cuando es, justamente, el m&aacute;s divino de los regalos.</p>
<p>Mezclados con el gent&iacute;o que disfruta de la noche, los <strong>vendedores de jazm&iacute;n</strong> recorren una y otra vez los veladores de las atestadas terrazas, &aacute;vidos de realizar alguna venta. Son individuos de avanzada edad, ataviados con casaca y pantalones blancos, chaleco rojo y tocados con una chechia blanca, (la boina o "fez" de T&uacute;nez) o chiquillos risue&ntilde;os y traviesos, los que, portando una bandeja de paja trenzada en una de sus manos, ofrecen con la otra su fragante mercanc&iacute;a a los hombres nativos o a las mujeres turistas. Y es que los varones tunecinos tienen por costumbre orlar uno de sus pabellones auditivos con una flor de jazm&iacute;n y as&iacute; percibir, constantemente, el dulce perfume que exhala. Como esta tradici&oacute;n no es vista con buenos ojos por los occidentales heterosexuales, que pueden tomarla como un signo de amaneramiento cuando no es tal, los comerciantes de tan bienoliente g&eacute;nero lo ofertan a las f&eacute;minas extranjeras, sabedores de que en nuestro mundo son quienes verdaderamente aprecian tales productos y para ello portan collares de p&eacute;talos ensartados en hilo, que mantendr&aacute;n su aroma incluso despu&eacute;s de haberse secado.</p>
<p>La Avenida Habib Bourguiba desemboca en la Plaza de la Independencia, donde se ubica la decimon&oacute;nica <strong>Catedral de St. Vicent de Paul</strong>, de arquitectura neo-bizantina. Ante este templo cat&oacute;lico, se yergue una estatua representando a <strong>Ibn Khaldoun</strong>, el intelectual andalus&iacute; exiliado en T&uacute;nez: soci&oacute;logo, historiador, pol&iacute;tico, cient&iacute;fico...una de las figuras m&aacute;s relevantes del ingente potencial cultural del Islam bajomedieval.</p>
<p>Tras la plaza, la avenida se prolonga mutando su nombre por el de Francia y se halla flanqueada por inmuebles de estilo historicista de principios del pasado siglo, pintados en n&iacute;veo blanco, marfil y tonalidades crema p&aacute;lido, resaltando molduras y adornos que sugieren los de una tarta nupcial. Edificios y farolas remiten al Par&iacute;s de la Belle &Eacute;poque.</p>
<p>Al t&eacute;rmino de esta v&iacute;a se encuentra la <strong>Puerta</strong><strong> de Francia,</strong> anta&ntilde;o "Puerta del Mar", (Bab el Bhar), un arco triunfal de herradura, que, por su aspecto fortificado, (no en vano fue una de las puertas de la muralla que rodea la medina), recuerda la entrada a un basti&oacute;n o ribat y que act&uacute;a como simb&oacute;lica barrera arquitect&oacute;nica entre la ciudad nueva y la ciudad antigua o kasbah, dividiendo en dos la Plaza de la Victoria.</p>
<p>El <strong>Mercado Central o el Galla</strong> se encuentra muy pr&oacute;ximo a la Puerta de Francia, extramuros de la antigua muralla de la medina y comprende tiendas cubiertas donde se despachan carnes y pescados y puestos al aire libre para frutas, verduras y hortalizas, aunando colorido y ambiente popular.</p>
<p><br /><strong>LA MEDINA</strong><strong> O</strong><strong> MADINAT</strong></p>
<p>Franqueando la Puerta de Francia, una fuente moderna nos recibe con el alegre murmullo que produce el agua que mana, a borbotones, de sus surtidores. Esta parte de la Plaza de la Victoria ya pertenece a la medina, ("madinat" en lengua &aacute;rabe), el casco antiguo, de tortuoso y laber&iacute;ntico trazado de la capital tunecina. Son varias las callejas que se abren en la plaza, a trav&eacute;s de las cuales podremos penetrar en el coraz&oacute;n de esta ciudad dentro de la ciudad.</p>
<p>La calle que se halla m&aacute;s a la izquierda de la Puerta de Francia, paralela a la muralla, es la <strong>Rue</strong><strong> de la Comisi&oacute;n</strong>, en la que vivi&oacute; Giuseppe Garibaldi durante su estad&iacute;a en T&uacute;nez. Esta calle semeja uno de nuestros rastros, con sus puestos de mercadillo repletos de especias, legumbres y verduras, ropas, objetos de uso cotidiano y baratijas varias apropiadas para la clientela local.</p>
<p>La <strong>Rue</strong><strong> de la Kasba</strong> lleva directamente a la Plaza de Gobierno, con el Palacio del Primer Ministro, (Dar el Bey) y otros edificios de car&aacute;cter gubernamental, en el lugar del emplazamiento de la antigua kasbah.</p>
<p>De la Plaza de la Victoria tambi&eacute;n parte la <strong>Rue Jam&acirc;a</strong><strong> ez Zitouna,</strong> que conduce, por el camino m&aacute;s breve, a la Gran Mezquita del Olivo o Jam&acirc;a ez Zitouna. Esta angosta calleja central rebosa de mercanc&iacute;as destinadas al p&uacute;blico tur&iacute;stico. Los vendedores acosan literalmente a todos los extranjeros que, a duras penas, ascienden la pendiente, pero no es muy conveniente realizar compras en esta zona, ya que al ser muy frecuentada por los turistas, los precios de salida para el regateo, son ostensiblemente m&aacute;s elevados y los productos de inferior calidad. Es mejor reservarse para los zocos que se encontrar&aacute;n m&aacute;s adelante. Incluso en la localidad cercana de Sidi Bou Said, (de la cual se tratar&aacute; con posterioridad), tanto en las tiendas como en algunos puestos ambulantes, ofrecen art&iacute;culos de categor&iacute;a superior y de mejor gusto, por un coste ligeramente inferior.</p>
<p>La Rue Jam&acirc;a ez Zitouna da paso al <strong>Souk el Fekka o Zoco de los Frutos Secos</strong>, dedicado a la venta de pastas y dulces elaborados con tan deliciosos ingredientes. Mazapanes multicolores, con formas de peque&ntilde;as frutas y <strong>makrouds</strong>, diminutos bocaditos de hojaldre y dulce de d&aacute;til, t&iacute;picos de la cuarta ciudad santa del Islam, Keirou&aacute;n, se exhiben en improvisados mostradores, cubiertos de celof&aacute;n para evitar los alientos de quienes por tan exquisitos manjares suspiran.</p>
<p>Un antiguo caf&eacute;, denominado como la calle y la mezquita, <strong>"Caf&eacute; ez Zitouna"</strong>, enorme, recubierto de floreados azulejos y frecuentado &uacute;nicamente por varones, se aloja bajo la b&oacute;veda de ca&ntilde;&oacute;n de este zoco cubierto. All&iacute; los lugare&ntilde;os se toman su caf&eacute; turco o expresso o su t&eacute; a la menta, con pi&ntilde;ones o sin ellos o cualesquiera de las m&uacute;ltiples variedades de tes y caf&eacute;s que ofertan y charlan animadamente mientras fuman sus narguil&eacute;s o pipas de agua, cargadas con un tabaco que no es tal, aromatizado a la manzana, a la fresa...recuerdan que T&uacute;nez es y ha sido siempre un vergel, que actualmente cuenta con una producci&oacute;n agr&iacute;cola envidiable y que en el legendario pasado, en la &eacute;poca de la Cartago romana, lleg&oacute; a ser el granero de Roma.</p>
<p>M&aacute;s all&aacute;, al fondo del zoco, que semeja un t&uacute;nel, se halla la <strong>Gran Mezquita</strong><strong> del Olivo, (Jam&acirc;a ez Zitouna)</strong>, (abre de 8 a 12 h y cierra el viernes al p&uacute;blico no musulm&aacute;n. Entrada de pago que necesario conservar, ya que es v&aacute;lida tambi&eacute;n para el resto de edificios musulmanes de la medina). La m&aacute;s antigua y grande de las mezquitas tunecinas, de origen omeya, levantada en el s. VIII, pero reformada y ampliada en numerosas ocasiones, por los aglab&iacute;es en el s. IX, por los zir&iacute;es en el X, por los otomanos en el XVII...Este templo musulm&aacute;n es el segundo en importancia del pa&iacute;s despu&eacute;s de la Gran Mezquita de Keirou&aacute;n, la m&aacute;s santa del Magreb. La Jam&acirc;a ez Zitouna fue, asimismo, la universidad m&aacute;s antigua de toda &Aacute;frica, lugar donde el fil&oacute;sofo e intelectual Ibn Khald&uacute;n predic&oacute; sus ense&ntilde;anzas. Esta actividad docente qued&oacute; interrumpida en tiempos de Habib Bourguiba, para ser retomada por orden de su sucesor, el actual presidente de la rep&uacute;blica, (y dictador), Ben Al&iacute;, que accedi&oacute; al poder tras un golpe de estado. <br />La Gran Mezquita presenta una logia de doble columnata en su fachada principal y esa galer&iacute;a da paso a un vasto patio, rodeado de p&oacute;rticos en tres de sus lados. Los no creyentes se encuentran imposibilitados para acceder a &eacute;l y han de conformarse con admirar tan hermosa obra arquitect&oacute;nica desde una valla de madera. Al fondo del patio se yergue, orgulloso, el alminar o minarete, de estilo andalus&iacute;, no en vano T&uacute;nez fue pa&iacute;s de acogida para los moriscos expulsados del nuestro durante las persecuciones de que fueron objeto por parte de los monarcas y las instituciones cat&oacute;licas, de entre ellas el Santo Oficio. Esta torre cuadrangular, de cuarenta y cuatro metros de altura, nos retrotrae al glorioso pasado de Al &Aacute;ndalus, con sus relieves de lacer&iacute;as y sus merlones rematando la terraza. El patio, por el contrario, es de estilo turco, con arcadas de medio punto peraltadas, que se sustentan sobre capiteles expoliados de las ruinas de la antigua Cartago. Del mismo lugar y de otros yacimientos arqueol&oacute;gicos, proceden los que decoran la impresionante sala de oraci&oacute;n, compuesta de quince naves e iluminada con l&aacute;mparas de cristal de Murano veneciano. Tampoco a ella puede acceder el p&uacute;blico no musulm&aacute;n, que ha de resignarse e imaginar el esplendor de tan portentosa estancia, coronada por la c&uacute;pula del bahou, con sus estr&iacute;as de piedra bicolor.</p>
<p>La Gran mezquita del Olivo se encuentra rodeada por los diferentes zocos, el <strong>Souk de Attarine o Zoco de los Perfumistas</strong>, con profundas y estrechas tiendas donde el jazm&iacute;n y los aromas amaderados y almizclados se funden y confunden hasta lograr la magia del perfume, encerrado en peque&ntilde;os y preciosos frascos de vidrio con decoraciones de oro. All&iacute; se ubica tambi&eacute;n la <strong>Biblioteca Nacional</strong>, un vetusto cuartel turco poblado por no menos a&ntilde;ejos legajos procedentes de la Gran Mezquita y de las madrasas anexas: coranes y otros manuscritos &aacute;rabes, poseedores del saber de su tiempo, que ahora ocupan, como habitantes inciertos, los otrora aposentos de las compa&ntilde;&iacute;as de los temibles jen&iacute;zaros.</p>
<p>El <strong>Souk el Trouk o Zoco de los Turcos</strong> prolonga al de los perfumistas. Techado por una elegante b&oacute;veda de ladrillo, aloja mercader&iacute;as tan dispares como los textiles, los muebles, las alfombras o la marroquiner&iacute;a. En &eacute;l se encuentra la antigua <strong>Casa Ed Dar</strong>, ahora ocupada por un selecto anticuario, a cuyo interior se puede acceder no s&oacute;lo a mirar o adquirir costosos objetos, sino tambi&eacute;n para ascender a la <strong>azotea</strong> y as&iacute; poder obtener magn&iacute;ficas vistas sobre esta parte de la medina, al pie del minarete de la Gran Mezquita. El caser&oacute;n en s&iacute; mismo tambi&eacute;n es muy interesante, con sus escaleras alicatadas con azulejos multicolores y su <strong>cocina</strong>, conservada como anta&ntilde;o. Sin lugar a dudas, si se busca un souvenir o un regalo con empaque y buen gusto, &eacute;ste es el lugar id&oacute;neo para comprarlo.</p>
<p>A la derecha de la Gran Mezquita se abre el <strong>Souk des Libraires o Zoco de los Libreros</strong>, con el Complejo de las <strong>Tres Madrasas</strong> (o medersas), las escuelas cor&aacute;nicas, (oficialmente no est&aacute;n abiertas al p&uacute;blico, pero se permite el acceso libre y no es necesario abonar ninguna entrada, si bien hay p&iacute;caros que pretenden timar a los turistas haci&eacute;ndose pasar por encargados y solicitando a cambio una propina). <strong>La Madrasa</strong><strong> del Palmero</strong>, as&iacute; llamada por la palmera que anta&ntilde;o sombreaba su patio, porticado &eacute;ste con columnas cuyos fustes son de m&aacute;rmol negro y se coronan con albug&iacute;neos capiteles tambi&eacute;n marm&oacute;reos, que recuerdan a la mezquita de C&oacute;rdoba, tal es su estilo andalus&iacute;. La siguen la <strong>Madrasa</strong><strong> de Bachiya</strong>, con sus filigranas de yeser&iacute;a y sus columnas delicadas y esbeltas que rememoran el arte nazar&iacute; de la Alhambra de Granada y la <strong>Madrasa</strong><strong> de Slimaniya</strong>, con un patio muy similar al de la del Palmero, pero con columnas de n&iacute;veos fustes y, como la primera, con dovelas alternando el blanco y el negro para ornamentaci&oacute;n de sus arquer&iacute;as. Frente a la Madrasa del Palmero, llama la atenci&oacute;n la puerta roja y verde del <strong>Hammam Kachachine</strong>, un establecimiento p&uacute;blico de ba&ntilde;os al estilo turco o &aacute;rabe, apto s&oacute;lo para hombres.</p>
<p>El Zoco de los Turcos desemboca en la <strong>Mezquita</strong><strong> de Sidi Youssef,</strong> o de los Turcos, erigida por los otomanos que en el s. XVII deseaban contar con su propio templo dedicado al rito hanefita. En su patio se ubica la tumba o <strong>tourbet de su fundador, Youssef Dey</strong> y se remata con un alminar de secci&oacute;n octogonal, el primero que se levant&oacute; con esta forma en T&uacute;nez. Esta mezquita no est&aacute; abierta al p&uacute;blico no musulm&aacute;n, as&iacute; que s&oacute;lo podr&aacute; ser contemplada desde el exterior.</p>
<p>Contiguo a esta mezquita se encuentra <strong>Dar el Bey o Palacio del Bey</strong>, as&iacute; llamado por ser la augusta morada de los beys o gobernantes locales bajo dominio turco. Data del s. XVIII, de imponentes dimensiones y con espl&eacute;ndidas fachadas de piedra de color ocre dorado. Fue la sede del Gobierno en tiempos del protectorado franc&eacute;s y en la actualidad es la residencia del primer ministro, as&iacute; como tambi&eacute;n lo ocupa el Ministerio de Asuntos Exteriores, por lo que cualquier fotograf&iacute;a est&aacute; estrictamente prohibida.</p>
<p>Frente a Dar el Bey se halla el <strong>Ministerio de Finanzas</strong>, un edificio blanco con un reloj en medio que m&aacute;s bien parece un consistorio que otra cosa y a su lado, el <strong>Secretariado General de Gobierno</strong>. Todas estas edificaciones oficiales est&aacute;n enclavadas en la Place du Governement, en la parte m&aacute;s alta de la medina, donde antiguamente se levantaba la Alcazaba.</p>
<p>Volviendo atr&aacute;s, descendiendo la kasbah, los zocos se abren como intrincadas rutas para alcanzar el oriente de las mil y una noches. El <strong>Zoco de las Chechias</strong>, donde el visitante podr&aacute; asistir al proceso artesanal de fabricaci&oacute;n de estas boinas, introducidas por los inmigrantes andalus&iacute;es en el s. XVII y que hoy se exportan con ligeras variantes a pa&iacute;ses como Libia, Chad o Somalia. Son similares al fez marroqu&iacute;, pero la chechia tunecina es m&aacute;s achatada, roja y sin borla y la chechia libia casi igual a la de T&uacute;nez, pero negra y con borla...</p>
<p>Un poco m&aacute;s all&aacute;, a la salida del Zoco de las Chechias y al lado de Dar el Bey, est&aacute; el zoco que lleva su nombre: <strong>Souk el Bey.</strong> Sin b&oacute;vedas que lo cubran, sobrio y distinguido, los escaparates de sus comercios exponen joyas y orfebrer&iacute;a de calidad.</p>
<p>Continuando, se llega a la <strong>Mezquita Hammouda</strong><strong> Pach&aacute;</strong>, del s. XVII, de peque&ntilde;o tama&ntilde;o, pero hermosa impronta, con arquer&iacute;as ciegas y un minarete octogonal, es muy semejante a la Mezquita de los Turcos y como ella, tambi&eacute;n alberga en su patio el mausoleo de su patrono y tampoco es visitable por los no creyentes.</p>
<p>Retornando al Zoco el Bey y recorri&eacute;ndolo de nuevo en direcci&oacute;n opuesta, se penetra en una callejuela cubierta que constituye el <strong>Souk el Berka o Zoco de los Esclavos.</strong> Se contin&uacute;a hasta una placita, situada bajo una b&oacute;veda sujeta por seis columnas pintadas de rojo y negro alternativamente y en ese lugar es donde anta&ntilde;o se realizaban las ventas de esclavos, los cuales eran obligados a mostrarse subidos a una tarima. Ahora, se exhibe un pajarillo dentro de una peque&ntilde;a jaula que cuelga de una de las columnas, como recordatorio de la infausta cautividad de aquellos desdichados. Salvo ese nimio detalle, ya nada recuerda la antigua funci&oacute;n de este zoco, dedicado en la actualidad a la venta de joyas y piedras preciosas que refulgen por doquier, con tiendas de madera tallada pintadas en azul celeste.</p>
<p>Perpendicularmente a este zoco, se encuentra el <strong>Souk el Lefta</strong>, especializado en alfombras y mantas y cerca el <strong>Souk ed Dziria</strong>, ambos muy antiguos y con vetustas tiendas que har&aacute;n las delicias de los fot&oacute;grafos aficionados a lo pintoresco. En el Zoco el Lefta hay un establecimiento llamado <strong>"El Palacio de Oriente",</strong> que tambi&eacute;n consta de una <strong>azotea</strong> muy similar a la de la Casa Ed Dar y a la que se puede subir libremente, previa solicitud a los empleados de la tienda, para obtener una buena vista panor&aacute;mica de esta zona de la medina. La terraza del tejado se encuentra alicatada con antigua cer&aacute;mica policromada y ornamentada con plantas como la de la casona Ed Dar, as&iacute; que resulta doblemente gratificante visitarla.</p>
<p>En la parte inferior del Zoco el Leffa, girando a la izquierda, se llega al <strong>Souk el Koumach o Zoco de las Telas</strong>, del s. XV, que bordea el muro oeste de la Gran Mezquita y se forma por tres naves separadas por columnas pintadas en rojo y verde. Las mercanc&iacute;as que aqu&iacute; se muestran est&aacute;n relacionadas sobre todo con las bodas y las ceremonias de circuncisi&oacute;n. Montones de detalles florales hechos con tules, gasas y sedas blancas y de tonos pastel se apilan cuidadosamente y resultan llamativos unos cestos de mimbre forrados de raso blanco acolchado, los turistas creen que son camas para gatos de lujo, pero nada m&aacute;s lejos de la realidad, en T&uacute;nez se trata muy bien a los mininos, pero no se llega a tanto: son cestas para portar los regalos del novio a su futura desposada.</p>
<p>A continuaci&oacute;n se accede al <strong>Zoco de las Mujeres o Souk des Femmes</strong>, especializado en ropa de segunda mano y despu&eacute;s se llega al <strong>Zoco de la Lana y al del Algod&oacute;n,</strong> donde se venden ropa y joyer&iacute;a destinadas a las f&eacute;minas aut&oacute;ctonas. M&aacute;s arriba se halla el <strong>Zoco de los Orfebres</strong>, cuyas abigarradas y desmesuradas joyas s&oacute;lo son del gusto de los orientales y adem&aacute;s, muy a tener en cuenta es el hecho de que el oro que all&iacute; se vende, con frecuencia, es nada m&aacute;s que de catorce kilates.</p>
<p>Continuando hac&iacute;a la Mezquita de Hammouda Pach&aacute; y bajando por la Rue de la Kasbah, girando despu&eacute;s a la derecha por la Rue El Jelloud, se accede a un callej&oacute;n que lleva por nombre Echemmahia, all&iacute;, en el n&uacute;mero nueve, dentro de una casa particular, se halla la <strong>Tumba</strong><strong> de la Princesa Aziza</strong>, con bell&iacute;simas decoraciones interiores de estuco y cer&aacute;mica. Volviendo a la Rue de la Kasbah, se encuentra el <strong>Souk de Nahas o Zoco del Cobre</strong>, donde los artesanos martillean sin cesar, produciendo una alegre y r&iacute;tmica melod&iacute;a, las bandejas repujadas y cinceladas que habr&aacute;n de servir para contener los dulces y otras delicias culinarias.</p>
<p>El <strong>Tourbet el Bey</strong> es el monumento funerario de los pr&iacute;ncipes husseinitas, (el de mayor envergadura de todo T&uacute;nez) y fue erigido por Al&iacute; Pach&aacute; II en el s. XVIII. (Abre de 9,30 a 16,30 h. Cierra los lunes y es preciso pagar entrada). En este mausoleo descansan, en su eterno sue&ntilde;o, los beys o soberanos dependientes del sult&aacute;n de Turqu&iacute;a, sus familias e incluso alguno de sus ministros. Su exterior destaca por sus sobrias y elegantes fachadas de arenisca dorada y m&aacute;rmol blanco, con decoraciones florales en bajorrelieve, ribeteando las esquinas y pilastras. En la techumbre asoman varias c&uacute;pulas recubiertas de tejas verdes o simplemente encaladas, una por cada c&aacute;mara funeraria. El interior sorprende por sus paredes cubiertas de cer&aacute;mica naranja y amarilla, un parad&oacute;jico derroche de color y alegr&iacute;a para honrar a los difuntos. El desorden se adue&ntilde;a de las c&aacute;maras sepulcrales: ora una l&aacute;pida aqu&iacute;, ora otra all&aacute;... s&oacute;lo en la sala de los monarcas que llegaron a gobernar y sus esposas, reina cierto orden. En ella, los paramentos verticales y los pavimentos, se revisten de m&aacute;rmoles italianos de diversos colores y los finados reposan en el interior de grandes sarc&oacute;fagos, los de los hombres con peque&ntilde;as columnillas prism&aacute;ticas nimbadas por un turbante o tarbouch y los de las mujeres con placas de m&aacute;rmol colocadas en los extremos.</p>
<p>Descendiendo por la Rue Sidi Zahmoul, girando a la izquierda y bajando la Rue Sidi Kassen, girando a la derecha a la altura del n&uacute;mero nueve, se pasa bajo el arco del callej&oacute;n Ben Abdallah y se llega al <strong>Museo de Artes y Tradiciones Populares</strong>, instalado en el <strong>Palacio Ben Abdallah</strong>, edificado en el s. XVIII, (abre de 9,30 a 16,30. Cierra lunes. Entrada de pago). El edificio palacial cuenta con un hermoso patio interior, de m&aacute;rmol blanco, porticado con columnas de este mismo material y color y estucado con atauriques y lacer&iacute;as. Un z&oacute;calo de cer&aacute;mica policromada le proporciona colorido y una fuente central, cuyo surtidor se adorna con un tr&iacute;o de delfines, alegr&iacute;a. Sobre el p&oacute;rtico se alza un segundo piso, con un corredor delimitado por una balaustrada de madera pintada de azul celeste. Sin duda, se trata de un patio encantador que ilumina las estancias privadas del palacio, actualmente ocupadas por la exposici&oacute;n del museo: unos maniqu&iacute;es, vestidos a la antigua usanza, ilustran las actividades propias de los moradores de una casa burguesa tradicional del s. XIX, ocupando los cuartos correspondientes a hombres, a mujeres o a ni&ntilde;os, con la cocina y el ba&ntilde;o o hammam y todos los utensilios necesarios, adem&aacute;s de mobiliario de &eacute;poca, joyas o juguetes. Tambi&eacute;n se muestran los oficios propios de los zocos: orfebres, tejedores, guarnicioneros y todo tipo de artesanos.</p>
<p>Saliendo a la Rue des Teinturiers o Calle de los Tintoreros, (zoco donde se ti&ntilde;en a mano los tejidos), se llega enseguida a la Rue el M'Bazaa, donde se encuentra el <strong>Dar Othman</strong>, un caser&oacute;n del s. XVI hecho edificar por el bey Othman, que se enriqueci&oacute; por su relaci&oacute;n con los ra&iacute;s o corsarios musulmanes, (antiguos esclavos europeos convertidos al Islam). El palacio es de dimensiones modestas, pero posee un peque&ntilde;o patio ajardinado encantador y alberga la Oficina de la Conservaci&oacute;n de la Medina, as&iacute; que su acceso es libre y gratuito.</p>
<p>Volviendo de nuevo a la Rue des Teinturiers , se gira a la izquierda por la <strong>Rue</strong><strong> del Tr&egrave;sor y la Rue el Karchani,</strong> preciosas calles jalonadas de puertas azul turquesa adornadas con clavos, id&eacute;nticas a las t&iacute;picas de la id&iacute;lica localidad de Sidi Bou Said. Se ha de continuar subiendo hasta llegar a la <strong>Rue Andalous</strong>, la m&aacute;s bella v&iacute;a de toda la medina, con esbeltos arcos de herradura, que dan paso a residencias aristocr&aacute;ticas que rememoran el pasado andalus&iacute; de este rinc&oacute;n, cobijo de los inmigrantes adinerados que fueron expulsados por la intolerancia espa&ntilde;ola de la &eacute;poca. Sin duda, es un sitio calmo y tranquilo, donde los numerosos gatos que pululan por toda la medina, se prestan a dormitar en cualquier parte, haciendo suyo el lugar, como si de su feudo se tratase.</p>
<p>Subiendo desde la Rue Andalous, a su izquierda, se arriba a la Plaza del Castillo y se accede al <strong>Dar Hussein</strong>, un palacio del s. XVIII que ostenta la fama de ser el m&aacute;s hermoso de todo T&uacute;nez. Hoy en d&iacute;a sus dependencias acogen el Instituto Nacional de Arqueolog&iacute;a y Artes y no est&aacute; abierto al p&uacute;blico, pero el visitante puede pasar sin problemas al patio de m&aacute;rmol blanco, con azulejer&iacute;a de Kallaline y filigranas de estuco, que da paso a otro de menor tama&ntilde;o en el que luce un cuidado jard&iacute;n, reflejo mundano del para&iacute;so perdido.</p>
<p>En la periferia de la medina se encuentra la <strong>Mezquita</strong><strong> de Sidi Mahrez</strong>, del s. XVII, de influencia otomana, con sus c&uacute;pulas blancas que destacan sobre el azul intenso del cielo. Consta de un patio un tanto angosto con forma de L y una gran sala de oraci&oacute;n. Esta mezquita ha sido objeto de una remodelaci&oacute;n tan exhaustiva que es muy criticada por parte de los expertos. Frente a ella, al otro lado de la calle, est&aacute; la <strong>Zawilla</strong><strong> de Sidi Mahrez</strong>, el patr&oacute;n de T&uacute;nez. En ambos lugares no se permite la entrada al p&uacute;blico no musulm&aacute;n.</p>
<p><strong>MUSEO NACIONAL DEL BARDO</strong></p>
<p>Este museo, (abre de 9 a 17 h. en verano y de 9,30 a 16,30 en invierno, cierra los lunes y la entrada es de pago). C&eacute;lebre por poseer <strong>la mayor y mejor colecci&oacute;n de mosaicos romanos de &eacute;poca imperial del mundo</strong>, dista cuatro Km. del centro de la ciudad, ya que se encuentra en el barrio de Le Bardeau, por lo tanto, es conveniente desplazarse en coche de alquiler o mejor a&uacute;n en un taxi, si bien se puede tomar el metro, pero es harto complicado acceder a la boca del mismo, puesto que no se ubica en una calle c&eacute;ntrica.</p>
<p>El museo ocupa parte de las estancias del <strong>Palacio del Bardo, (Palais du le Bardeau)</strong> y en el resto se ha instalado la <strong>Asamblea Nacional</strong>. La que fuera residencia de verano de los beys mouraditas, y despu&eacute;s sede de la corte del fundador de la dinast&iacute;a husseinita, Hussain Ibn Al&iacute;, (s. XIX), fue remodelado por M'Hamed Bey entre 1855 y 1859. En 1888, bajo el protectorado franc&eacute;s, se cre&oacute;, por decreto beylical, el Museo Alaou&iacute;, que posteriormente derivar&iacute;a en el actual Museo Nacional del Bardo con motivo de la independencia de T&uacute;nez en 1956 y ser&iacute;a dotado de las ricas colecciones prehist&oacute;ricas, p&uacute;nicas, griegas, romanas, cristianas, bizantinas y &aacute;rabe-musulmanas, procedentes de todas las regiones tunecinas.</p>
<p>La antigua <strong>Provincia Romana de &Aacute;frica Proconsular</strong> ha proporcionado un ingente n&uacute;mero de mosaicos pavimentales, de temas figurativos, geom&eacute;tricos o una combinaci&oacute;n de ambos, predominando los mosaicos policromados, concebidos en esta zona, puesto que el mosaico romano anterior al africano, era &uacute;nicamente bicolor.</p>
<p>El museo cuenta con 50 salas y galer&iacute;as, muchas de ellas con las decoraciones originales del palacio beylical, con lo que se dota a las exposiciones de un entorno majestuoso. Se exhiben los mosaicos, esculturas y otros objetos, hallados en las excavaciones de las ruinas de Cartago, Thuburbo Majus, Duga, Bula Regia, Uthina, Utica, Thysdrus, (El Jem), Sfax, Mahdia...El orden no es precisamente una virtud t&iacute;picamente oriental, as&iacute; que las salas no siguen cronolog&iacute;a alguna, la mayor&iacute;a de los mosaicos y objetos expuestos se agrupan por el yacimiento arqueol&oacute;gico del que proceden y otros se encuentran entremezclados.</p>
<p>En la <strong>planta baja</strong>, cerca de la entrada, se pueden contemplar sarc&oacute;fagos y otros objetos funerarios romanos de &eacute;poca imperial. Despu&eacute;s se puede acceder a la <strong>Sala</strong><strong> de Antig&uuml;edades Musulmanas</strong>, ascendiendo unos pocos escalones que conducen a una enorme puerta claveteada y a un zagu&aacute;n que se abre tras ella. Prosiguiendo, se ver&aacute;n parte de las dependencias privadas de los beys, con sus habitaciones arregladas con mobiliario de &eacute;poca, su patio de hermosas columnas de m&aacute;rmol y estucos y hasta una peque&ntilde;a cocina para preparar el t&eacute;, as&iacute; como tambi&eacute;n se muestran cer&aacute;micas antiguas en las consabidas vitrinas. Si se retrocede sobre lo andado y se vuelve hasta el portal&oacute;n &aacute;rabe, se puede continuar en la <strong>planta inferior</strong> a lo largo de una serie de salas que contienen <strong>antig&uuml;edades p&uacute;nicas</strong> halladas en Cartago: figurillas, cer&aacute;mica, estelas del Tofet o necr&oacute;polis infantil, (donde las teor&iacute;as se dividen, llegando incluso al sensacionalismo de los sacrificios infanticidas, para explicar esas cremaciones), bajorrelieves de la diosa Tanit y una estatua de terracota la deidad suprema, Baal Ham&oacute;n. Despu&eacute;s se llega a otras salas de mayor tama&ntilde;o donde aparecen <strong>mosaicos paleocristianos del s. VI </strong>y un baptisterio de este periodo, hallado en la Isla de Jerba. M&aacute;s all&aacute; comienza la colecci&oacute;n de <strong>mosaicos romanos</strong> que se extender&aacute; sobre todo, por las plantas superiores.</p>
<p>Ascendiendo por una <strong>doble escalinata</strong>, de la que cuelgan pa&ntilde;os de <strong>mosaicos funerarios paleocristianos</strong>, se accede a la segunda planta, donde suelos y paredes acogen multicolores mosaicos romanos de los yacimientos arqueol&oacute;gicos varios: de Thuburbo Majus, Duga...</p>
<p>Y llegados a la <strong>Sala</strong><strong> de Cartago</strong>, situada en el antiguo patio del palacio, (actualmente cubierto), nos encontramos con estatuaria de la Cartago romana, dos descomunales mosaicos pavimentales de la Casa de Icarios de Oudna, uno de ellos representa a <strong>Dioniso entregando una vid a Icarios, rey del &Aacute;tica,</strong> (de &eacute;ste han dejado una r&eacute;plica exacta en las ruinas de la casa) y el otro muestra escenas de la vida rural. En el centro del inmenso patio, han colocado el <strong>Altar de la Gens Augusta,</strong> un altar sacrificial que rememoraba la ascendencia y genealog&iacute;a divina del emperador Augusto.</p>
<p>En la <strong>Sala</strong><strong> de Susa</strong>, dedicada a la antigua ciudad de <strong>Hadrumetum</strong>, la mayor parte de lo expuesto adquiere proporciones cicl&oacute;peas, comenzando por la <strong>cabeza y los pies de una estatua de J&uacute;piter</strong> encontrados en el capitolio de Thuburbo Majus. Tambi&eacute;n es gigantesco el mosaico del <strong>Triunfo de Neptuno</strong>, que cubre el suelo y fue hallado en Hadrumetum, Susa. Pero la obra maestra de la sala es el mosaico denominado del <strong>Se&ntilde;or Julius</strong>, procedente de Cartago y que ilustra, a modo de c&oacute;mic, la vida de un terrateniente en una villa rural.</p>
<p>La <strong>Sala</strong><strong> de Duga</strong> contiene una maqueta de esta important&iacute;sima ciudad romana y varios mosaicos encontrados en ella, el m&aacute;s importante es el de los <strong>Tres C&iacute;clopes</strong>, que da nombre a las termas donde fue hallado. En esta sala se puede admirar <strong>el mosaico m&aacute;s bello de todo el museo: Neptuno y las Cuatro Estaciones</strong>, realizado con una finura sin parang&oacute;n, que procede de La Chebba. En la sala se abren dos hermosos miradores de madera pintada de azul turquesa, desde los cuales se puede contemplar la calle y la <strong>Mezquita</strong><strong> del Bardo</strong> que se sit&uacute;a enfrente.</p>
<p>La <strong>Sala</strong><strong> del Jem</strong>, se dedica a la ciudad de <strong>Thysdrus</strong>, la que hizo levantar el ambicioso <strong>anfiteatro</strong> que fue el tercero en dimensiones del mundo romano y que se mantiene en relativo buen estado. En esta sala hay <strong>mosaicos de bodegones y naturalezas muertas</strong>, uno de una monter&iacute;a y cubriendo el solado, <strong>El triunfo de Baco</strong>, con el dios montado en un carro tirado por dos tigresas y precedido por el semidi&oacute;s Pan.</p>
<p>La <strong>sala de m&uacute;sica</strong> del palacio beylical, con sus dos palcos, acoge la <strong>Sala</strong><strong> de Althiburos</strong>, en cuyo pavimento se muestra un mosaico denominado <strong>Cat&aacute;logo de Barcos</strong>, pues en &eacute;l son visibles veintiocho barcos con sus nombres en griego o en lat&iacute;n. Asimismo, destaca en esta sala el <strong>Mosaico del Banquete</strong>, que testimonia la vida de la casta patricia de la Cartago romana.</p>
<p>En la <strong>Sala</strong><strong> de Uthina u Oudna</strong>, acomodada en el antiguo comedor de palacio, cuelga <strong>Orfeo Encantando a los Animales</strong>. No obstante, el mosaico m&aacute;s importante de todo el museo, se halla en una preciosa sala octogonal coronada por una c&uacute;pula con atauriques de estuco, que formaba parte de las habitaciones privadas del bey. Es la <strong>Sala</strong><strong> de Virgilio</strong>, as&iacute; llamada porque este mosaico que nos ocupa, representa al gran <strong>poeta romano Virgilio</strong> sosteniendo un rollo de papiro sobre el que se lee el octavo verso de La Eneida y flanqueado por las musas Cl&iacute;o y Melp&oacute;mene. El mosaico se encuentra totalmente intacto y es el &uacute;nico retrato conocido del poeta, por lo que se le ha rebautizado como <strong>"La Gioconda Tunecina".</strong></p>
<p>Siguiendo el recorrido, en la <strong>Sala</strong><strong> de los Bronces</strong>, numerosas estatuillas de este metal, representando a Eros, Dionisos y otras deidades, se exhiben, coquetas, tras de las di&aacute;fanas lunas de grandes vitrinas. Las <strong>Salas de las Excavaciones Submarinas de Mahdia,</strong> exponen los objetos encontrados en un pecio griego hundido a cinco Km. de la costa de Mahdia. Capiteles y esculturas presentan partes carcomidas y erosionadas por la acci&oacute;n del mar y el salitre y otras intactas, salvadas por la arena al haber quedado enterradas en el lecho marino.<br />En esta zona hay varias salas que exhiben mosaicos con temas relativos al mar y a sus mitol&oacute;gicos moradores: Neptuno y Anfitrite, Oc&eacute;ano, Nereidas, caballitos y monstruos marinos, delfines...</p>
<p>Una imponente tumba romana de yeso y estuco preside, en el centro, la <strong>Sala</strong><strong> del Mausoleo.</strong> Se rodea de mosaicos geom&eacute;tricos en el suelo y de otros en las paredes, entre los que sobresale uno con medallones de animales, inspirado en los juegos circenses y que proviene de Thuburbo Majus.</p>
<p>La <strong>Sala</strong><strong> de Ulises</strong>, as&iacute; llamada por el <strong>Mosaico de Ulises</strong>, que representa al h&eacute;roe griego atado al m&aacute;stil de un nav&iacute;o para no sucumbir a los cantos de las sirenas. &Eacute;stas son representadas seg&uacute;n la mitolog&iacute;a romana: mitad hombres, mitad aves de rapi&ntilde;a. Otros dos mosaicos de importancia que se ubican en esta sala son <strong>El Triunfo de Neptuno y Anfitrite</strong> y <strong>La Coronaci&oacute;n</strong><strong> de Venus</strong>. En las salas contiguas, hay otro mosaico similar a este &uacute;ltimo: <strong>Venus Coronada por Dos Centauros.</strong></p>
<p>Ascendiendo a la <strong>segunda planta del museo</strong>, se pueden avistar los mosaicos pavimentales de la Sala de Cartago, con una perspectiva de p&aacute;jaro y diversos puntos de vista, ya que dicha sala, el antiguo patio del palacio, es circundada enteramente por un corredor. La <strong>Sala</strong><strong> de las Escenas de Caza</strong>, contiene mosaicos relativos a este tema, como <strong>Teseo Matando al Minotauro</strong>, motivo que se inscribe dentro de un dibujo geom&eacute;trico y que simboliza el Laberinto de Cnosos. Tambi&eacute;n hay mosaicos sobre combates de p&uacute;giles y de gladiadores, as&iacute; como de un "bestiare", <strong>El gladiador Bellunaire matando a un le&oacute;n en el anfiteatro.</strong></p>
<p>En la <strong>Sala XXI</strong><strong>,</strong> cuelgan mosaicos de tema variado, sobresaliendo dos sobre <strong>Diana Cazadora.</strong> Por &uacute;ltimo, en la <strong>Sala</strong><strong> de Acholla,</strong> se exponen los maravillosos mosaicos de grandes dimensiones que cubr&iacute;an el suelo del <strong>frigidarium de las Termas de Trajano</strong> de la portuaria ciudad de Acholla, situada a cuarenta Km. al norte de la actual Sfax. Tambi&eacute;n acompa&ntilde;an a este lote, mosaicos pertenecientes a villas de esta localidad, incluyendo los de la villa de un senador romano.</p>
<p><strong>ALGUNOS DATOS PR&Aacute;CTICOS:</strong></p>
<p>El tiempo que puede ocupar ver lo expuesto en este texto, la ciudad nueva de T&uacute;nez capital, su medina y el Museo del Bardo, no deber&iacute;a exceder de <strong>dos d&iacute;as completos,</strong> si bien eso depende del ritmo del viajero.</p>
<p><strong>T&uacute;nez es un pa&iacute;s seguro,</strong> sin apenas delincuencia y de gentes amables y hospitalarias. Su nivel de desarrollo es &oacute;ptimo comparativamente al resto de pa&iacute;ses del Magreb. No se aprecian cotas de pobreza que justifiquen la mendicidad, por eso es inexistente. El trato que reciben los animales callejeros como perros y gatos es humanitario y respetuoso.</p>
<p>Los meses m&aacute;s convenientes para visitar la capital de T&uacute;nez son <strong>los primaverales,</strong> pues en verano el calor se incrementa considerablemente, si bien en esta parte del pa&iacute;s no suele sobrepasar los 35&ordm;C. En <strong>septiembre comienza la temporada de lluvias,</strong> aunque &eacute;stas pueden hacer su aparici&oacute;n incluso durante la can&iacute;cula, ya que el verdor de los campos certifica un grado de humedad elevado. Por fortuna, no hay constancia de mosquitos.</p>
<p>La <strong>vestimenta adecuada,</strong> sobre todo para visitar la medina, es del tipo recatada, evitando en lo posible, sobre todo para las mujeres, escotes, tirantes que muestren hombros y espaldas, ropa muy ce&ntilde;ida o corta. Tampoco son bien vistos los hombres en pantal&oacute;n corto o camiseta de tirantes.</p>
<p>El idioma oficial es el <strong>&aacute;rabe</strong> , pero el <strong>franc&eacute;s</strong> es la segunda lengua y es hablado por la generalidad de los tunecinos, los cuales tambi&eacute;n entienden en buena medida el italiano, as&iacute; que no es muy dif&iacute;cil hacerse comprender en espa&ntilde;ol chapurreando alguna palabra francesa o italiana. Asimismo, es posible encontrarse personas que dominen el ingl&eacute;s.</p>
<p>Los precios de comidas y bebidas son en general econ&oacute;micos, as&iacute; como los de los''' taxis, que son muy asequibles.''' <strong>Un dinar tunecino equivale a cincuenta c&eacute;ntimos de euro,</strong> aproximadamente.</p>
<p><strong>El horario es id&eacute;ntico al horario espa&ntilde;ol.</strong></p>
<p><strong>No se precisa ninguna vacunaci&oacute;n especial,</strong> si acaso la de fiebres tifoideas si se va a visitar tambi&eacute;n el sur o las de hepatitis A y B con el mismo motivo, pero si se observan medidas higi&eacute;nicas como s&oacute;lo tomar agua embotellada, evitar cubitos de hielo y no comer frutas ni verduras sin pelar, no se hace necesario.</p>
<p>Las farmacias del pa&iacute;s y m&aacute;xime de la capital, est&aacute;n bien surtidas de todo tipo de medicamentos, sin embargo, es aconsejable llevar un botiqu&iacute;n con un poco de todo lo que pueda hacer falta.</p>
<p><strong>PR&Oacute;XIMA ENTREGA: </strong></p>
<p><strong></strong><br />Constar&aacute; de otros barrios perif&eacute;ricos de la capital tunecina: <strong>La Goulette</strong><strong>, (La Goleta), Carthage, con las ruinas de la antigua Cartago y Sidi Bou Said.</strong>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTA:</strong></p>
<p>Este texto ha sido publicado con anterioridad en mi cuenta de la web Ciao, con mi nick de "mayte_dalianegra" y tambi&eacute;n ha sido registrado reservando todos los derechos de autor bajo mi nombre real.</p>			<p>
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			</p>
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		</description>
		<author>dalianegra</author>
				<category>mis viajes</category>
				<comments>http://dalianegra.obolog.com/tunez-1-parte-ciudad-tunez-museo-bardo-253148#formulario</comments>
		<guid>http://dalianegra.obolog.com/tunez-1-parte-ciudad-tunez-museo-bardo-253148</guid>
		<pubDate>Thu, 14 May 2009 18:52:00 +0100</pubDate>
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		<title>Estampa Napolitana</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/estampa-napolitana-223076</link>
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			<![CDATA[
			<p>Cejijunto, de rostro atezado y mand&iacute;bula progn&aacute;tica, con el sombrero de fieltro negro calado hasta el l&iacute;mite de su angosta frente y aquella verborrea de charlat&aacute;n de feria que le caracterizaba, Tomassino Esp&oacute;sito se desped&iacute;a de su esposa con mil y una palabras, como si le acongojase dejarla sola y condenada al mutismo m&aacute;s absoluto durante toda la jornada, puesto que el cielo no les hab&iacute;a otorgado la bendici&oacute;n de una prole que la consolase con su compa&ntilde;&iacute;a.</p>
<p>Hab&iacute;a salido de su casa con el nacimiento de la aurora, cuando la b&oacute;veda celeste resplandec&iacute;a tornasolada por el albor del d&iacute;a. Mientras pedaleaba a buen ritmo a lomos de su vieja bicicleta, entonaba una cancioncilla popular napolitana -Jammo, jammo, 'ncoppa jammo ja', jammo, jammo, 'ncoppa jammo ja'. Funicul&iacute; funicul&aacute;, funicul&iacute; funicul&aacute;, 'ncoppa jammo ja', funicul&iacute; funicul&aacute; - y a ratos frunc&iacute;a el ce&ntilde;o al levantar la mirada hacia los cirros y c&uacute;mulos nubosos que, cual caracolas rojizas, iban dibujando estelas estriadas que rebrillaban con el &aacute;ureo fulgor del astro rey.</p>
<p>Tomassino moraba en una humilde casucha de un peque&ntilde;o pueblo de la Costa Amalfitana, un pueblecito colgado del acantilado y acunado por el arrullo de las amorosas olas del Tirreno. Su madre, natural de Positano, fue quien le introdujo en las sabias artes de la gastronom&iacute;a tradicional. De ella, que de soltera hab&iacute;a trabajado como cocinera para una de las familias nobles de la comarca, fue de quien hered&oacute; Tomassino su buen hacer ante los fogones.</p>
<p>Saludaba alegremente a cuanto vecino encontraba en el camino y sonre&iacute;a a la par que cantaba, aunque esto &uacute;ltimo a veces se lo dificultase el resuello. Era Tomassino un hombre jovial, cuyo f&iacute;sico poco agraciado no se correspond&iacute;a con el encanto que emanaba de su alma, dotada de una afabilidad y una benignidad propias de las personas sencillas y bienintencionadas.</p>
<p>Ten&iacute;a por costumbre santiguarse cuando avistaba el Vesubio en el horizonte, tras franquear la primera curva de la pedregosa pista por la que transitaba, a escasa distancia de su morada. Recordaba la violenta erupci&oacute;n que hac&iacute;a pocos a&ntilde;os hab&iacute;a asolado poblaciones relativamente cercanas a la suya, justamente cuando todo parec&iacute;a estar retornando a la calma, a la ansiada paz.</p>
<p>Y tambi&eacute;n ten&iacute;a siempre presente lo que su maestro, Don Vittorio Brizzi, le hab&iacute;a explicado durante una de las contadas ocasiones en las que le hab&iacute;a sido posible acudir a la escuela a lo largo de su infancia. Les hab&iacute;a hablado, a &eacute;l y a los dem&aacute;s ni&ntilde;os, de los antiguos romanos, de unas gentes, antepasados suyos, que no vest&iacute;an chaquetas ni pantalones, sino unas t&uacute;nicas y unas togas blancas enrolladas alrededor del cuerpo y que no cubr&iacute;an sus testas con sombreros, sino que las luc&iacute;an desnudas, como desnudas tambi&eacute;n retrataban a sus diosas y mujeres en incre&iacute;bles y realistas esculturas, con aquella carnalidad l&uacute;brica y lasciva que Tomassino hab&iacute;a visto en unas ilustraciones y fotograf&iacute;as que su profesor les hab&iacute;a mostrado y que, sin dar cr&eacute;dito a lo que sus ojos ve&iacute;an, le hab&iacute;an parecido lo m&aacute;s bonito del mundo, lo m&aacute;s deseable, aquella perfecci&oacute;n que le hac&iacute;a entonces anhelar crecer, hacerse mayor y conseguir como compa&ntilde;era una f&eacute;mina con semejantes atributos.</p>
<p>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, Tomassino se desenga&ntilde;&oacute; y comprob&oacute; que las muchachas hermosas de su pueblo, y las de los alrededores, eleg&iacute;an tambi&eacute;n a los mozos apuestos o a los que pod&iacute;an mantenerlas y darles buena vida con sus haberes y para &eacute;l, feo y pobre como era, qued&oacute;, como &uacute;nica alternativa, una de las j&oacute;venes menos atractivas del lugar. Pero no pareci&oacute; importarle mucho, pues era su Concetta de car&aacute;cter tan afectuoso y cordial como el suyo propio y le colmaba de todas las atenciones y placeres que un hombre de su condici&oacute;n pudiera desear.</p>
<p>Cuando el maestro les habl&oacute; de los romanos de anta&ntilde;o, de los que vest&iacute;an togados, tambi&eacute;n les relat&oacute; que all&iacute; cerca hab&iacute;an existido dos ciudades ricas y opulentas y que un nefasto d&iacute;a el volc&aacute;n, -cuya silueta ahora aparec&iacute;a ante s&iacute; majestuosa, recortada sobre el firmamento rosa y oro- , se las hab&iacute;a tragado, las hab&iacute;a sepultado, enterradas vivas bajo un manto de lava y escombros incandescentes; y todas aquellas personas hab&iacute;an perecido de forma horrenda y cruel sin que nada ni nadie pudiera salvarlas de una muerte segura.</p>
<p>Las elocuentes palabras del maestro impactaron en la mente pueril y fr&aacute;gil del Tomassino ni&ntilde;o y desde entonces experimentaba una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de impotencia, de rabia incluso, cuando vislumbraba meramente el contorno del Vesubio, cuya visi&oacute;n se hac&iacute;a omnipresente a lo largo de toda la bah&iacute;a; &eacute;sta era para &eacute;l una imagen cuasi demon&iacute;aca, perversa, mal&eacute;fica...</p>
<p>Le dol&iacute;an aquellos muertos de las antiguas Pompeii y Herculaneum o de Oplontis y Stabiae, tanto como los de San Sebastiano al Vesubio, Massa di Somma y San Giorgio in Cremano, en donde hab&iacute;a perdido conocidos, amigos y parientes lejanos. Se aflig&iacute;a por aquellas gentes de tiempos remotos como si fuesen sus abuelos o sus t&iacute;os, como si les hubiese conocido, y no pod&iacute;a por m&aacute;s que lamentarlo y temer a las fuerzas de la naturaleza tanto como a las del Maligno.</p>
<p>Pese a los infaustos recuerdos e inquietudes que aquella monta&ntilde;a, sempiternamente orlada por los nimbos, le trajese a la memoria, Tomassino se repon&iacute;a al instante, con la ingenuidad propia de las mentes c&aacute;ndidas y simples. Si bien no era absolutamente analfabeto, escrib&iacute;a y le&iacute;a a duras penas, pues hab&iacute;a ocupado buena parte de su ni&ntilde;ez en ayudar a su progenitor y a sus hermanos mayores en las faenas del campo y de la pesca, y cuando no, se hallaba al lado de su mamma, consagrado a los menesteres culinarios.</p>
<p>Pedalada tras pedalada, hab&iacute;a llegado ya a la ciudad, a la misma hora de siempre, pues si de algo se jactaba Tomassino, era de su extremada puntualidad. N&aacute;poles se ergu&iacute;a orgullosa de su pasado glorioso, soberbia e indiferente a la decadencia y al deterioro causados por el paulatino abandono y por la guerra que no hac&iacute;a mucho se hab&iacute;a librado entre sus calles. Todav&iacute;a al doblar una esquina parec&iacute;a resonar el eco de los taconazos de saludo de los alemanes o la musiquilla de una marcha militar fascista. A&uacute;n al anochecer, emerg&iacute;an de entre las sombras los fantasmas de soldados y oficiales, ora uniformados de caqui y ostentando brazales escarlata, estampados con esv&aacute;sticas negras inscritas en albug&iacute;neos c&iacute;rculos, ora ataviados de negro y ornados con calaveras blancas, saludando a la romana a un Duce al que ya hab&iacute;an devorado los gusanos. Y parec&iacute;an o&iacute;rse tambi&eacute;n, en las noches de tormenta, en lontananza, como en un esperanzador sue&ntilde;o, los ca&ntilde;onazos con que ingleses y americanos anunciaron su llegada. Todo aquello, todo aquel confuso horror, se hab&iacute;a sucedido apenas unos a&ntilde;os antes, empero la huella indeleble, que dejan la destrucci&oacute;n y la miseria, segu&iacute;a arraigada de forma perenne en la conciencia de los lugare&ntilde;os, marcada a fuego en sus carnes y en las piedras horadadas de sus edificaciones: peque&ntilde;os y grandes butrones que el tiempo no hab&iacute;a a&uacute;n logrado cicatrizar.</p>
<p>Tomassino Esp&oacute;sito pas&oacute; por delante de la Stazione Circumvesubiana, aqu&eacute;lla a la que arribaban los trenes que proced&iacute;an de la Costa de Amalfi en la que &eacute;l habitaba. Despu&eacute;s lleg&oacute; a la vasta Piazza Garibaldi y de all&iacute; tom&oacute; la Via A. Poerio para despu&eacute;s perderse en el d&eacute;dalo de callejas pr&oacute;ximas al Duomo o catedral y realizar algunas compras de productos frescos para los almuerzos y cenas que deb&iacute;a preparar. Los t&iacute;midos regatos que a&uacute;n corr&iacute;an por las calles eran paladinos indicios de que hab&iacute;a llovido copiosamente durante la noche, pero se evaporar&iacute;an enseguida, pues a pesar de ser todav&iacute;a una hora temprana, el sol ya empezaba a calentar e incrementar&iacute;a su viveza a medida que avanzase la ma&ntilde;ana, puesto que ya estaba pronta a llegar la can&iacute;cula.</p>
<p>Se detuvo en la Via dei Tribunali - v&iacute;a esta que ocupaba el primigenio trazado del Decumanus Maximus romano - ante la Pescheria La Sirena, regentada por su amiga Angelina, y compr&oacute; varios pulpos de peque&ntilde;o tama&ntilde;o, que se conservaban vivos en baldes de hierro esmaltado llenos de agua de mar, al objeto de mantener su frescura y calidad. Tambi&eacute;n adquiri&oacute; hortalizas, algunas verduras, salami y un jam&oacute;n de Parma en la tienda de otro de sus amigos, Gianni Moscati, con el que convers&oacute; animadamente por espacio de breves minutos. Carg&oacute; las mercanc&iacute;as en el cesto de la bicicleta y en un par de grandes bolsas de tela que hubo de llevar colgadas a ambos lados del manillar.</p>
<p>Afortunadamente la carga no le incomodaba demasiado, pues ya no faltaba mucho para llegar a su destino. Pedale&oacute; por la Via del Duomo en direcci&oacute;n norte hasta cruzar la Via Luiggi Setembrini y se plant&oacute;, raudo y veloz como una saeta, bajo la Porta San Gennaro. Era &eacute;sta la m&aacute;s antigua de las puertas de la ciudad, mencionada ya en vetustos anales del a&ntilde;o 928, cuando constitu&iacute;a el &uacute;nico punto de acceso a la muralla greco-romana desde la zona septentrional. Con el tiempo, perdida ya la primitiva barbacana, la puerta hab&iacute;a cambiado su fisonom&iacute;a merced a numerosas reformas y se trataba pues, de un arco que coronaba la calle que otrora conduc&iacute;a a las catacumbas del santo milagrero patr&oacute;n de la urbe, cuya sangre, contenida en dos ampollas atesoradas en su capilla de la catedral, se licuaba dos veces al a&ntilde;o y de no hacerlo, presagiaba la llegada de calamitosos acontecimientos. La arcada mediaba ahora entre dos edificios enfrentados, como si de un puente tendido entre ambos se tratase. Una hornacina rectangular, centrada sobre la clave del arco, conten&iacute;a una pintura al fresco representando a San Genaro arrodillado ante la majestad de Cristo.</p>
<p>Al pie de la Porta San Gennaro, a su izquierda, bajo un vetusto toldo de desva&iacute;das franjas bermejas alternadas con otras de un blanco amarillento, se situaba la Pizzeria di Vicenzo e Luciano, un modesto pero impoluto local de comidas. All&iacute; era donde Tomassino ejerc&iacute;a como gran maestre indiscutible de ese sancta sanctorum que constitu&iacute;a su cocina.</p>
<p>Arrim&oacute; la bicicleta a una de las desconchadas paredes del inmueble y su pituitaria percibi&oacute; el aroma a jab&oacute;n de Marsella que emanaba de las inmaculadas s&aacute;banas que colgaban por doquier, suspendidas de una parte a otra del callej&oacute;n, zarandeadas por la brisa y acariciadas por el sol, que las hac&iacute;a relucir mostrando su n&iacute;veo esplendor. Entr&oacute; en la pizzer&iacute;a cargado con las bolsas y paquetes y su jefe Luciano, que ya se encontraba en el interior, ultimando los detalles para abrir al p&uacute;blico, le salud&oacute; cort&eacute;smente.</p>
<p>- Hola Tomassino, &iexcl;buen d&iacute;a! &iquest;Traes todo?</p>
<p>- Hola, Don Luciano - salud&oacute; a su vez Tomassino-, &iexcl;buen d&iacute;a! S&iacute;, creo que no falta nada. Haremos un buen men&uacute;, Don Mario quedar&aacute; encantado, como siempre.</p>
<p>- S&iacute;, s&iacute;, como siempre, como siempre. - Respondi&oacute; su patr&oacute;n con la sonrisa en los labios mientras desempolvaba unas botellas de chianti.</p>
<p>Luciano Di Stefano hab&iacute;a heredado el negocio que su padre Vicenzo hab&iacute;a fundado en 1910, y en el cual Vicenzo se ocupaba tambi&eacute;n de la cocina, pero tras el fallecimiento de &eacute;ste y en vista de que &eacute;l no estaba dotado para detentar tal cargo, tom&oacute; a Tomassino a su servicio por recomendaci&oacute;n expresa de Don Mario Pagano.</p>
<p>Tomassino dej&oacute; todo en el almac&eacute;n, colg&oacute; su ra&iacute;da chaqueta de pana y su sombrero negro y se puso una casaca y un gorro de cocinero almidonados e impecablemente blancos. Entro en la cocina, donde sus dos ayudantes, Gaetano y Michele, le esperaban y les transmiti&oacute; un jovial saludo.</p>
<p>- Hola, &iquest;c&oacute;mo va todo? &iquest;Preparados para encarar bien el d&iacute;a?</p>
<p>- S&iacute;, - le contestaron ellos al un&iacute;sono - lo que t&uacute; digas, jefe.</p>
<p>Gaetano Parisi era un joven desgalichado, de cara larguirucha y macilenta dominada por una descomunal nariz aguile&ntilde;a, pero obediente y bien dispuesto para el trabajo. Michele Schialfa tambi&eacute;n era un muchacho hacendoso y servicial, pero, a diferencia de Gaetano, era de complexi&oacute;n fuerte y bien formado, de espaldas anchas y proporcionadas, como tambi&eacute;n lo eran sus facciones, viriles y hermosas: los ojos negros, grandes y almendrados, la boca de firme trazo, de gruesos labios bien delineados. Por &eacute;l suspiraban de amor las f&eacute;minas de medio vecindario.</p>
<p>Transcurri&oacute; la ma&ntilde;ana entre bromas y chistes hilarantes, como era habitual entre Tomassino y sus pinches, elaborando pasta fresca, masa para las pizzas, salsa de tomate, pesto, guisando las verduras y legumbres para la minestrina, preparando los pulpitos para servir de antipasto, lonchando el prosciutto o jam&oacute;n y el salami para incorporarlos a los diversos platos.</p>
<p>Y en esto lleg&oacute; la hora del almuerzo y la clientela ya atestaba el comedor e incluso la espaciosa terraza que se ubicaba frente a las portadas abiertas del restaurante y de la cocina. Luciano, el propietario, corr&iacute;a febrilmente de un lado a otro ayudado por su esposa Claudia y su hija Silvana, que hab&iacute;an bajado, para tal fin, del apartamento que ocupaban en la planta primera del edificio, y entre los tres no daban abasto a servir las mesas. A veces era el propio Tomassino quien, saliendo por la puerta de la cocina, que daba directamente a la calle y cuyas dos hojas permanec&iacute;an siempre abiertas mostrando el interior de la misma, oficiaba de ocasional camarero portando una deliciosa pizza o un plato de humeante pasta.</p>
<p>Fue as&iacute; como hab&iacute;a visto por vez primera a su &aacute;ngel. En aquella ocasi&oacute;n ven&iacute;a tambi&eacute;n del brazo de su madre y ambas tomaron asiento ante la misma mesa que ahora ocupaban, justo a la derecha de uno de los batientes de la portada de la cocina. Siempre se instalaban en la misma mesa de hallarla disponible, con un ritual que sol&iacute;an repetir en cada una de sus visitas: la madre, una robusta y corpulenta mujerona, se sentaba primero y seguidamente lo hac&iacute;a la hija, que nada parec&iacute;a haber heredado de ella, puesto que era gr&aacute;cil y esbelta cual cimbreante mimbre. La madre se despojaba del sombrero, desprendiendo previamente los alfileres que lo sujetaban a su pelo, y despu&eacute;s le quitaba el de la hija para, seguidamente, soltarle la frondosa cabellera sobre los hombros. La joven pose&iacute;a un cabello ondulado y centelleante como una noche estrellada, de un profundo color &eacute;bano, que contrastaba vivamente con su rostro p&aacute;lido y fr&aacute;gil, de una piel que ni la m&aacute;s fina seda de Oriente pudiera rivalizar en suavidad y tersura. Los enormes ojos rasgados, de felina mirada, los labios carnosos, sensuales, rojos como cerezas frescas y h&uacute;medas; y cuando sonre&iacute;a mostraba el marfil de sus dientes tan regulares, tan bien alineados, tan perfectos como los de los anuncios de dent&iacute;fricos de los peri&oacute;dicos.</p>
<p>Y eso era lo que m&aacute;s le gustaba a Tomassino, verla sonre&iacute;r, por eso procuraba servir &eacute;l personalmente su mesa y dedicarle tambi&eacute;n sonrisas con cada plato que le llevaba, para obtener a cambio una de las sonrisas que ella t&iacute;midamente esbozaba, un moh&iacute;n, cualquier cosa, incluso quedarse extasiado admirando su inconmensurable belleza virginal y escurrir furtivamente la mirada, henchida de deseo, por entre el escote de ella, imaginando la rotundidad de sus formas, el buen tama&ntilde;o de los mullidos pechos que los vestidos de livianas telas, tan ce&ntilde;idos a su estilizado talle, permit&iacute;an adivinar; la tonalidad y el perfil de sus ansiados pezones, que Tomassino imaginaba oscuros y sabrosos como el chocolate y erectos como pu&ntilde;ales que se clavaban en su cerebro con libidinosa furia y le provocaban una lubricidad extrema y descender, descender... ora vertiginosamente, ora con un vaiv&eacute;n cadencioso, entre espasmos de placer, hasta el abismo, hasta el infierno en que se abrasar&iacute;a de amor e &iacute;gnea pasi&oacute;n por aquel &aacute;ngel puro, su &aacute;ngel, su ni&ntilde;a.</p>
<p>Tomassino recordaba entre suspiros, que ya aquella primera vez que sus ojos tuvieron la dicha de encontrarla, se prend&oacute; como un poseso de su hermosura y apart&oacute; de su mente la imagen de su esposa Concetta, que era, en lo tocante al f&iacute;sico, la ant&iacute;tesis de esta muchacha. Si la una, Concetta, era burda y tosca, la otra, su &aacute;ngel, era de una finura sin parang&oacute;n alguno, delicada como una flor, como una mariposa que al batir las alas le sedujese con su irresistible embrujo y se pertrechara en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de su coraz&oacute;n. Ya entonces tambi&eacute;n la compar&oacute; con una de aquellas Venus marm&oacute;reas que su maestro, Don Vittorio, le ense&ntilde;ase en las fotograf&iacute;as de las enciclopedias al uso, de senos plenos y llenos y de sexos imp&uacute;dicamente descubiertos, prestos a ser palpados y pose&iacute;dos con deleite, con fruici&oacute;n y complacencia, como se degusta un jugoso y dulce higo maduro. As&iacute; la deseaba Tomassino, as&iacute;, con el ardor de un macho cabr&iacute;o, pero tambi&eacute;n observaba un cierto melindre, como si tuviese miedo de da&ntilde;ar a aquel ser casi et&eacute;reo, a profanar su naturaleza cuasi divina.</p>
<p>Sab&iacute;a que no era para &eacute;l, lo sab&iacute;a, no pose&iacute;a apenas cultura ni instrucci&oacute;n, pero comprend&iacute;a el alcance de sus limitaciones. Y adem&aacute;s se hab&iacute;a establecido una feroz competencia entre sus compa&ntilde;eros, aun cuando &eacute;stos fuesen sus subordinados. Tanto Gaetano como Michele eran m&aacute;s j&oacute;venes que &eacute;l, e incluso el feucho y desgarbado Gaetano podr&iacute;a ser considerado un gal&aacute;n a su lado, y no digamos Michele, con su apostura y gallard&iacute;a a flor de piel y su experta manera de conquistar a las mujeres. De hecho, Michele no le quitaba el ojo a su &aacute;ngel en cuanto la ve&iacute;a aparecer y procuraba pavonearse ante ella, en la terraza, siempre que pod&iacute;a. Menos mal que &eacute;l llevaba el mando de la cocina y cuando ve&iacute;a a su amada, les impon&iacute;a tareas a sus pinches para mantenerles entretenidos y alejados lo m&aacute;s posible de la joven.</p>
<p>A veces, Tomassino, que no hab&iacute;a conocido nunca antes el amor, a pesar de estar desposado con su Concetta, a quien quer&iacute;a mucho, sin duda, pero por quien no sent&iacute;a ni hab&iacute;a sentido jam&aacute;s pasi&oacute;n amorosa alguna, pronunciaba mentalmente el nombre de su ni&ntilde;a: Sof&iacute;a. Se llamaba as&iacute;: Sof&iacute;a. Desconoc&iacute;a su apellido, c&oacute;mo se llamaba su oronda progenitora o d&oacute;nde viv&iacute;a, pero sab&iacute;a eso: su nombre, su adorable nombre, lo conoc&iacute;a de labios de la madre de su &aacute;ngel. Sof&iacute;a, Sof&iacute;a, Sof&iacute;a, -se repet&iacute;a- y no hab&iacute;a para &eacute;l palabra m&aacute;s sonora y almibarada ni b&aacute;lsamo m&aacute;s lenitivo. Las s&iacute;labas tintineaban en sus o&iacute;dos cual monedas de plata cuando las vocalizaba en voz alta, embelesado, arrebatado con el recuerdo de su hur&iacute; de ojos y cabellos za&iacute;nos, de su idolatrada diosa sure&ntilde;a.</p>
<p>Y ella, su Sof&iacute;a, se hallaba ahora all&iacute;, sentada sobre el borde de la silla, con el tronco y el cuello maravillosamente erguidos, en aquella postura tan elegante y afectada que sol&iacute;a adoptar mientras su madre interrogaba a Don Luciano sobre las novedades culinarias del d&iacute;a. Tomassino la observaba de soslayo, encandil&aacute;ndose cada vez m&aacute;s con su candorosa y refinada imagen de cisne. &Eacute;l intu&iacute;a, sab&iacute;a, que tras su altiva apariencia se escond&iacute;a la candidez de una vestal sin m&aacute;cula alguna.</p>
<p>Don Luciano tom&oacute; nota del pedido de la mesa tres, de la mesa de Sof&iacute;a, y se la pas&oacute; a Tomassino, quien se dispuso a realizar los platos encargados como si la vida le fuera en ello. Sirvi&oacute; unos antipasti en las fuentes m&aacute;s bonitas con que contaba la vajilla del restaurante, y los decor&oacute; con esmero para mayor agrado de su amada. La hija de Don Luciano, Silvana, una joven rubicunda y vigorosa, intent&oacute; llevarlos a la mesa de Sof&iacute;a no sin antes forcejear con Tomassino y ganar &eacute;ste la disputa.</p>
<p>Sal&iacute;a Tomassino portando una bandeja con los antipasti variados para Sof&iacute;a, cuando vio llegar y tomar asiento ante la mesa dos de la terraza, a Don Mario Pagano, el hombre a quien &eacute;l y su familia tanto deb&iacute;an. Era &eacute;ste un var&oacute;n de mediana edad, de cabellos entrecanos y porte distinguido, alto, delgado y vestido con un traje negro entreverado con finas rayas blancas. Una camisa de seda, la corbata negra y el sombrero de fieltro, tambi&eacute;n negro, le aportaban un donaire dif&iacute;cil de superar por los presentes. Le acompa&ntilde;aban sus dos hombres de confianza, fornidos, herc&uacute;leos, y luciendo indumentarias casi tan exquisitas como la suya.</p>
<p>El due&ntilde;o de la pizzer&iacute;a, Don Luciano, se apresur&oacute; a retirarles las sillas en un gesto de estudiado servilismo mientras sonre&iacute;a parca y nerviosamente. Tomassino les salud&oacute;, asimismo, con otra sonrisa que m&aacute;s bien semejaba una mueca y con un leve movimiento de cabeza de signo afirmativo. Estaba habituado a recibir a Don Mario a diario, pero no por ello se aclimataba a aquel ambiente de tensi&oacute;n que permanec&iacute;a latente mientras Don Mario y sus g&aacute;ngsteres continuasen all&iacute;.</p>
<p>Don Mario Pagano era un capo de la Camorra, oriundo de Boscoreale, que se hab&iacute;a ense&ntilde;oreado con el control del contrabando y todo el tr&aacute;fico de &iacute;ndole delictivo de la ciudad. Hab&iacute;a pocos clanes que se atreviesen a hacerle frente, de hecho, &eacute;l era en aquellos momentos el due&ntilde;o y se&ntilde;or de N&aacute;poles. A&uacute;n as&iacute;, Don Mario se manten&iacute;a fiel a su pasado y, pese a su altaner&iacute;a y arrogancia, frecuentaba la humilde pizzer&iacute;a donde su padre, un indigente pobre de solemnidad, hab&iacute;a obtenido tantas y tantas refacciones gratuitas por mor del piadoso coraz&oacute;n de Vicenzo di Stefano, el malogrado ascendiente de Don Luciano.</p>
<p>Don Mario, como siempre, pidi&oacute; una botella de Lachryma Christi mientras ojeaba el papel que, a modo de carta, presentaba el escueto, pero sabroso, men&uacute; que la pizzer&iacute;a ofertaba para el d&iacute;a. La joven Silvana le escanci&oacute; el vino en una copa de cristal de Bohemia, de la cristaler&iacute;a que se utilizaba para uso exclusivo suyo. A Don Mario, acostumbrado a ver mujeres hermosas, le agradaba que le sirviese las viandas Silvana, la risue&ntilde;a hija de Don Luciano. Le gustaban las muchachas vivarachas y Silvana lo era, sin lugar a dudas, y adem&aacute;s pose&iacute;a un gran atractivo sexual: era una jovencita pelirroja de caderas anchas, nalgas prominentes y sus senos, rotundos y firmes, se bamboleaban arriba y abajo al comp&aacute;s de sus movimientos. Cuando Silvana se acercaba con las manos ocupadas por platos y bandejas, &eacute;l, p&iacute;caramente, aprovechaba a pellizcarla en el trasero, cuidando de que el padre de la chica no le viese para no afrentarle, y cada vez que ella se inclinaba sobre la mesa para servirle, deslizaba los ojos, sin la menor pudicia, por la abertura de la blusa de la muchacha, acertando a vislumbrar, a veces, un travieso pez&oacute;n que se mov&iacute;a libre de la atadura de ning&uacute;n sost&eacute;n, por entre la vaporosa tela.</p>
<p>Don Mario les hac&iacute;a gui&ntilde;os de complicidad a sus matones sobre la ingenua adolescente, entre bromas veladas y risotadas que denotaban su deseo por poseer y desflorar a la p&uacute;ber. S&oacute;lo hab&iacute;a algo que refrenaba los m&aacute;s bajos instintos de aquel hombre que manejaba tambi&eacute;n el negocio de la prostituci&oacute;n de toda la urbe, y ese algo era la gratitud que le adeudaba a la familia de Don Luciano por el trato tan humanitario que le hab&iacute;an proporcionado a su progenitor cuando &eacute;ste m&aacute;s lo necesitaba.</p>
<p>Quiz&aacute;s por eso Don Mario se hab&iacute;a apercibido de la presencia de aquella otra joven tan bella que, desde hac&iacute;a unos d&iacute;as, almorzaba en la mesa contigua acompa&ntilde;ando a una gruesa se&ntilde;ora. Se hab&iacute;a fijado en el refinamiento de sus modales a la hora de sujetar los cubiertos, en su mesura para hablar y en la timidez de la que hac&iacute;a gala cuando sus miradas se cruzaban. Y cuando esto suced&iacute;a, cuando sus ojos encontraban los de ella, se sent&iacute;a un le&oacute;n atrapando a su gacela, le daba caza una y otra vez y la despedazaba a besos y a mordiscos e imaginaba la sangre roja e hirviente de ella manando a borbotones y tintando de carmes&iacute; su tez de ninfa. S&oacute;lo mirarla, s&oacute;lo atisbar su egregia efigie de casta diva y el coraz&oacute;n se le sal&iacute;a por la boca de deseo contenido. Don Mario Pagano, aqu&eacute;l que esclavizaba a cientos de mujeres napolitanas, hab&iacute;a ca&iacute;do tambi&eacute;n rendido ante el fascinante hechizo de Sof&iacute;a.</p>
<p>El capo alz&oacute; su copa en se&ntilde;al de saludo hacia Sof&iacute;a y su madre, y el sol, que hab&iacute;a llegado ya a su c&eacute;nit, traspas&oacute;, con sus centelleantes rayos, una rendija abierta en la lona del entoldado y alcanz&oacute; el Lachryma Christi, irradiando los destellos y tonalidades propios de un rutilante rub&iacute; facetado. La madre de Sof&iacute;a asinti&oacute; con gratitud ante semejante gesto y Don Mario se dirigi&oacute; a ellas con magistral oratoria:</p>
<p>- &iquest;Saben, se&ntilde;oras m&iacute;as, que &eacute;ste es un vino &uacute;nico en el universo?- les espet&oacute;, alzando la voz, no sin cierta petulancia.- Una antigua leyenda asegura que el diablo se llev&oacute; un trozo del cielo y que despu&eacute;s lo dej&oacute; caer aqu&iacute;, en N&aacute;poles, al pie del mismo Vesubio. Y cuando Jes&uacute;s, nuestro Se&ntilde;or, supo del hurto de Lucifer, no pudo por menos que llorar y sus benditas l&aacute;grimas, las l&aacute;grimas de Cristo, cayeron sobre nuestra bienaventurada tierra y de ella brotaron las cepas que dieron origen al vino. &Eacute;ste, se&ntilde;oras, es el mejor y el m&aacute;s antiguo de los vinos del mundo, paladearlo es un privilegio reservado s&oacute;lo a muy pocos.</p>
<p>Y tras concluir su discurso, hizo traer una botella del mismo caldo para la mesa de las dos mujeres. Se trataba de un Mastroberardino, de una reserva especial, que Don Luciano atesoraba como oro en pa&ntilde;o, en el fondo de su bodega.</p>
<p>La madre de Sof&iacute;a se mostr&oacute; sorprendida y muy agradecida por el singular obsequio y la hermosa joven baj&oacute; la cabeza, ruborizada y turbada ante la insolente mirada de Don Mario, que la desnudaba en cuerpo y alma inspeccionando minuciosamente cada detalle, cada poro de su piel. No pudiendo resistir el examen ocular del que estaba siendo objeto, Sof&iacute;a se levanto y se dirigi&oacute; al lavabo con el &aacute;nimo de refrescarse la cara, que le ard&iacute;a de verg&uuml;enza, y escapar a tan embarazosa situaci&oacute;n.</p>
<p>No bien se hubo levantado y los ojos de Don Mario y sus secuaces la siguieron, recorriendo con desmedido atrevimiento la curvatura de sus prietos gl&uacute;teos y de sus ondulantes caderas, que se contoneaban, sin propon&eacute;rselo, cada vez que sus largas piernas avanzaban un paso encaramadas sobre aquellos elevados tacones. Y escrutaban tambi&eacute;n, sin la menor conmiseraci&oacute;n, incluso hasta las costuras posteriores de sus sedosas medias negras, que tremolaban oscilantes, como dos sierpes encantadas, al ritmo de su acompasado caminar. Los tres malhechores la deseaban con vehemencia, como la deseaba cada hombre que se cruzaba en su camino. Sof&iacute;a no pod&iacute;a dejar indiferente a nadie, pose&iacute;a el don de la belleza en grado superlativo y era ese don una cualidad m&aacute;s propia de las deidades que poblaban los para&iacute;sos celestiales, que del com&uacute;n de los mortales.</p>
<p>Don Mario daba buena cuenta de un plato de tortiglioni con rra&ugrave; napoletano, regado abundantemente por su Mastroberardino preferido, mientras sus dos guardaespaldas le acompa&ntilde;aban, ahora silentes, escudri&ntilde;ando pausadamente, desde sus asientos, cada rinc&oacute;n de la calleja en busca de un posible peligro. Uno de ellos, Giuseppe De Palma, un hombre joven, pero de apariencia ligeramente avejentada por sus duros y adustos rasgos faciales, sac&oacute; un pa&ntilde;uelo del bolsillo de su americana y procedi&oacute; a secarse el sudor que se le escurr&iacute;a por la frente a causa del considerable calor del mediod&iacute;a. Don Mario se percat&oacute; de la perentoria necesidad que ten&iacute;an sus sicarios de reponer l&iacute;quidos y con una actitud generosa, impropia de &eacute;l en situaciones similares, requiri&oacute; a la ingenua y campechana Silvana, para que les sirviese una jarra de agua fresca.</p>
<p>- Mocita, tr&aacute;eles a &eacute;stos ag&uuml;ita clara, anda, que se me van a resecar con tanta sudoraci&oacute;n. - Dijo vociferando, como buen napolitano, a la par que soltaba una sard&oacute;nica carcajada.</p>
<p>- Si, Don Mario, como usted mande, ahora mismo se la traigo.- Respondi&oacute; sumisa la chica, emprendiendo una carrerilla hasta la cocina.</p>
<p>Entretanto, la madre de Sof&iacute;a depart&iacute;a con Don Luciano sobre el origen de la Puerta de San Genaro que ten&iacute;an tras de ellos a modo de teatral decorado. Ella parec&iacute;a ser una erudita en la materia, no en vano le recalc&oacute; al hostelero que su malogrado c&oacute;nyuge hab&iacute;a sido profesor universitario de Historia Antigua, y que de &eacute;l hab&iacute;a adquirido ella algunos de esos significativos conocimientos.</p>
<p>- No, no, Don Luciano, esta puerta ya estaba ah&iacute; en la &eacute;poca de la Roma Imperial, hombre, si lo sabr&eacute; yo, y mucho antes tambi&eacute;n, que no me lo habr&aacute; relatado mi querido marido, que en gloria est&eacute; el pobrecito, pocas veces. - Repuso la gruesa se&ntilde;ora con aires de sabihonda.- Lo que s&iacute;, que no ten&iacute;a el aspecto que usted ve ahora, eso por supuesto, cada &eacute;poca le ha ido a&ntilde;adiendo unas cosas y rest&aacute;ndole otras.</p>
<p>- Bueno, bueno, se&ntilde;ora, si usted lo dice ser&aacute; verdad, no lo dudo.- Le confirm&oacute; el restaurador sin demasiadas ganas de discutir sobre el tema.</p>
<p>Tomassino, ensimismado en sus quehaceres, ali&ntilde;aba con una arom&aacute;tica albahaca las dos pizzas que Sof&iacute;a y su madre hab&iacute;an pedido como primer plato y ya se dispon&iacute;a a colocarlas sobre su brazo izquierdo para salir a servirlas a la mesa de su amada, cuando escuch&oacute; el fiero y atronador rugido de una motocicleta acerc&aacute;ndose. Sin saber a ciencia cierta el porqu&eacute;, se qued&oacute; paralizado durante unos instantes, como si un turbio presentimiento se cerniese sobre &eacute;l y le impidiese mover un solo miembro.</p>
<p>En aquel momento la bella Sof&iacute;a, que ya hab&iacute;a recobrado la serenidad gracias a unas refrescantes abluciones y presentaba de nuevo una expresi&oacute;n digna y sosegada, regresaba a la mesa de la terraza, si bien nadie repar&oacute; en su presencia, pues toda la concurrencia se hab&iacute;a vuelto, instintivamente, hacia la ruidosa moto que se acercaba, acelerando cada vez m&aacute;s, hasta que se detuvo delante de la pizzer&iacute;a durante unos segundos. Entonces se oy&oacute; el seco tabletear de una ametralladora, sin que casi nadie pudiese reaccionar de manera alguna.</p>
<p>Tomassino, en un r&aacute;pido acto reflejo, se ech&oacute; al suelo y desde su posici&oacute;n pudo ver c&oacute;mo volaban por el aire los enseres, el menaje y las vituallas de su cocina, todos ellos despedazados, hechos a&ntilde;icos, entre una atm&oacute;sfera de polvo y confusi&oacute;n. Cuando hubo cesado el fragor de los disparos y escuch&oacute; alejarse la motocicleta, se levant&oacute; y sali&oacute;, aturdido y dando tumbos, al exterior.</p>
<p>Lo que contempl&oacute; fue una escena dantesca, la m&aacute;s atroz de las pesadillas: todos los comensales de la terraza se hallaban muertos o malheridos; tambi&eacute;n la balasera hab&iacute;a alcanzado a muchos de los que se encontraban en el comedor interior y a sus dos ayudantes, si bien estos &uacute;ltimos no daban muestras de que su estado revistiese gravedad. Los gritos de espanto iniciales hab&iacute;an cedido su puesto a los lamentos y gemidos quejumbrosos de los que a&uacute;n permanec&iacute;an vivos. Pod&iacute;a escuchar con nitidez el afligido sollozo de una mujer que lloraba a su esposo inerte como una apesadumbrada pla&ntilde;idera.</p>
<p>Don Mario y sus dos ac&oacute;litos yac&iacute;an muertos, sin ning&uacute;n tipo de duda, sobre la mesa y las sillas, descolgados en posturas inimaginables, con las cabezas destrozadas por las balas y ba&ntilde;ados en r&iacute;os de sangre. Uno de los esbirros hab&iacute;a echado mano de su arma corta, una pistola que Tomassino reconoci&oacute; como una Parabellum o Luger alemana, pero no parec&iacute;a que hubiese tenido ni tan siquiera tiempo de disparar y se hab&iacute;a quedado aferrado a ella, con el &iacute;ndice a punto de apretar el gatillo.</p>
<p>Tomassino no les prest&oacute; demasiada atenci&oacute;n a Don Mario y a los suyos y avanz&oacute; como pudo, tropezando con otra pistola que se les hab&iacute;a ca&iacute;do al suelo, esta vez se trataba de una Beretta. Continu&oacute; sorteando el mobiliario destrozado, ensangrentado y cubierto de fragmentos de loza, vidrio y los restos de lo que, hasta hac&iacute;a unos instantes, hab&iacute;an sido suculentos manjares, y se encontr&oacute; con el voluminoso cad&aacute;ver de la madre de Sof&iacute;a. Era m&aacute;s que evidente que la vida ya la hab&iacute;a abandonado, puesto que yac&iacute;a, desmadejada, en posici&oacute;n de dec&uacute;bito supino, con un rictus mortal y numerosas heridas incisas en el cr&aacute;neo y en el t&oacute;rax, producidas por el impacto de las balas. A su lado yac&iacute;an tambi&eacute;n los cuerpos de Don Luciano y de su hija Silvana, &eacute;l tendido en dec&uacute;bito prono y la muchacha sobre uno de sus costados, con la tahe&ntilde;a melena cubri&eacute;ndole compasivamente la cara. Apenas si les mir&oacute;, dado que emple&oacute; las escasas energ&iacute;as que parec&iacute;an quedarle en dar con el paradero de su amor. No hubo de buscar en exceso, pues la joven se hallaba medio oculta por el mantel de una mesa, a dos o tres palmos de su antecesora; tan s&oacute;lo sus piernas, con las medias de seda desgarradas a jirones, asomaban por entre la tela de lino repleta de trozos de cristal y lamparones de salsa de tomate, vino y diversas sustancias ahora irreconocibles. Tomassino apart&oacute; como pudo toda aquella repugnante mezcolanza y retir&oacute; parte de la manteler&iacute;a a un lado.</p>
<p>Comprob&oacute; que la ajustada falda de Sof&iacute;a se hab&iacute;a rasgado por su abertura lateral, dejando al descubierto su ropa interior, una pantaleta de cresp&oacute;n rosa, rematada por candorosas puntillas que delineaban dulcemente sus delicadas caderas, su vientre de doncella, apenas abultado, y la convexidad, largamente deseada, de su monte de Venus. Desliz&aacute;ndose sobre sus muslos de sirena, hac&iacute;an aparici&oacute;n los ligueros negros, ribeteados por sinuosos encajes que despertar&iacute;an la pasi&oacute;n m&aacute;s encendida en cuantos ojos tuviesen la suerte de contemplarlos. Empero ya no hab&iacute;a pasi&oacute;n que despertar al verla en aquel lastimoso estado y el pobre Tomassino se apresur&oacute; a cubrir las adoradas extremidades, a fin de preservar de la vista ajena, pudorosamente, sus m&aacute;s &iacute;ntimos tesoros. Y fue en ese momento, cuando utiliz&oacute; para ello el mantel que hasta entonces le tapaba el torso y el rostro, cuando pudo apreciar que su Sof&iacute;a a&uacute;n conservaba la vida. Respiraba con extrema dificultad, eso s&iacute;, pero respiraba al fin. Se acerco a su dulce faz y la vio muy p&aacute;lida, con aquellos ojos enormes abiertos como platos y la vista perdida en un incierto punto del infinito. Escuch&oacute; entonces un leve jadeo que proven&iacute;a de su garganta. Un hilillo de sangre le corr&iacute;a perpendicular a su barbilla desde la comisura izquierda de la boca y &eacute;sta se abr&iacute;a, una y otra vez, de modo inmisericorde, intentando en vano captar el ox&iacute;geno del aire. Al verla, se le antoj&oacute; un pececillo tratando de respirar fuera del agua, con sus voluptuosos labios abiertos como la valva de la que hab&iacute;a nacido la mism&iacute;sima Afrodita.</p>
<p>Tomassino acerc&oacute;, por vez primera, su boca a la de su amada y la bes&oacute; dilatadamente mientras las babas, que rezumaban con profusi&oacute;n de su cavidad bucal merced al llanto, y las abrasadoras l&aacute;grimas, que resbalaban a raudales por sus curtidas mejillas, se entremezclaban formando un fluido viscoso del cual emanaba todo el desconsuelo del mundo. Su semblante, fruncido y contra&iacute;do por el dolor, se mostraba m&aacute;s deforme que nunca y contrastaba con la belleza preternatural de la muchacha, que agonizaba a su lado con una herida abierta sobre el pecho izquierdo, de la cual brotaba la sangre a borbotones dejando un reguero que te&ntilde;&iacute;a de p&uacute;rpura las losas de la acera.</p>
<p>Acert&oacute; a balbucear unas palabras de amor que Sof&iacute;a ya no pudo discernir, pues en ese momento la oscuridad de la muerte se abati&oacute; sobre ella apagando para siempre el penetrante brillo de su mirada y Tomassino, consciente del fin de su amada, descorazonado, profiri&oacute; un lastimero alarido que rasg&oacute; el cielo con su aguda intensidad. Con los ojos empa&ntilde;ados por el incesante fluir de las l&aacute;grimas, hizo acopio de sus &uacute;ltimas fuerzas y pretendi&oacute; levantar en brazos el cuerpo laxo y deslavazado de su Sof&iacute;a, pero nada m&aacute;s intentarlo, cay&oacute; a plomo hincando sus rodillas sobre el duro pavimento y soltando, muy a su pesar, la preciada carga. Acto seguido, una horrible punzada lacerante le atenaz&oacute; el flanco derecho; se llev&oacute; a &eacute;l la diestra y cuando la vio totalmente ensangrentada, se le nubl&oacute; la vista y la cabeza comenz&oacute; a darle vueltas, todo giraba y giraba en torno a un eje imaginario, se sent&iacute;a tan mareado que apenas pod&iacute;a conservar la conciencia. Su tronco se dobl&oacute; bruscamente por la cintura, hacia delante, como el &aacute;rbol talado por el hacha del imp&iacute;o le&ntilde;ador, y su testa rebot&oacute; sobre el tierno lecho que conformaba el talle de su amada, aquel talle de mirto tan puro como las azucenas...</p>
<p>Tomassino Esp&oacute;sito cerr&oacute; lentamente los p&aacute;rpados y se dispuso a dormir el sue&ntilde;o eterno. Mientras se sum&iacute;a en la profundidad de las tinieblas, con la cabeza recostada sobre el regazo de su angelical Sof&iacute;a, le pareci&oacute; percibir, proveniente de alg&uacute;n ignoto conf&iacute;n, el alegre sonido de una canci&oacute;n napolitana: Jammo, jammo, 'ncoppa jammo ja', jammo, jammo, 'ncoppa jammo ja'. Funicul&iacute; funicul&aacute;, funicul&iacute; funicul&aacute;, 'ncoppa jammo ja', funicul&iacute; funicul&aacute;...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTA ACLARATORIA:</strong> Este relato tambi&eacute;n ha sido publicado en mi cuenta de la web Ciao, con mi nick de Mayte_dalianegra y est&aacute;, asimismo, registrado con todos los derechos reservados, bajo mi aut&eacute;ntico nombre.</p>			<p>
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		<author>dalianegra</author>
				<category>mis relatos</category>
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		<pubDate>Sun, 22 Mar 2009 05:57:00 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>Emperatriz del Mundo, (Imperatrix Mundi).</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/emperatriz-mundo-imperatrix-mundi-223071</link>
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			<![CDATA[
			<p>&nbsp;</p>
<p>Su mirada se qued&oacute; clavada en la pulpa de aquel higo que acababa de abrir con pulso tr&eacute;mulo. Sus u&ntilde;as, largas y ligeramente corvas, amarilleadas por el tiempo, se hab&iacute;an ensuciado con el dulce y viscoso jugo de la fruta, y el interior de &eacute;sta, con sus vellosidades carmes&iacute;es, le record&oacute; la masa sanguinolenta en que aquella ominosa Guardia Pretoriana hab&iacute;a convertido a la carne de su carne, si&nbsp; bien sab&iacute;a que era un mal necesario que ella misma, muy a su pesar, hab&iacute;a propiciado.</p>
<p>&nbsp;Solt&oacute; el fruto con desd&eacute;n y &eacute;ste se estrell&oacute; contra el pavimento, qued&aacute;ndose adherido parcialmente a &eacute;l, tal era su grado de madurez. Julia levant&oacute; la vista durante unos segundos para fijarse en el esclavo sumiller que se acercaba presto a rellenar su &aacute;urea copa. De modo casi inconsciente le hizo un gesto negativo meneando la cabeza y, entornando lentamente los p&aacute;rpados, volvi&oacute; a ensimismarse en el higo reventado contra el marm&oacute;reo solado. Ah&iacute; estaba &eacute;l, f&uacute;til, insignificante, derramando su fragante n&eacute;ctar sobre el "opus sectile" verde y grana de perfecta y arm&oacute;nica geometr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;Rememor&oacute; entonces las id&iacute;licas im&aacute;genes de&nbsp; los tiempos felices, cuando sus hijas, las dos Julias, a&uacute;n eran peque&ntilde;as y su marido, Julio Avito,&nbsp;todav&iacute;a no hab&iacute;a alcanzado el rango de c&oacute;nsul y ejerc&iacute;a de esposo y padre afectuoso. Qu&eacute; hermosas eran sus ni&ntilde;as, cu&aacute;nta vitalidad hab&iacute;a en aquellas peque&ntilde;uelas vivarachas y traviesas que correteaban arriba y abajo por las amplias estancias de su suntuosa domus romana. C&oacute;mo a&ntilde;oraba tambi&eacute;n su casa natal de Emesa, en Siria, una "villae suburbanae" tan luminosa, tan clara...y sobre todo, aquel mosaico tan primoroso que su padre, Julio Bassiano, hab&iacute;a encargado a unos afamados artesanos, oriundos de Cartago, para decorar el triclinium familiar. El motivo central, con la diosa Anfitrite cabalgando sobre un delf&iacute;n, se manten&iacute;a vivo en su memoria como tantos y tantos recuerdos de tiempos en los que la paz y la calma no hac&iacute;an presagiar el intenso y azaroso ajetreo con que se desarrollar&iacute;a su ulterior existencia. Cu&aacute;n deliciosa era aquella vida provinciana, sencilla y campechana, desprovista del fasto mundano de la matrona imperial en la que se hab&iacute;a convertido por m&eacute;ritos propios.</p>
<p>&nbsp;La luz asi&aacute;tica que la vio crecer se cubri&oacute; de sombras en su mente, cuando record&oacute; momentos m&aacute;s infaustos: la conspiraci&oacute;n que hubo de llevar a cabo para terminar de una vez por todas con las excentricidades de su nieto, que a punto estuvieron de llevar a su familia y a todo el Imperio a la bancarrota. No pod&iacute;a permitirlo, por m&aacute;s que amase a su descendiente, un bello efebo que hab&iacute;a perdido el norte.</p>
<p>&nbsp;-El pobrecito no sab&iacute;a lo que quer&iacute;a, tanto poder a tan temprana edad le hab&iacute;a trastornado - se dec&iacute;a. - Pero lo peor de todo era su cabezoner&iacute;a, era tan testarudo que se obcecaba en aquellos rituales religiosos absurdos. &iexcl;Pero si ya nadie pod&iacute;a rendir culto a ninguna deidad m&aacute;s que a &eacute;l y a su dichoso Deus Sol Invictus!</p>
<p>&nbsp;Ella misma hab&iacute;a adorado a esta divinidad ex&oacute;tica, demiurgo de su ciudad, Emesa, cuando a&uacute;n portaba su nombre original: El Gabal. Pero su nieto hab&iacute;a llevado las cosas a extremos insospechados, no s&oacute;lo se hab&iacute;a autoproclamado sumo sacerdote de la nueva religi&oacute;n, sino que subyugaba a todo el Imperio con el culto exclusivo a este dios solar. Y ella sab&iacute;a que eso estaba generando antipat&iacute;as contra su persona y, por ende, contra su dinast&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;-Todo el d&iacute;a con esas estupideces,- se repet&iacute;a.- Y mi hija Julia Soemia tambi&eacute;n le apoyaba en sus extravagancias y locuras, hasta en sus org&iacute;as multitudinarias le segu&iacute;a, cosa nunca vista desde los tiempos del depravado Cal&iacute;gula. Madre e hijo eran tal para cual. &iquest;Acaso yo y s&oacute;lo yo soy la &uacute;nica persona sensata y cabal de esta familia? &iquest;Por qu&eacute; no han heredado ellos mi inteligencia y mis dotes para la pol&iacute;tica y los asuntos de estado, por qu&eacute;?- se preguntaba una y otra vez.</p>
<p>&nbsp;Ni qu&eacute; decir de la antipat&iacute;a que sent&iacute;a por las esposas y amantes que su nieto se hab&iacute;a echado: la vestal, con el esc&aacute;ndalo y las repercusiones, a todos los niveles, que supusieron sus primeras nupcias con ella, la viuda, el auriga, el atleta...y tantos y tantos otros amantes ocasionales a los que el emperador Heliog&aacute;balo, convenientemente maquillado cual f&eacute;mina y envuelto en sedas que prontamente hac&iacute;a caer a sus pies, entregaba su cuerpo noche tras noche, a veces incluso a cambio de unos miserables denarios, como si de una meretriz barata se tratase. La ridiculez a la que llegaba aquel degenerado adolescente no ten&iacute;a l&iacute;mites, as&iacute; como tampoco los ten&iacute;a su crueldad, la cual alcanzaba las cotas m&aacute;s elevadas precisamente cuando intentaba hacerse el simp&aacute;tico, el gracioso, e invitaba a cuanto patricio se le cruzaba en el camino a banquetes donde los manjares que se serv&iacute;an conten&iacute;an excrementos o insectos ponzo&ntilde;osos o cuando no, los asfixiaba con el dulce aroma de millones de p&eacute;talos de rosas y violetas&nbsp;vertidos sobre ellos.</p>
<p>&nbsp;-&iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an ser tan diferentes mis dos nietos? &iquest;Por qu&eacute; Vario era el polo opuesto de Alejandro, en virtud de qu&eacute; difer&iacute;an tanto? - volv&iacute;a a interrogarse la abuela.</p>
<p>&nbsp;Vario Avito, que tomar&iacute;a el nombre de Marco Aurelio Antonino, para posteriormente mutarlo por Heliog&aacute;balo, era un muchacho alocado, mercurial y amoral, que gozaba con escandalizar al pueblo y al senado con sus costumbres licenciosas, con su bisexualidad desinhibida y desenfrenada y lo peor de todo: escapaba al control de su yaya, a su dominio, ya no hab&iacute;a manera de hacerle entrar en raz&oacute;n respecto a cualquier tema sugerido por la matriarca del clan. Era demasiado independiente y libertino. Roma ya no le aceptaba como su Imperator Caesar Augustus y su abuela Julia Maesa tampoco. Sin embargo, su primo Alejandro Bassiano, entronizado despu&eacute;s como Marco Aurelio Severo Alejandro, (aunque m&aacute;s&nbsp; conocido como Alejandro Severo), era justo lo contrario, de car&aacute;cter afable y pac&iacute;fico, era su docilidad la caracter&iacute;stica por la que su abuela hab&iacute;a vuelto sus ojos hacia &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;-S&iacute;, sin lugar a dudas, mi decisi&oacute;n ha sido la correcta, - se dec&iacute;a para sus adentros Julia Maesa mientras asent&iacute;a con la cabeza sin darse cuenta.</p>
<p>&nbsp;Intentaba alejar de s&iacute; los fantasmas de la duda y el remordimiento. Ella hab&iacute;a instigado aquel complot para derrocar a su d&iacute;scolo nieto Heliog&aacute;balo y sustituirle por Alejandro, a todas &nbsp;luces m&aacute;s sumiso y obediente. Pero, a&uacute;n as&iacute;, no esperaba un final tan tr&aacute;gico y cruento. Aquello se le hab&iacute;a escapado de las manos, aunque no era culpa suya, no, no lo era, - insist&iacute;a en su fuero interno,- los causantes del crimen eran los pretorios responsables de la matanza. Ellos y s&oacute;lo ellos eran los culpables, ella no hab&iacute;a hecho m&aacute;s que lo que consideraba un bien para Roma y para su dinast&iacute;a: los Severos. El sacrificio de los suyos era justo y necesario, pero ensa&ntilde;arse as&iacute; con los cad&aacute;veres ya lo consideraba denigrante.</p>
<p>&nbsp;-&iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;an tenido que decapitarles y descuartizarles? Y por si fuese poco, arrastrar sus restos mortales por las calles, como si de perros se tratase y arrojar los de su joven Heliog&aacute;balo a las aguas del T&iacute;ber. Como si no hubiese sido suficientemente humillante para un emperador haberle asesinado entre las heces de una letrina ... &iquest;No se percataban &nbsp;esos pretorios que estaban mancillando sangre patricia, m&aacute;s a&uacute;n, sangre imperial? Eso nunca se lo perdonar&iacute;a a esos infames y espurios asesinos, pero por ahora era m&aacute;s conveniente callar, no fuese que los &aacute;nimos volviesen a crisparse contra los miembros de su familia.</p>
<p>&nbsp;Ten&iacute;a que velar por el futuro de la hija y del nieto que a&uacute;n le quedaban. De &eacute;l, de su joven Alejandro, casi un ni&ntilde;o, ungido ya emperador, ser&iacute;a la gloria. De ella, de Julia Maesa, s&oacute;lo el poder.</p>
<p>&nbsp;Levant&oacute; sus penetrantes ojos negros del fruto que yac&iacute;a despachurrado en el suelo y sonri&oacute; levemente al senador que ten&iacute;a enfrente y que intentaba establecer un di&aacute;logo con ella. Era in&uacute;til, Julia no le escuchaba, continuaba absorta, &nbsp;inmersa en sus pensamientos m&aacute;s profundos, hab&iacute;a reparado en la felicidad que le procuraba la tenencia de tal prerrogativa y notaba c&oacute;mo un sentimiento de euforia se apoderaba de ella, ascendiendo a trav&eacute;s de su interior de forma desmesurada. De pronto, su sonrisa se dilat&oacute; al extremo hasta estallar en una s&uacute;bita y sonora carcajada. Estaba radiante, en esos momentos volvi&oacute; a sentirse la emperatriz del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTA BIOGR&Aacute;FICA:</strong> La Augusta&nbsp; Julia Maesa, (Emesa, Siria, 165 - Roma, 224 n.e.), fue la primera mujer admitida como senadora romana, (junto con su hija Julia Soemia). Conspir&oacute; para derrocar al emperador Macrino y conseguir el trono para el mayor de sus nietos. Fue tambi&eacute;n cu&ntilde;ada de un emperador, Septimio Severo, t&iacute;a de otro, Caracalla, y abuela de los dos &uacute;ltimos de la dinast&iacute;a Severa: el controvertido Heliog&aacute;balo y su primo Severo Alejandro. Su hija, Julia Soemia y el hijo de &eacute;sta,&nbsp; Heliog&aacute;balo, fueron asesinados, muy probablemente, por incitaci&oacute;n suya. Su otra hija, Julia Avita Mamea y su nieto, Severo Alejandro, tambi&eacute;n resultaron muertos durante un mot&iacute;n en Germania. Julia Maesa feneci&oacute; durante el reinado de Alejandro, siendo proclamada diosa por el senado y por el pueblo de Roma y consagrada como tal por su nieto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTA ACLARATORIA:</strong> Este relato tambi&eacute;n ha sido publicado en mi cuenta de la web Ciao, con mi nick de Mayte_dalianegra y est&aacute;, asimismo, registrado con todos los derechos reservados, bajo mi aut&eacute;ntico nombre.</p>			<p>
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		<author>dalianegra</author>
				<category>mis relatos</category>
				<comments>http://dalianegra.obolog.com/emperatriz-mundo-imperatrix-mundi-223071#formulario</comments>
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		<pubDate>Sun, 22 Mar 2009 05:33:00 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>CINE DE TEMÁTICA NAZI, 1ª parte.</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/cine-tematica-nazi-1-parte-223067</link>
		<description>
			<![CDATA[
			<p>&nbsp;</p>
<p>A pesar de mi evidente inexperiencia en estas lides, pese a que todav&iacute;a soy una ne&oacute;fita que pretende escribir opiniones interesantes con la audacia de quien nada tiene que perder, me propongo adentrarme en uno de mis campos favoritos, aun a riesgo de que pueda resultar minado: <strong>el CINE</strong>, con may&uacute;sculas.</p>
<p>Voy a recomendaros algunas de mis pel&iacute;culas favoritas. Y para comenzar, lo har&eacute; con aqu&eacute;llas cuya trama gira en torno a la <strong>tem&aacute;tica "nazi".</strong> No es que comulgue con semejante ideolog&iacute;a, todo lo contrario, pero sucede que esa &eacute;poca de la historia de Alemania, la que transcurre entre la Rep&uacute;blica de Weimar y la Segunda Guerra Mundial, ejerce para m&iacute; una extra&ntilde;a fascinaci&oacute;n.</p>
<p>No se trata de filmes l&uacute;dicos, divertidos o entretenidos, m&aacute;s bien son desgarradores testimonios de una historia relativamente reciente, de un pasado que no deber&iacute;amos olvidar para no estar condenados a repetirlo. Y a&uacute;n as&iacute;, conoci&eacute;ndolo como lo conocemos, hechos de similar calibre est&aacute;n sucediendo en nuestros d&iacute;as, otros holocaustos de los que nadie habla, otros genocidios en los que nadie piensa, seres humanos cruelmente inmolados por los que nadie rompe una lanza... Cerramos los ojos para no ver la realidad, ajenos a la injusticia y la opresi&oacute;n que est&aacute;n sufriendo pueblos como el palestino, el kurdo o tantos otros. Y ni siquiera se les rinde honores a estos nuevos m&aacute;rtires con obras maestras del celuloide tan memorables como las siguientes:</p>
<p>La primera de mi clasificaci&oacute;n representa <strong>el erotismo en tiempos de guerra:</strong></p>
<p><strong>EL PORTERO DE NOCHE, (Il Portiere di Notte).</strong> <br />-------------------------------------------------------------------</p>
<p><br />Cinta de 1974, coproducida entre Italia y Estados Unidos y dirigida por la italiana Liliana Cavani, autora de un sinf&iacute;n de buenas cintas como "San Francisco de As&iacute;s" (1966), "Galileo" (1969), "Los Can&iacute;bales"(1970), "Milarepa" (1974), "La Piel"(1981), "Detr&aacute;s De La Puerta"(1982), "Berl&iacute;n Interior"(1986), "Francesco"(1989) y "El Juego De Ripley"(2001).</p>
<p>Bajo las &oacute;rdenes de tan comprometida cineasta, encabezan el reparto los brit&aacute;nicos Dirk Bogarde y Charlotte Rampling, seguidos por Gabrielle Ferzetti, Isa Miranda, Giusseppe Adobbatti, Nini Bignamini y Philippe Leroy.</p>
<p>"El Portero De Noche" catapult&oacute; a la fama internacional tanto a Liliana Cavani, (de la cual es su obra maestra), como, sobre todo, a sus protagonistas, Dirk Bogarde Y Charlotte Rampling, que interpretan magistralmente a los inolvidables Max y Luc&iacute;a en una historia de amor sadomasoquista de elevado contenido er&oacute;tico.</p>
<p>El film arranca en la Viena de los a&ntilde;os 50. Max, antiguo oficial de la SS, intenta pasar desapercibido trabajando como simple portero de noche de un lujoso hotel de esta ciudad. Sus antiguos camaradas ahora ocupan cargos importantes y organizan juicios falsos con los que lavarse las manos de sus horrendos cr&iacute;menes. En breve tendr&aacute; lugar el juicio de Max, pero es justo cuando llega al hotel Luc&iacute;a con su marido, un joven y afamado director de orquesta. Todos ven su mundo temblar, esa mujer fue la antigua amante de Max, trece a&ntilde;os atr&aacute;s, en el campo de exterminio. Se rememoran entonces los momentos &aacute;lgidos de la pasi&oacute;n que Max sent&iacute;a por ella, una bell&iacute;sima y escu&aacute;lida adolescente que le serv&iacute;a como juguete de tortura.</p>
<p>Ahora que ambos se reencuentran, reviven de nuevo su "amor". Luc&iacute;a tambi&eacute;n ha quedado marcada por tan horrible experiencia: mantiene esa mirada verde, como las profundidades marinas, siempre perdida en alg&uacute;n punto del infinito. Los compa&ntilde;eros de Max ven en ella una amenaza de la que hay que desembarazarse, pero &eacute;l la ocultar&aacute; y proteger&aacute; a&uacute;n a riesgo de su propia vida. Llega incluso a encadenarla en su apartamento para que ellos no puedan llev&aacute;rsela cuando est&eacute; ausente. Esas cadenas no son sino una evocaci&oacute;n del pasado com&uacute;n de ambos y de cuanto a&uacute;n les une en el presente.</p>
<p>El final es estremecedoramente triste, tal vez el &uacute;nico colof&oacute;n posible para una historia rom&aacute;ntica de tal intensidad. Eros y T&aacute;natos en su m&aacute;xima expresi&oacute;n.</p>
<p>"El Portero De Noche" se halla cuajada de met&aacute;foras relativas al r&eacute;gimen nacionalsocialista, como la mermelada mezclada con vidrios rotos desliz&aacute;ndose por los sensuales y carnosos labios de la Rampling.</p>
<p>&Eacute;sta es una de mis pel&iacute;culas fetiche, pude visionarla cuando por fin fue estrenada tras muchos a&ntilde;os de absurda prohibici&oacute;n en nuestro pa&iacute;s. Me impact&oacute; hasta tal punto que a&uacute;n hoy la recuerdo v&iacute;vidamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br />Y tras enjugarnos las l&aacute;grimas, proseguiremos con una <strong>tragedia &eacute;pica</strong> de grandes proporciones:</p>
<p><strong>"STALINGRADO", (Stalingrad).</strong> <br />--------------------------------------------</p>
<p>Una producci&oacute;n germano-sueca del a&ntilde;o 1992. Su director, el alem&aacute;n Joseph Vilsmaier, ya hab&iacute;a dirigido con anterioridad, en 1989, "Leche De Oto&ntilde;o" y posteriormente, en el 2005, "Vera, Un Amor Siciliano". &Eacute;stos son sus &uacute;nicos trabajos como cineasta con anterioridad a este filme, si bien en el 2006 volvi&oacute; a dirigir otra obra ambientada en el nacionalsocialismo, "El &Uacute;ltimo Tren a Auschwitz", de la que hablar&eacute; m&aacute;s adelante.</p>
<p>Del elenco puedo aseverar que aunque os facilite los nombres de todos estos actores teutones, os vais a quedar como estabais, porque a buen seguro que no conoc&eacute;is a ninguno. No obstante, para la ficha de rigor, os dir&eacute; que los int&eacute;rpretes principales de este drama b&eacute;lico coral son Jophi Ries, Karel Husicka, Pavel Mang, Dominique Horwitz, Thomas Kretschmann, Jochen N&iacute;kel y etc...etc...</p>
<p>El argumento es bastante f&aacute;cil de explicar, dado que la cinta retrata con bastante crudeza la m&iacute;tica batalla de la Segunda Guerra Mundial cuya derrota constituy&oacute; el principio del fin para la supremac&iacute;a alemana en la conflagraci&oacute;n internacional.</p>
<p>Nos muestra la arrogancia de la m&aacute;quina b&eacute;lica germana, soldados nacidos para matar, en cuyos cinturones llevaban grabada la arenga "Dios con nosotros", con las mentes fijadas en un claro objetivo: la "Operaci&oacute;n Barbarroja", una pretendida (y pretenciosa) "guerra rel&aacute;mpago" que se abr&iacute;a en el frente ruso tras la ruptura del pacto de no agresi&oacute;n Molotov-Ribbentrop, entre Hitler y Stalin. La Batalla de Stalingrado, (1942-43), ten&iacute;a como meta la toma de los pozos petrol&iacute;feros del C&aacute;ucaso y fue denominada "Fall Blau", (Operaci&oacute;n Azul) por la Wehrmacht.</p>
<p>El film comienza con las impetuosas victorias alemanas, pero poco a poco va virando de tono, a medida que los germanos se van viendo obligados a retroceder por la contraofensiva sovi&eacute;tica, debido en gran parte a las err&oacute;neas &oacute;rdenes dictadas por el propio F&uuml;hrer, que determina dividir las fuerzas para iniciar la captura del C&aacute;ucaso y la del Volga al mismo tiempo. Aparta, a su vez, las unidades mecanizadas del 6&ordm; Ej&eacute;rcito del general Friedrich Paulus en el frente, que se halla sitiando la ciudad de Stalingrado y con ello toma la decisi&oacute;n fatal que conducir&aacute; a la derrota nazi en esta crucial batalla.</p>
<p>Las fuerzas del Tercer Reich, desmoralizadas, abatidas, son abandonadas a su suerte, ni siquiera reciben aprovisionamiento ni se evacua a los heridos y causan bajas de m&aacute;s de 250.000 hombres entre sus filas. La pel&iacute;cula no s&oacute;lo nos presenta el lado hist&oacute;rico de esta batalla, considerada la m&aacute;s sangrienta de la historia de la humanidad, (con un saldo total de v&iacute;ctimas mortales, entre ambos bandos, que sobrepasan el mill&oacute;n y medio), sino que ahonda en la vertiente humana de los personajes.</p>
<p>El espectador comprueba c&oacute;mo su inicial antipat&iacute;a ante estos imp&iacute;os asesinos, se torna en compasi&oacute;n tras las m&aacute;s de dos horas de duraci&oacute;n de la cinta. Las penurias y sufrimientos de tantos muchachotes arios, guaperas y rubiales, que mueren despanzurrados o congelados a causa del inclemente invierno ruso, mueven la conmiseraci&oacute;n del p&uacute;blico. Un teniente honesto y cabal y algunos de sus hombres: Hans, M&uuml;ller, Fritz...nos muestran la II Guerra Mundial desde un punto de vista al que no estamos acostumbrados: el bando de los "malos", que a final de cuentas son tan malos o tan buenos como cualquier otro. Simples seres humanos, independientemente de su nacionalidad o ideolog&iacute;a.</p>
<p>La trama se nos presenta m&aacute;s como un conflicto social que como una contienda entre potencias, enfrentando a los mandos, (verdaderos fan&aacute;ticos del partido nacionalsocialista), con las tropas de base. De hecho, los protagonistas llegan incluso a confraternizar con el enemigo, mientras que mantienen serias disputas con uno de sus superiores.</p>
<p>"Stalingrado" es, ante todo, una pel&iacute;cula antibelicista, que muestra el horror como m&eacute;todo para obtener la catarsis. Hay que rese&ntilde;ar tambi&eacute;n que algunas escenas del filme son un t&oacute;pico t&iacute;pico en el cine alem&aacute;n, podemos encontrar similitudes con otras pel&iacute;culas anteriores, ambientadas incluso en la Primera Guerra Mundial y en las novelas del dan&eacute;s Sven Hassel, gran conocedor de la Segunda Conflagraci&oacute;n, puesto que combati&oacute; con los alemanes en todos los frentes salvo en el africano.</p>
<p>A t&iacute;tulo de datos pr&aacute;cticos a&ntilde;adir que "Stalingrado" es, hasta la fecha, la producci&oacute;n de mayor presupuesto de la industria cinematogr&aacute;fica alemana y que el proyecto inicialmente le hab&iacute;a sido encargado a Sergio Leone, el cual no pudo llevarlo a cabo debido a su fallecimiento. Robert de Niro habr&iacute;a sido el protagonista principal si la muerte no se hubiese cruzado en el camino del director italiano. Para finalizar, s&oacute;lo cabe referir que los panzers que se utilizaron en el rodaje eran aut&eacute;nticos y que las escenas exteriores se rodaron en Siberia.</p>
<p>Continuaremos con <strong>mi pel&iacute;cula favorita</strong>, sin lugar a dudas, toda una <strong>controversia entre el deber impuesto por las altas jerarqu&iacute;as y la &eacute;tica personal</strong>, que refleja el papel que jugaron<strong> la Iglesia Luterana y sobre todo, la Cat&oacute;lica y el Vaticano</strong> con respecto al ideario nacionalsocialista y a sus aterradoras acciones.</p>
<p><strong>"AMEN".</strong><br />-------------</p>
<p>Cinta de nacionalidad francesa, estrenada en el a&ntilde;o 2002, dirigida por el realizador griego Costa-Gavras, (Konstantinos Gavras), en cuyo haber se hallan t&iacute;tulos tan importantes para la historia del s&eacute;ptimo arte como "Zeta", (1969), "Estado De Sitio", (1973), "Desaparecido", (1982) y "La Caja De M&uacute;sica", (1989), que tambi&eacute;n toca la tem&aacute;tica nacionalsocialista de los Cruces Flechadas h&uacute;ngaros. Costa-Gavras, siempre comprometido a nivel pol&iacute;tico, ha dirigido tambi&eacute;n multitud de filmes de gran calidad que no menciono para no prolongar esta opini&oacute;n en exceso. Su &uacute;ltimo trabajo hasta el momento es "Arcadia", (2005).</p>
<p>El reparto se halla encabezado por Ulrich Tukur, Mathieu Kassovitz, Ulrich M&uuml;he, Ion Caramitru, Friedrich von Thun y Antje Schmidt.</p>
<p>La trama de "Am&eacute;n" est&aacute; basada en una historia real, en la de Kurt Gerstein, comandante de las SS que propone el uso de un insecticida con base de cianuro, el tristemente c&eacute;lebre "Ziklon B", para desinfectar los barracones de los supuestos campos de concentraci&oacute;n y frenar los brotes de tifus. Tiempo m&aacute;s tarde y de forma casual descubre que ese gas es utilizado para otros fines en los que &eacute;l no hab&iacute;a pensado: el asesinato masivo de los prisioneros de esos campos, que eufem&iacute;sticamente son denominados como de concentraci&oacute;n, cuando realmente lo son de exterminio.</p>
<p>Horrorizado ante tal atrocidad pretende poner este hecho en conocimiento de los Aliados y de las autoridades religiosas luteranas para intentar frenar la masacre. Ante la negativa de los pastores protestantes, leales al r&eacute;gimen nazi o temerosos de represalias, acude al Vaticano como &uacute;ltimo recurso, ayudado por un sacerdote jesuita, (papel que interpreta Mathieu Kassovitz). Pero sus denuncias caen en saco roto, ni el Papa ni sus cardenales se prestan a su causa, dado que colaboran de forma soterrada, impl&iacute;cita, con la barbarie nazi.</p>
<p>Cabe destacar que as&iacute; como el personaje de Kurt Gerstein es real y fue juzgado por cr&iacute;menes que no cometi&oacute; en los Tribunales de Brandenburgo, (aunque posteriormente fuese rehabilitado), el cura cat&oacute;lico, Riccardo, que pierde su vida a causa de la filantrop&iacute;a, nunca existi&oacute; en la vida real. Forma parte de la ficci&oacute;n con la que Costa-Gavras apoya y enfatiza la acci&oacute;n de la pel&iacute;cula. Representa a todos aquellos sacerdotes que se opusieron, jug&aacute;ndose la vida, al terror nazi.</p>
<p>Es un film que conmueve por la honestidad de sus protagonistas, sin necesidad de exhibir las consabidas escenas horripilantes propias de otras producciones de similar asunto.</p>
<p>"Am&eacute;n" fue galardonada con el C&eacute;sar al mejor gui&oacute;n y se la considera una de las obras maestras de este director.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la misma l&iacute;nea y basada tambi&eacute;n en un caso real, he visionado hace muy poco otra cinta m&aacute;s reciente, en ella se muestra claramente <strong>la oposici&oacute;n de la Iglesia Cat&oacute;lica luxemburguesa</strong> al pujante y arrollador poder&iacute;o nazi y a sus innegables cr&iacute;menes.</p>
<p><strong>"EL NOVENO D&Iacute;A", (Der Neunte Tag).</strong> <br />------------------------------------------------------</p>
<p>Coproducci&oacute;n entre Alemania y Luxemburgo del a&ntilde;o 2004, (aunque estrenada en Espa&ntilde;a en el 2006), dirigida por Volker Schlond&ouml;rff, uno de los cineastas germanos m&aacute;s relevantes de la actualidad, tambi&eacute;n guionista de &eacute;xito y galardonado por ambas facetas en m&uacute;ltiples festivales de cine. Dirigi&oacute; pel&iacute;culas de la talla de "El Tambor De Hojalata" (1979), entre otras muchas y la versi&oacute;n televisiva de la obra teatral de Arthur Miller "La Muerte De Un Viajante", en su etapa estadounidense.</p>
<p>El reparto se compone de actores pr&aacute;cticamente desconocidos para el p&uacute;blico espa&ntilde;ol, por lo cual s&oacute;lo citar&eacute; a los protagonistas: Ulrich Mattes, que interpreta al padre Henri Kremer, August Diehl, Bibiana Beglau, Hilmar Thate y Jean-Paul Raths.</p>
<p>Esta cinta est&aacute; basada en una novela autobiogr&aacute;fica, escrita por un sacerdote cat&oacute;lico superviviente de un campo de exterminio nazi.</p>
<p>El padre Henri Kremer, (cuyo nombre real era otro y que fue el autor de la novela), es recluido en el Campo de Dachau por su abierta oposici&oacute;n a la ocupaci&oacute;n alemana. Pertenec&iacute;a a una poderosa familia de Luxemburgo, lo que no le evit&oacute; compartir una plaza, en el pabell&oacute;n de los sacerdotes, con otros cl&eacute;rigos que hab&iacute;an corrido su misma suerte.</p>
<p>El r&eacute;gimen nazi ansiaba el benepl&aacute;cito del Vaticano, el cual se manten&iacute;a a&uacute;n impronunciable y fue por ello por lo que acudieron al influyente obispo de Luxemburgo para que colaborase con la ocupaci&oacute;n alemana, cosa a la cual el obispo se neg&oacute; haciendo repicar diariamente las campanas en se&ntilde;al de duelo.</p>
<p>El padre Kremer es liberado del campo bajo un falso pretexto, con el verdadero objetivo de entrevistarse con el obispo y convencerle de la conveniencia de pactar con los nazis. Se le advierte que de no llevarlo a t&eacute;rmino, volver&iacute;a a ser internado en Dachau. El hombre se debate entre su instinto de supervivencia y su deber como ser humano y como sacerdote y al final gana su integridad moral aunque tenga que pagarlo volviendo al horror que ya hab&iacute;a conocido.</p>
<p>La interpretaci&oacute;n del padre Henri Kremer, llevada a cabo por el actor Ulrich Mattes, es absolutamente fabulosa, de una credibilidad y un realismo contundentes, hasta su figura esquel&eacute;tica y su rostro marcado y demacrado contribuyen enormemente a ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La pr&oacute;xima cinta seleccionada es <strong>una de las mejores y m&aacute;s galardonadas que sobre el tema del holocausto jud&iacute;o</strong> se hayan filmado. Ilustra <strong>la vida en un gueto y tambi&eacute;n en una ciudad ocupada </strong>y c&oacute;mo la supervivencia diaria se torna harto dificultosa en un medio tan hostil y peligroso. El gueto era el de Varsovia, el mayor de Polonia. El t&eacute;rmino gueto, en espa&ntilde;ol o en su forma original italiana, "ghetto", proviene del primer barrio separado, creado ex profeso, en 1516, para realojar a jud&iacute;os expulsados de Espa&ntilde;a en 1492, que se hab&iacute;an establecido en la entonces Rep&uacute;blica de Venecia. En ese barrio, (hoy englobado en el sestiere de Cannaregio), hab&iacute;a una fundici&oacute;n, que en italiano se denomina "getto" y de ah&iacute; que diese nombre al primer distrito urbano enteramente hebreo de Europa. Este nombre enseguida pas&oacute; a designar a las dem&aacute;s juder&iacute;as, a menudo cercadas o amuralladas, italianas y europeas.</p>
<p><br /><strong>"EL PIANISTA", (The Pianist). </strong><br />-------------------------------------------</p>
<p>Coproducci&oacute;n internacional: Francia, Alemania, Reino Unido, Polonia y Holanda, del a&ntilde;o 2002. Su realizador es sobradamente conocido, nada menos que el polaco Roman Polanski, autor de obras tan excelsas como "El Gordo Y El Flaco" (1961), "El Cuchillo En El Agua" (1962), "Repulsi&oacute;n" (1965), "Callej&oacute;n sin Salida" (1966), "El Baile De Los Vampiros" (1967), "La Semilla Del Diablo" (1968), "Macbeth" (1971), "Chinatown" (1974), "Tess" (1979), "Pirates" (1986), "Fren&eacute;tico" (1988), "Lunas De Hiel" (1992), "La Muerte Y La Doncella" (1994), "La Novena Puerta" (1999), "Oliver Twist" (2005) y la pr&oacute;xima, "Pompeia", para el 2008.</p>
<p>El elenco de actores lo encabeza Adrien Brody, quien obtuvo el Oscar al mejor actor por este papel, seguido de Thomas Kretschmann, Daniel Caltagirone, Frank Finlay, Maureen Lipman y Emilia Fox.</p>
<p>La pel&iacute;cula relata la historia real de Wladyslaw Szpilman, un relevante pianista jud&iacute;o de Varsovia, que, a sus 27 a&ntilde;os, es recluido junto con su familia en el ghetto de Varsovia y logra huir de la deportaci&oacute;n al campo de exterminio de Treblinka gracias a un polic&iacute;a del ghetto amigo suyo. Szpilman sobrevive trabajando en condiciones de esclavitud dentro del ghetto y despu&eacute;s, escondido fuera de &eacute;l, ayudado por amigos polacos no hebreos.</p>
<p>Desde su escondite, el m&uacute;sico presencia todos los horrores, torturas y vejaciones a que son sometidas las gentes de su etnia y tambi&eacute;n los fracasados levantamientos de los jud&iacute;os del ghetto, (una de las primeras revueltas masivas contra el poder nazi en Europa) y de la resistencia polaca.</p>
<p>Cuando abandona su confinamiento, impelido por la desnutrici&oacute;n, la buena suerte vuelve a acompa&ntilde;arle y sortea los m&aacute;s incre&iacute;bles peligros al borde de la mism&iacute;sima muerte, incluso es ayudado por un oficial alem&aacute;n, que, compadecido de &eacute;l, le oculta nuevamente y le proporciona alimentos. Poco despu&eacute;s los rusos liberan Varsovia y parad&oacute;jicamente, una confusi&oacute;n por parte de &eacute;stos, a punto estuvo de costarle la vida.</p>
<p>Agradecido, intenta ayudar a Win Hoselfeld, el oficial germano que le ayud&oacute;, pero &eacute;ste fue capturado por los sovi&eacute;ticos y enviado a un campo de concentraci&oacute;n desconocido. Hoselfeld hab&iacute;a ayudado tambi&eacute;n a otros muchos jud&iacute;os y a sacerdotes cat&oacute;licos, por ello fueron m&uacute;ltiples las peticiones que se enviaron a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica para su liberaci&oacute;n, pero todo intento fue vano y muri&oacute; en su cautiverio en 1952. Polonia le rindi&oacute; honores concedi&eacute;ndole una condecoraci&oacute;n p&oacute;stuma.</p>
<p>Finalmente, Wladyslaw Szpilman, vuelve a ser el gran pianista que era y escribe las memorias en las que se basa el filme en 1946, aunque el libro es prohibido por las autoridades comunistas y no es hasta 1999 que su hijo las encuentra y reedita. Szpilman muere en el a&ntilde;o 2000, poco antes de que comenzase el rodaje de la pel&iacute;cula, pero satisfecho porque sabe que su historia ser&aacute; llevada al cine y que un realizador como Polanski se ocupar&aacute; de su direcci&oacute;n.</p>
<p>"El Pianista" obtuvo la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cannes en el 2002, y ese mismo a&ntilde;o fue galardonada con tres premios Oscar: Mejor Director, Mejor Actor Protagonista y Mejor Gui&oacute;n Adaptado.</p>
<p>Ni que decir tiene que el actor Adrien Brody debe su merecida fama internacional a este filme, con el que consigui&oacute; alzarse con la dorada y codiciada estatuilla de Hollywood y es que su actuaci&oacute;n es soberbia, sublime.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ahora os presento la &uacute;ltima pel&iacute;cula que he visionado de este tipo de tem&aacute;tica. Es audaz en su planteamiento y original, por cuanto sab&iacute;amos de <strong>los trenes de la muerte</strong>, pero no imagin&aacute;bamos la tragedia que acontec&iacute;a en su interior. Se trata de un filme absolutamente desalentador, que no concede al espectador ni un minuto de tregua ni sosiego.</p>
<p><strong>"EL &Uacute;LTIMO TREN A AUSCHWITZ", (Der Lezte Zug). </strong><br />---------------------------------------------------------------------- --- -</p>
<p><br />Coproducci&oacute;n entre Alemania y la Rep&uacute;blica Checa del a&ntilde;o 2006 y estrenada en nuestro pa&iacute;s el 11 de enero del 2008. La dirige Joseph Vilsmaier, (autor tambi&eacute;n de la anteriormente mentada en este texto,"Stalingrado"), en colaboraci&oacute;n con la checa Dana V&aacute;vrov&aacute;, musa y actriz de este realizador en sus filmes precedentes y que aqu&iacute; codirige con &eacute;l.</p>
<p>El reparto es tambi&eacute;n desconocido para nosotros, pero a&uacute;n as&iacute; mencionar&eacute; a los protagonistas m&aacute;s sobresalientes, si bien es un drama coral: Gedeon Burkhard, Lale Yavas, Lena Byerling, Juraj kukura, Sibel Kekilli y Roman Roth.</p>
<p>Tambi&eacute;n en este caso, la cinta se basa en una historia real. En 1943, con motivo del cumplea&ntilde;os de Hitler, un oficial nazi decide terminar con la limpieza &eacute;tnica de Berl&iacute;n enviando a los &uacute;ltimos jud&iacute;os que quedan al campo de exterminio de Auschwitz. Casi 700 jud&iacute;os correr&aacute;n la misma suerte que los otros 70 000 que les han precedido.</p>
<p>Los deportados ser&aacute;n trasladados en el &uacute;ltimo de los trenes de la muerte que cubrir&aacute; el trayecto Berl&iacute;n-Auschwitz, (en Polonia). El viaje durar&aacute; seis d&iacute;as, durante los cuales, los jud&iacute;os convivir&aacute;n hacinados en vagones de ganado, sin m&aacute;s provisiones que un cubo de agua y sin m&aacute;s letrina que otro cubo vac&iacute;o por vag&oacute;n.</p>
<p>La historia que nos narra la pel&iacute;cula se desarrolla en uno de esos vagones y nuevamente, al igual que hiciera en "Stalingrado", Joseph Vilsmaier nos intenta mostrar el lado humano de un colectivo, hacernos comprender que esas personas de etnia jud&iacute;a, independientemente de su raza, religi&oacute;n, costumbres o modus vivendi, son iguales a nosotros, al resto de los seres humanos. Los flashbacks que continuamente nos retrotraen a la vida anterior a la captura de los protagonistas, ayudan a enfocar esa realidad normal y cotidiana necesaria para su comprensi&oacute;n. La cinta muestra tambi&eacute;n la solidaridad que nace entre ellos como &uacute;nica alternativa a la supervivencia.</p>
<p>En el vag&oacute;n hay dos mujeres que deben amamantar a sus beb&eacute;s si no quieren que &eacute;stos fallezcan y el resto de los obligados pasajeros les ceden la prioridad a la hora de beber del escaso l&iacute;quido elemento con que sus captores les han dotado. Sin embargo, tambi&eacute;n hay ni&ntilde;os y ancianos que comienzan a sufrir las consecuencias de la deshidrataci&oacute;n.</p>
<p>Dentro del nutrido grupo de cautivos que atestan el vag&oacute;n, sobresale una familia, de la cual cobran protagonismo el padre, un ex-boxeador y su hijita, as&iacute; como un anciano m&uacute;sico y c&oacute;mico, acompa&ntilde;ado de su esposa y una burguesita que va con su prometido.</p>
<p>Dos j&oacute;venes sierran las rejas de la &uacute;nica ventana del vag&oacute;n y logran que la muchacha anteriormente citada salga por ella y abra la puerta, si bien el tren va demasiado veloz como para que se pueda saltar sin excesivo riesgo, aun as&iacute;, ellos lo intentan, pero son ametrallados por los soldados que les acompa&ntilde;an en el tren.</p>
<p>Las esperanzas para estos deportados parecen desvanecerse a medida que va transcurriendo el tiempo. Muchos de ellos mueren y los que a&uacute;n se mantienen con vida evidencian las se&ntilde;ales de que su salud ya se halla gravemente quebrantada. No obstante, contin&uacute;an resistiendo a duras penas y horadan un boquete en el suelo del vag&oacute;n.</p>
<p>Ya s&oacute;lo queda una estaci&oacute;n antes de que el tren se detenga en Auschwitz, (cerca de Cracovia), as&iacute; que no hay tiempo para agrandar el butr&oacute;n y las &uacute;nicas personas que podr&aacute;n pasar a trav&eacute;s del agujero son una mujer delgada, (la misma joven que abri&oacute;, jug&aacute;ndose la vida, la puerta del vag&oacute;n) y una ni&ntilde;a. Ellas ser&aacute;n auxiliadas por unos partisanos que cada d&iacute;a acuden para ayudar a huir a los pr&oacute;fugos y por a&ntilde;adidura, ser&aacute;n las &uacute;nicas supervivientes de ese tren y quienes dar&aacute;n testimonio de esta historia.</p>
<p>A sus familiares y compa&ntilde;eros les espera un destino a&uacute;n m&aacute;s cruel que el propio desplazamiento: la llegada al complejo de Auschwitz- Birkenau, formado por un campo de concentraci&oacute;n, otro de trabajo y un tercero de exterminio. Sobre la puerta de entrada pod&iacute;a leerse el c&eacute;lebre lema "Arbeit Macht Frei", (El Trabajo os Hace Libres). La escena en la que el m&uacute;sico c&oacute;mico comienza a cantar es tan conmovedora como tr&aacute;gica.</p>
<p>He le&iacute;do cr&iacute;ticas sobre esta pel&iacute;cula en que se la tildaba de excesiva y presento mi desacuerdo. Nada es desmesurado en ella, por muy exagerado que parezca, desafortunadamente, la realidad superaba con creces la ficci&oacute;n, eso, por descontado.</p>
<p>Para una <strong>segunda parte</strong> reservo otros filmes tambi&eacute;n inolvidables. <br /><strong>CONTINUAR&Aacute;...</strong>&nbsp;</p>			<p>
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		</description>
		<author>dalianegra</author>
				<category>mi cine</category>
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		<pubDate>Sun, 22 Mar 2009 05:09:00 +0100</pubDate>
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		<title>Cuadernos de Viaje: ZHANGMU, EN LA FRONTERA DE TÍBET Y NEPAL</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/cuadernos-viaje-zhangmu-frontera-tibet-nepal-100231</link>
		<description>
			<![CDATA[
			<p>A modo de introducci&oacute;n os dir&eacute; que viajar es la mayor de mis pasiones. Ocupo la mayor parte de mi tiempo libre en clasificar fotograf&iacute;as y v&iacute;deos de mi anterior viaje y preparando el siguiente. Esa actividad devuelve a mi mente recuerdos indelebles y me provee tambi&eacute;n de la emoci&oacute;n de descubrir nuevos para&iacute;sos, de encontrar la belleza all&aacute; a donde fuere.</p>
<p>Podr&iacute;a ahora escribiros sobre algunos de los destinos m&aacute;s divulgados que he visitado, pero ya en un texto anterior opt&eacute; por hacerlo sobre un lugar menos conocido, quiz&aacute;s con la intenci&oacute;n de promocionarlo en la medida de mis humildes posibilidades. Mas no es &eacute;se exactamente el prop&oacute;sito de este relato, por cuanto que al lugar sobre el que voy a hablaros s&oacute;lo se llega tras haber culminado un periplo por alguno de los dos pa&iacute;ses con los que conforma frontera. Se trata de la peque&ntilde;a poblaci&oacute;n de Zhangmu, en el lindero entre el sur del T&iacute;bet y el este de Nepal, en una zona denominada los "Pies del Himalaya". Ese n&uacute;cleo y las zonas colindantes son el motivo en torno al cual gira&nbsp;la presente narraci&oacute;n.</p>
<p>Transcurr&iacute;a el verano del a&ntilde;o 2005, mi marido y yo hab&iacute;amos pasado algo m&aacute;s de una semana en la Rep&uacute;blica Popular China, entre Beijing (Pek&iacute;n) y Xi'an y despu&eacute;s de saturarnos de ver los curvil&iacute;neos tejados de la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano, el Templo del Cielo o el Yongue Gong, entre otros y de recorrer parte de la celeb&eacute;rrima Gran Muralla, as&iacute; como de deleitarnos con la visi&oacute;n de pagodas varias y con el espectacular ej&eacute;rcito de terracota del primer emperador de China, Qin She Huang-di, nos trasladamos por v&iacute;a a&eacute;rea a la Regi&oacute;n Aut&oacute;noma del T&iacute;bet, que, desafortunadamente, tambi&eacute;n pertenece a China.</p>
<p>Permanecimos veinte d&iacute;as en el T&iacute;bet, el llamado y con raz&oacute;n, Techo del Mundo, porque es el lugar de la Tierra donde un ser humano, con los pies bien aferrados al suelo, se siente m&aacute;s pr&oacute;ximo a la b&oacute;veda celeste. Recalamos en Lhasa, la Ciudad Santa del budismo, no s&oacute;lo de la fe t&aacute;ntrica tibetana, sino de toda creencia budista, (ya sea Mahayana, Theravada, Vajrayana, Nichiren o Zen). Continuamente llegan a Lhasa oleadas de peregrinos, tanto tibetanos como del resto de Asia. Los primeros hacinados en camiones y autobuses destartalados o a pie y realizando continuas postraciones y los segundos, mayoritariamente en aeronave o autopullman de lujo, puesto que su nivel econ&oacute;mico es muy superior.</p>
<p>Algunos viajeros occidentales se entremezclan con esta marabunta humana que circunvala el casco urbano, las plazas y los templos, siempre siguiendo el ritual del sentido de las agujas del reloj. Ocasionalmente, alg&uacute;n turista despistado conculca esta sagrada norma incurriendo en un grave sacrilegio que peregrinos y locales castigan s&oacute;lo con la mirada y con un ligero movimiento de cabeza, tal es el esp&iacute;ritu apacible de este devoto pueblo.</p>
<p>Abandonamos Lhasa en direcci&oacute;n sur, siguiendo la ruta de las grandes lamaser&iacute;as de las cuatro &oacute;rdenes mon&aacute;sticas t&aacute;ntricas: Kagyupa, Sakyapa, Kadampa y Gelugpa, (esta &uacute;ltima es la m&aacute;s numerosa y a la que pertenece el controvertido Dalai Lama). Tras la visita de las principales gompas o monasterios y de enclaves m&aacute;s o menos importantes como Tsedang, el Valle de Chongye, el Valle de Yarlung, Gyants&eacute;, Xigats&eacute;, Lhats&eacute; y de avistar paisajes grandiosos, como el de la cadena de los Himalayas con el monte Everest a la cabeza, a cuyo campo base arribamos o del majestuoso Lago Yamdrok, de cristalinas y pur&iacute;simas aguas turquesa, llegaba el momento de concluir nuestro trayecto por la tierra de Palden Lhamo, una diablesa ben&eacute;fica y protectora del budismo tibetano, clara herencia de la antigua fe animista Bon.</p>
<p>Nos acerc&aacute;bamos a la zona pr&oacute;xima a la frontera con Nepal, hab&iacute;amos recorrido infinidad de kil&oacute;metros por la llamada "carretera de la Amistad", que para nuestro pesar, se encontraba totalmente bajo labores de ampliaci&oacute;n. No nos sorprend&iacute;a constatar que los trabajadores de la futura autov&iacute;a eran mayoritariamente de sexo femenino. Menudas y delicadas j&oacute;venes que se dejaban la piel con el pico y la pala por un salario de miseria. Y afirmo que no nos sorprend&iacute;a, porque ya en Lhasa hab&iacute;amos tenido ocasi&oacute;n de comprobar que eran ellas quienes se encargaban del peonaje en las obras civiles y p&uacute;blicas, ayudadas por los varones ancianos, mientras que los mancebos se dedicaban a la regalada vida contemplativa de los cenobios.</p>
<p>A causa de las tareas de ensanche, nos desviaban continuamente por pistas de terracer&iacute;a casi infranqueables, en las que muchos veh&iacute;culos de tipo turismo y autocares se quedaban embarrancados. Ante semejante perspectiva, d&aacute;bamos gracias a ese n&iacute;tido cielo porque el nuestro era un todoterreno y con ello aumentaban las posibilidades de salir de aquella pesadilla. Aun as&iacute;, no las ten&iacute;amos todas con nosotros, porque tras repostar en una vetusta gasolinera, sufrimos una aver&iacute;a debida, sin lugar a dudas, a que el combustible hab&iacute;a sido adulterado y que, afortunadamente, fue resuelta, no sin antes hacernos pasar un muy mal momento.</p>
<p>Recuerdo que me pasaba todo el tiempo con la mejilla pegada a la ventanilla, admirando embelesada aquel paisaje de indescriptible belleza, hibridado con la Luna: el suave relieve de la meseta, de tonos terrosos mezclados con el verde pajizo de las praderas agostadas por el sol de la can&iacute;cula... las monta&ntilde;as que circundaban esa meseta, tambi&eacute;n de matices siena, secas, peladas, desprovistas de vegetaci&oacute;n alguna, achatadas, de aristas limadas por el imp&iacute;o viento, redondeadas, evocadoramente femeninas... la Madre Tierra en todo su esplendor... y el firmamento, cercano, protector, tan limpio... tan puro... te&ntilde;ido de azul intenso y surcado por blancas nubes algodonosas, cuyas on&iacute;ricas formas incitaban mi imaginaci&oacute;n.</p>
<p>Desde la poblaci&oacute;n de Tingri se divisaban, al sur, algunos de los grandes picos m&aacute;s sobresalientes de los Himalayas, en cuyas proximidades hab&iacute;amos tenido ya la inmensa suerte de haber estado. El mencionado Everest, al que los tibetanos veneran como "Madre del Universo", ("Chomolungma", en lengua tibetana o "Qomolangma Feng" en chino), y qu&eacute;, como bien es sabido, es el m&aacute;s elevado del planeta, y otros dos ochomiles que le hacen estrecha compa&ntilde;&iacute;a y que forman parte del Macizo del Everest o "Kumbu Himal": el "Lhotse", la cuarta monta&ntilde;a m&aacute;s alta del mundo y el "Cho Ollu" o "Diosa Turquesa", as&iacute; llamada por el color que se refleja en sus nieves perpetuas cuando los rayos del sol crepuscular inciden sobre ellas. Puedo aseverar que la vista panor&aacute;mica era absolutamente apote&oacute;sica.</p>
<p>No alojamos en New Tingri, en el mejor hotel, que era, a todas luces, nefasto, aunque los dem&aacute;s estaban a&uacute;n peor. Ech&aacute;bamos de menos los confortables hoteles de Gyants&eacute; o Xigats&eacute; y c&oacute;mo no, el Lhasa Hotel, un cuatro estrellas bonito y con solera, (ahora hay alguno mejor), pero en el Lhasa, el bar a&uacute;n est&aacute; decorado con escenas de "Tint&iacute;n en el T&iacute;bet" y sirven la &uacute;nica cerveza fr&iacute;a del pa&iacute;s de las nieves, donde dicha bebida se toma habitualmente a temperatura ambiente, lo cual en verano, equivale a decir caliente. La marca aut&oacute;ctona m&aacute;s consumida es la hom&oacute;nima de la Ciudad Santa: Lhasa.</p>
<p>En el restaurante del Lhasa Hotel sirven comida occidental, china y tibetana, cuyo plato m&aacute;s t&iacute;pico lo constituyen los "momos", especie de empanadillas rellenas de carne de yak muy especiada y picante. No obstante, la receta estrella del hotel consiste en una enorme y apetitosa hamburguesa de carne de yak. Nunca he probado fast food tan exquisito, lo &uacute;nico que me amargaba tan sabroso manjar era el recuerdo de los peque&ntilde;os y robustos yaks pastando por las praderas. &iexcl;Oh, qu&eacute; l&aacute;stima! No soy vegetariana, aunque lo fui en un remoto pasado. La mayor&iacute;a de los budistas lo son, pero los tibetanos no. Ellos consumen carne de yak sin pudor alguno. Sus tierras de cultivo son demasiado escasas, excesivamente yermas, tan s&oacute;lo la cebada y poca cosa m&aacute;s crece en ellas. La dieta del tibetano de a pie se compone, b&aacute;sicamente, de t&eacute; salado con manteca de yak y xampa, que es una harina tostada de la citada cebada, que se mezcla con el t&eacute;. Para las grandes ocasiones, este paup&eacute;rrimo pueblo, reserva la carne del animal que lo es todo para &eacute;l: su adorado yak.</p>
<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, tras visitar el monasterio de Pelgyeling con la cueva del asceta Milarepa, el yogui m&aacute;s c&eacute;lebre del T&iacute;bet, perder&iacute;amos definitivamente de vista aquellos paisajes desolados, de naturaleza lunar e intent&eacute; disfrutarlos hasta el &uacute;ltimo momento, no permitiendo que de mis ojos brotasen, en modo alguno, las l&aacute;grimas. Record&eacute; la c&eacute;lebre cita de Rabindranath Tagore y me dije: despu&eacute;s de este sol, vendr&aacute;n las estrellas, eso es seguro. No me equivoqu&eacute;.</p>
<p>Mientras me desped&iacute;a de la meseta tibetana, tatareaba la versi&oacute;n de los "Green Day" del "Boulevard Of Broken Dreams". Ignoraba por qu&eacute; evocaba esa melod&iacute;a insistentemente, pero afloraba a mi memoria y ahora permanece ligada a ese viaje.</p>
<p>Todav&iacute;a pod&iacute;amos observar con cierta frecuencia, banderolas y hasta molinillos de oraci&oacute;n colocados en medio de la nada con el &uacute;nico objetivo de esparcir al viento el Mantra de la Compasi&oacute;n: Om Mani Padme Hum, que vendr&iacute;a a significar "qu&eacute; los p&eacute;talos de esta flor se abran para que aparezca la joya de mi yo interior".</p>
<p>Nos aproxim&aacute;bamos a Zhangmu, en la frontera con Nepal y el cambio paisaj&iacute;stico y clim&aacute;tico era tan abismal que no me lo pod&iacute;a creer. Lo que antes era &aacute;rido y est&eacute;ril, ahora se hab&iacute;a convertido en un vergel. Es pr&aacute;cticamente imposible describir con palabras, por hermosas que &eacute;stas sean, aquella sensaci&oacute;n. Me quedo parca en expresiones que puedan pormenorizar tan sublime espect&aacute;culo, tan magistral obra de la naturaleza.</p>
<p>Nos internamos en el ca&ntilde;&oacute;n del r&iacute;o Bhote, sus escarpadas e inaccesibles paredes se hallaban cubiertas por una frondosa vegetaci&oacute;n subtropical salpicada por innumerables cascadas de agua. Era la m&aacute;s soberbia muestra de magnificencia que la madre Tierra nos pudiese brindar.</p>
<p>La carretera bordeaba el mencionado ca&ntilde;&oacute;n y se adentraba en &eacute;l zigzagueando a medida que iba descendiendo. Con frecuencia pas&aacute;bamos bajo una ca&iacute;da de agua que sacud&iacute;a el veh&iacute;culo mientras que lo limpiaba del polvo acumulado de los caminos. A ambos lados de la calzada crec&iacute;an floridas plantas silvestres que aportaban la alegr&iacute;a de una eterna primavera. Su colorido, sus formas, pasaron imperecederamente a habitar en mi memoria. Tambi&eacute;n la remembranza de tan selv&aacute;tico paraje me remite al b&iacute;blico Para&iacute;so Perdido.</p>
<p>Como contrapartida, el rumor de las peque&ntilde;as cataratas era interrumpido y solapado permanentemente por un molesto ruido de motores de los camiones que circulaban en procesi&oacute;n, frontera arriba y abajo. Eran &eacute;stos, casi todos, largos largu&iacute;simos y se hallaban decorados con figuras y dibujos pol&iacute;cromos de un estilo ingenuo y pueril. Proced&iacute;an de China o del mismo T&iacute;bet, que tambi&eacute;n y para su infortunio, es de China, (y cuando hablo de esa desgracia, me refiero al papel invasor y colonizador que esta gran potencia oriental ejerce sobre el pueblo y la cultura tibetanos, tendentes ambos a desparecer en aras de la globalizaci&oacute;n).</p>
<p><br />Por fin lleg&aacute;bamos a la peque&ntilde;a poblaci&oacute;n fronteriza de Zhangmu, tan diminuta como importante. Antiguamente los tibetanos la denominaban Khasa, pero su estrat&eacute;gico emplazamiento propici&oacute; que mudase de nombre. El poblado creci&oacute; ladera arriba flanqueando la eufem&iacute;sticamente llamada Autopista Transhimal&aacute;yica, la cual conformaba la &uacute;nica calle existente. Todas las construcciones se levantaban a ambos lados de esta v&iacute;a, tambi&eacute;n llamada de la Amistad, (a la que alud&iacute;a con anterioridad), se apoyaban unas encima de otras y colgaban sobre la ladera de la monta&ntilde;a como si se tratasen de las famosas Casas Colgadas de nuestra ib&eacute;rica Cuenca. Estrechos callejones perpendiculares a la carretera, permit&iacute;an a los vecinos acceder a la misma y a su vez canalizaban las aguas de las m&uacute;ltiples cascadas.</p>
<p>Interminables hileras de camiones aparcados se arrimaban a las fachadas de las humildes edificaciones, obligados por la angosta arteria carente de aceras y el tr&aacute;fico desmesurado que sobre ella rodaba. Aun as&iacute;, la vida bull&iacute;a y por entre los camiones pod&iacute;amos ver ni&ntilde;os jugando y jovencitas lav&aacute;ndose el cabello con las frescas y di&aacute;fanas aguas que manaban pendiente abajo.</p>
<p>Pernoctamos en el mejor hospedaje del asentamiento, el Zhangmu Hotel, que actualmente supongo que ya ser&aacute; un alojamiento digno y bonito, pero que por aquel entonces estaba a&uacute;n a medio reformar, con parte de &eacute;l rehabilitado y la otra bastante cochambrosa. Por supuesto, la diosa Tiqu&eacute; no estaba de nuestro lado aquel d&iacute;a y la habitaci&oacute;n que nos fue asignada era una de las deslucidas, como correspond&iacute;a a nuestra condici&oacute;n de viajeros occidentales. S&oacute;lo a los transportistas chinos les adjudicaban las mejores, con ba&ntilde;os modernos de lavabos encastrados y encimera de m&aacute;rmol. No olvidemos que Zhangmu es el &uacute;ltimo o el primero, (seg&uacute;n se mire), de los pueblos de China antes o despu&eacute;s de cruzar la frontera nepal&iacute; y aqu&iacute;, como en todas partes, los "enchufes" tambi&eacute;n funcionan, as&iacute; que los ciudadanos de la Rep&uacute;blica Popular China se hab&iacute;an de llevar las de ganar con respecto al resto de los hu&eacute;spedes.</p>
<p>El dormitorio era muy amplio, lo mismo que el ba&ntilde;o, pero ambos se encontraban deteriorados, desangelados y poco aseados. La &uacute;nica ventaja consist&iacute;a en un enorme ventanal que nos permit&iacute;a la contemplaci&oacute;n de la exuberante vegetaci&oacute;n, tan verde como el jade y de las l&iacute;mpidas aguas descendiendo por las laderas, armoniosa y r&iacute;tmicamente, como si de un ballet acu&aacute;tico se tratase.</p>
<p>Anochec&iacute;a y salimos a pasear con la niebla como compa&ntilde;era. Su h&uacute;medo manto cubr&iacute;a ya las cimas de los montes y amenazaba con envolvernos a nosotros tambi&eacute;n, as&iacute; que aceleramos el paso y buscamos alg&uacute;n lugar donde cenar. Comprobamos la esencia t&iacute;picamente fronteriza de Zhangmu, con soldados chinos caminando febrilmente hacia un lado y otro y j&oacute;venes prostitutas a la caza de camioneros y alg&uacute;n que otro turista despistado.</p>
<p>Tras mirar aqu&iacute; y all&aacute;, nos decidimos por un restaurantito chino que estaba contiguo a nuestro hotel. Modesto y de reducidas dimensiones, era, no obstante, pulcro, coqueto y acogedor, as&iacute; que tomamos mesa enseguida. Unos farolillos hind&uacute;es, de tela amarilla y bordados con espejitos, pend&iacute;an del techo e iluminaban la sala confiri&eacute;ndole un aire &eacute;tnico y desenfadado. El resto de la decoraci&oacute;n era sencilla pero correcta.</p>
<p>El restaurante estaba regentado por un joven matrimonio chino y ten&iacute;an con ellos al v&aacute;stago nacido de su uni&oacute;n. El peque&ntilde;o presid&iacute;a la sala desde un "corralito" infantil que se hallaba situado en el centro de la misma. Los ni&ntilde;os chinos son tratados como aut&eacute;nticos pr&iacute;ncipes, sobre todo si son de sexo masculino, debido a la pol&iacute;tica del hijo &uacute;nico que rige en toda China salvo en la Regi&oacute;n Aut&oacute;noma Tibetana, donde las parejas pueden tener hasta familia numerosa, ya que ello contribuye a la colonizaci&oacute;n del T&iacute;bet por parte de la etnia Han, que es como se denomina gen&eacute;ricamente all&iacute; a los nativos de China.</p>
<p>Parad&oacute;jicamente, las mesas estaban dispuestas con manteles de hilo y cuberter&iacute;a occidental. Hac&iacute;a mucho tiempo que no com&iacute;amos m&aacute;s que con palillos, porque el confucionismo establece que no se pueden utilizar tenedores y cuchillos para ayudar a deglutir los alimentos, ya que si &eacute;stos se "hieren", ellos, los alimentos, devolver&aacute;n el mal al comensal "hiri&eacute;ndole" con una mala digesti&oacute;n, (como se puede observar, se trata de una filosof&iacute;a un tanto vengativa).</p>
<p>Despu&eacute;s de deleitarnos con una mezcla de sabores de lo m&aacute;s variopinto: entre rollitos de primavera o arroz tres delicias y hamburguesas de yak con patatas fritas, toda una fusi&oacute;n de la comida r&aacute;pida de Oriente y Occidente, nos retiramos, dispuestos a descansar a como diera lugar, en nuestra desvencijada habitaci&oacute;n.</p>
<p>A la ma&ntilde;ana siguiente nos encontramos con alg&uacute;n que otro problema que solventamos a base de ingenio y de la experiencia adquirida tras muchos a&ntilde;os de frecuentar los m&aacute;s diversos alojamientos. La ducha era s&oacute;lo de agua fr&iacute;a, de tipo tel&eacute;fono y para colmo, el flexo presentaba una rotura. Pero a grandes males, grandes remedios y una botella de agua mineral ya vac&iacute;a, de las de pl&aacute;stico y litro y medio de capacidad, cortada por su parte superior, nos sirvi&oacute; de ayuda para un aseo de emergencia. No nos preocupaba mucho, porque a mediod&iacute;a ten&iacute;amos previsto llegar al Valle de Kathmand&uacute; y all&iacute; nos instalar&iacute;amos en el Hotel Hyatt Regency Kathmand&uacute;, uno de los mejores de la zona y me atrever&iacute;a a decir que de los m&aacute;s bonitos en los que he estado. La ducha o el ba&ntilde;o caliente tendr&iacute;an que esperar hasta que estuvi&eacute;semos en ese hotel de ensue&ntilde;o.</p>
<p>El desayuno iba a tono con la escasa calidad del hospedaje. Una vez en la calle nos encontramos con nuestro conductor, un fornido tibetano, (cosa infrecuente, ya que los tibetanos son, por lo general, enjutos) y le saludamos a la manera del pa&iacute;s, con un "tashi dalai", a su lado se encontraba nuestro gu&iacute;a de etnia Han e hicimos lo propio con un "nihao", que viene a significar "hola" en chino.</p>
<p>He de rese&ntilde;ar que durante nuestra estancia en Lhasa, la capital del T&iacute;bet, nos desenvolvimos por nuestra cuenta, sin nadie que nos atase, aun cuando nuestro desconocimiento de las lenguas china y tibetana y la ignorancia por parte de los naturales del idioma anglosaj&oacute;n, dificultasen parcialmente nuestros movimientos. No obstante, una vez fuera de Lhasa, las autoridades gubernamentales chinas obligan a turistas y viajeros a hacerse acompa&ntilde;ar por un gu&iacute;a, lo cual no era precisamente de nuestro agrado. El absurdo temor de que los occidentales somos proclives al regreso del Dalai Lama como jefe del estado tibetano y que eso promover&iacute;a su escisi&oacute;n del territorio chino, les hace vernos como potenciales terroristas o cuando menos, enemigos de su r&eacute;gimen y nos exigen una y otra vez documentaciones y pases oficiales en la infinidad de puestos de control que se encuentran repartidos por todos los rincones del T&iacute;bet.</p>
<p>Nos encaminamos hacia el puesto fronterizo chino. Curiosamente las oficinas aduaneras china y nepal&iacute;, se hallan enormemente alejadas, separadas ambas por nueve kil&oacute;metros de distancia. Los hu&eacute;spedes del Hotel Zhangmu gozan del benepl&aacute;cito de las autoridades y apenas han de cumplimentar impresos, mientras que a quienes se alojan en otros hoteles y albergues se les exigen unas credenciales exhaustivas. La aduana china se ubicaba a escasos metros de nuestro hotel, esperamos una breve cola y no tardamos en ser atendidos.</p>
<p>Una vez concluidos todos los tr&aacute;mites, nuestro todoterreno nos transport&oacute; hasta el l&iacute;mite permitido, ya que llegado a un punto, mucho antes de alcanzar el Puente de la Amistad que cruza el tumultuoso r&iacute;o Bhote, los veh&iacute;culos chinos no pueden entrar en Nepal, del mismo modo que los nepal&iacute;es tambi&eacute;n han de quedarse a un buen trecho del otro extremo. Entonces viajeros y equipajes son apeados y una multitud de lugare&ntilde;os se aproximan &aacute;vidos de ejercer como porteadores. Pele&aacute;ndose unos con otros, regateando el precio a voz en grito y en medio de un fren&eacute;tico alboroto, arrebatan las maletas y dem&aacute;s bultos a viajeros y turistas, que se quedan anonadados ante tal algarab&iacute;a. Aquellos hombres cargaban con descomunales fardos y con pesados b&aacute;rtulos sobre su dorso, dobl&aacute;ndose ante la magnitud de la carga.</p>
<p>Nos despedimos de nuestro amable ch&oacute;fer, con quien hab&iacute;amos compartido casi dos semanas de nuestro periplo, con un "adi&oacute;s" en tibetano: "kalai shu", le dijimos, puesto que part&iacute;amos y &eacute;l respondi&oacute;: "kalai pie", que es lo que dicen los que se quedan. Por su parte, el gu&iacute;a chino nos acompa&ntilde;&oacute; a pie hasta el puesto fronterizo de Kodari, un infecto y min&uacute;sculo pueblo que constituye el primer (o el &uacute;ltimo, seg&uacute;n de d&oacute;nde se venga), n&uacute;cleo nepal&iacute;.</p>
<p>Kodari era un lugar cuya pavimentaci&oacute;n no hab&iacute;a sido reparada desde hac&iacute;a mucho tiempo, con lo cual permanece enlodada todo el a&ntilde;o, dado que la humedad extrema es una constante en esa tierra regada por infinidad de peque&ntilde;os saltos de agua. Porteadores, transportistas y viajeros hund&iacute;an sus pies en el barro durante un par de kil&oacute;metros hasta llegar a la oficina aduanera, sita en un barrac&oacute;n, como todas las dem&aacute;s construcciones de tan deficiente poblado. Fue entonces cuando nuestro gu&iacute;a chino nos dej&oacute; en manos de otro nepal&iacute; que nos ayud&oacute; en las diligencias. Una vez en dicha oficina, media docena de funcionarios se encargaban de entregar los impresos y terminar de cumplimentarlos. Las documentaciones hab&iacute;an sido gestionadas previamente, al igual que las chinas, por una compa&ntilde;&iacute;a especializada en este tipo de permisos que es contratada a su vez por los mayoristas de viajes o agencias locales.</p>
<p>Con los visados y autorizaciones en nuestro poder, recorrimos el fangoso trayecto que a&uacute;n quedaba hasta ser recogidos por el coche que nos estaba destinado. Los pobres mozos que acarreaban nuestro equipaje, al fin pudieron verse libres de su peso y enderezar sus maltrechas espaldas al tiempo que cobraban por el fatigoso trabajo desempe&ntilde;ado.</p>
<p>Continuamos descendiendo ca&ntilde;&oacute;n abajo y contemplamos el espectacular paisaje circundante, tan boscoso, tan maravillosamente feraz... y las miserables casuchas y chozas que se api&ntilde;aban en las m&aacute;rgenes de la carretera. Sus moradores, casi todos mujeres y ni&ntilde;os, se encontraban ante las entradas de las mismas ocupados en tareas de tipo dom&eacute;stico o en la charla y el juego. Sus vestimentas coloristas y los hermosos rasgos &eacute;tnicos de los nepal&iacute;es, que no corresponden al tronco mongoloide como el chino o el tibetano, sino al hind&uacute;, nos indicaban que ya nos encontr&aacute;bamos ante otro pueblo y otra cultura bien diferenciados.</p>
<p>Tras algunas horas de viaje, transitando por la ub&eacute;rrima cuenca del r&iacute;o Bhote, ante plataneros y toda una muestra de exuberante flora subtropical, nos encontramos con b&uacute;falos pastando a su albedr&iacute;o y reba&ntilde;os de cabras blancas que llamaron nuestra atenci&oacute;n por sus largas orejas.</p>
<p>Nos sent&iacute;amos satisfechos por haber llegado ya a la tierra en la que la leyenda sit&uacute;a el nacimiento de Siddhartha Gautama, el Buda Gautama o Sakyamuni, (para los tibetanos), un pr&iacute;ncipe del clan Gautama nacido en Lumbini, en el reino nepal&iacute; de Kapilavastu, en el a&ntilde;o 563 antes de nuestra era. Este noble se despoj&oacute; de todas sus riquezas y fund&oacute; una filosof&iacute;a que terminar&iacute;a por convertirse en una religi&oacute;n y que se extender&iacute;a por Asia y hoy en d&iacute;a por la casi totalidad del mundo. A nosotros, no siendo creyentes de ninguna religi&oacute;n, nos fascinaba observar el fervor y a su vez la tolerancia de los fieles budistas, en contraposici&oacute;n con los de otras creencias.</p>
<p>Nuestro nuevo gu&iacute;a, que s&oacute;lo nos acompa&ntilde;ar&iacute;a al pr&oacute;ximo hotel y que dominaba a la perfecci&oacute;n la lengua de Cervantes, (no como el anterior, el chino, que se dirig&iacute;a a nosotros siempre en ingl&eacute;s), nos invito a realizar una parada ante un chiringuito situado en la orilla de la calzada.</p>
<p>Desde aquel altozano se divisaba la legendaria ciudad de Kathmand&uacute;, enclavada en un amplio valle dominado por los Himalayas. El cielo aparec&iacute;a cubierto de nubes y la temperatura era suave y agradable, aun estando en pleno est&iacute;o. Tuvimos la impresi&oacute;n de encontrarnos en nuestra propia casa, dado que, salvando notables diferencias, aquel valle manten&iacute;a cierta similitud con el que acoge nuestra ciudad natal: Oviedo. Su verdor, su atm&oacute;sfera h&uacute;meda y nubosa...S&oacute;lo la imponente y cicl&oacute;pea presencia de los Annapurnas revelaba la genuina naturaleza del citado valle, que contiene una suerte de ciudades declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y cuyo legado hist&oacute;rico-art&iacute;stico es un tesoro de incalculable valor: Kathmand&uacute;, Pashupatinath, Pat&aacute;n y Bhaktapur.</p>
<p><br />Nos sentamos en un banco al lado del m&iacute;sero quiosco de madera que hac&iacute;a las veces de bar y nos tomamos un par de Banana Splitzs hechos con leche de b&uacute;fala y con los pl&aacute;tanos que crec&iacute;an en el huerto adyacente. La bancada se orientaba hacia el valle y bajo nuestros pies se hallaba el mentado huerto en el que coexist&iacute;an los m&aacute;s diversos cultivos: plataneros, manzanos, ma&iacute;z y... &iexcl;cannabis! No en vano, la Cannabis Sativa o planta del c&aacute;&ntilde;amo cultivada, es oriunda de los Himalayas y aunque existen variedades que se destinan espec&iacute;ficamente para usos textiles y alimentarios, otras son empleadas por sus propiedades psicoactivas, utilizando las hojas y flores secas, que constituyen la marihuana o la resina, a la que se ha denominado hach&iacute;s. Fue por ello que los primeros hippies que visitaron estas ex&oacute;ticas tierras trajeron consigo a occidente no s&oacute;lo las filosof&iacute;as y religiones orientales, sino tambi&eacute;n el consumo de estas sustancias a las que en la actualidad a&uacute;n se las considera como drogas blandas.</p>
<p>Los Banana Splitzs estaban francamente deliciosos, aunque al principio sent&iacute;amos cierta prevenci&oacute;n a tom&aacute;rnoslos y accedimos a hacerlo por compromiso ante el gu&iacute;a, ya que las condiciones higi&eacute;nicas no nos parec&iacute;an las m&aacute;s id&oacute;neas, pero, afortunadamente, no tuvieron repercusi&oacute;n negativa alguna para nuestra salud.</p>
<p>Mi marido pas&oacute; su brazo por mi hombro y acarici&oacute; mis por entonces trigue&ntilde;os cabellos, ambos nos miramos, sonre&iacute;mos plet&oacute;ricos de felicidad y volvimos de nuevo la vista al frente, hac&iacute;a la impresionante Cordillera de los Annapurnas, los Himalayas m&aacute;s cercanos y despu&eacute;s hacia la m&iacute;tica Kathmand&uacute;, el sue&ntilde;o dorado de m&iacute;sticos y bohemios, de monta&ntilde;eros y viajeros en busca de las &uacute;ltimas fronteras. Esa urbe ca&oacute;tica y pintoresca, una de las m&aacute;s hermosas del mundo, nos aguardaba con sus espl&eacute;ndidos templos y palacios de arquitectura newar&iacute;, con sus ventanas de madera labradas con minuciosas filigranas y sus vigas decoradas con imp&uacute;dicas tallas de escenas del Kama Sutra... Pero eso ya ser&aacute; otra historia...&nbsp;</p>
<p>NOTA&nbsp; ACLARATORIA: este relato lo he publicado tambi&eacute;n en&nbsp;la web&nbsp;Ciao, con mi nick de Mayte_dalianegra.</p>			<p>
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		<author>dalianegra</author>
				<category>mis viajes</category>
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		<pubDate>Sun, 22 Jun 2008 00:49:25 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>DORJE, UN PEREGRINO EN LHASA</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/dorje-peregrino-lhasa-55676</link>
		<description>
			<![CDATA[
			La figura menuda y enjuta, el cr&aacute;neo rasurado, la piel tostada, curtida y acartonada prematuramente por el inclemente sol, enmugrecida por el polvo de los caminos de tantos y tantos d&iacute;as de arduo peregrinaje. Las ropas andrajosas y sucias, a pesar de la protecci&oacute;n que ofrece un amplio delantal de cuero. Un par de sandalias preservan sus manos de la erosi&oacute;n cada vez que hinca sus rodillas en tierra y extiende su cuerpo longitudinalmente sobre el suelo. 
<p>
Dorje, cuyo nombre le fue impuesto en honor del s&iacute;mbolo de la tormenta, ha recorrido la distancia que separa su Gyants&eacute; natal de Lhasa, la Ciudad Santa tibetana, realizando continuas postraciones, una por cada tres pasos, como mandan los antiguos preceptos del budismo t&aacute;ntrico. 
</p>
Ahora por fin ha consumado su largo periplo y ha alcanzado su ansiada meta. Acaba de entrar en la Plaza del Barkhor y al fondo vislumbra la m&iacute;tica silueta del Templo del Jokhang, la Tshuglakhang o catedral del T&iacute;bet, recort&aacute;ndose en el cielo azul plomizo, coronada por el &aacute;ureo resplandor del Dharmachakra. Y esa visi&oacute;n ilumina su extenuado rostro con una jubilosa expresi&oacute;n de &eacute;xtasis			<p>
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			</p>
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		<author>dalianegra</author>
				<category>mis viajes</category>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2008 14:07:06 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>FERRARA, EL FEUDO DE LA CASA DE ESTE</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/ferrara-feudo-casa-este-46310</link>
		<description>
			<![CDATA[
			Cuando el viajero llega a Ferrara durante el est&iacute;o, experimenta una sensaci&oacute;n de calma y sosiego. La ciudad se encuentra casi abandonada por sus propios moradores, en pleno apogeo vacacional, apenas interrumpida esa tranquilidad por los ocasionales turistas que se concentran en torno al Castello Estense y a la Piazza Municipale principalmente. 
<p>
La climatolog&iacute;a de tipo mediterr&aacute;neo ayuda favorablemente a mantener esa impresi&oacute;n de bienestar, dado que durante la can&iacute;cula las temperaturas son suaves, propias de esta latitud cercana ya al norte de la Pen&iacute;nsula It&aacute;lica. Aquellos que, como en mi caso, llegan de regiones m&aacute;s meridionales, agradecen los soleados d&iacute;as cuyas m&aacute;ximas no suelen superan los 30&ordm; C. 
</p>
Ferrara es una peque&ntilde;a poblaci&oacute;n de unos 130 000 habitantes, pulcra y segura. Capital de la provincia hom&oacute;nima, se ubica en el coraz&oacute;n de una f&eacute;rtil llanura regada por el r&iacute;o Po, en la regi&oacute;n de Emilia-Roma&ntilde;a, entre el V&eacute;neto y la Toscana. 
<p>
Esta ciudad acu&aacute;tica, ligada intr&iacute;nsecamente al Po, se rodea de una red de canales que se extienden hasta la desembocadura de dicho r&iacute;o, que forma un delta en el Mar Adri&aacute;tico. 
</p>
Pr&oacute;xima a R&aacute;vena, Bolonia y M&oacute;dena, comparte con ellas un trazado medieval y renacentista de singular belleza que la ha llevado a ser reconocida como Patrimonio Mundial de la Humanidad. 
<p>
Su estructura urbana data del s. XIV, dise&ntilde;ada casi &iacute;ntegramente por el arquitecto de transici&oacute;n g&oacute;tico-renacentista Biaggio Rossetti, que la convierte en la primera ciudad moderna de Europa y quien tambi&eacute;n fue autor de la mayor&iacute;a de los palacios que, en cantidad ingente, bordean calles y plazas. Aunque todav&iacute;a perviven tortuosos callejones que se remontan a &eacute;poca bajomedieval. 
</p>
La historia de Ferrara se halla &iacute;ntimamente unida a la Casa de Este, nobles italianos de origen lombardo que la gobernaron desde el s. XIII al XVI. Siendo feudo de los Este, fue como alcanz&oacute; su mayor esplendor, ya que el auge econ&oacute;mico la llev&oacute; a renovarse y modernizarse bajo las expertas manos del ya mencionado Biaggio Rossetti, que trabaj&oacute; por encargo de esta poderosa familia. 
<p>
Los Este, que emparentaron incluso con los tristemente c&eacute;lebres Borgia mediante el matrimonio de uno de sus duques m&aacute;s prominentes, (Alfonso I de Este con Lucrecia Borgia), pactaron con emperadores y monarcas europeos y tambi&eacute;n tuvieron sus tiras y aflojas con el papado, de quien eran feudatarios. 
</p>
Fueron mecenas de las artes y las letras y durante el mandato del ambicioso Alfonso I, la corte de Ferrara se convirti&oacute; en la m&aacute;s brillante de Europa. Auspici&oacute; a literatos, escultores y pintores como los celeb&eacute;rrimos Ariosto, Petrarca, Bellini y Tiziano. 
<p>
Unieron su destino al de Mil&aacute;n gracias a las nupcias de Beatriz de Este, (hermana de Alfonso I) con Ludovico Sforza, llamado com&uacute;nmente, Ludovico el Moro, duque de Mil&aacute;n y mecenas de Leonardo da Vinci. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, el poeta Torcuato Tasso tambi&eacute;n recibi&oacute; mecenazgo por parte de Marfisa de Este. 
</p>
Alfonso II de Este muere sin descendencia y son los Estados Pontificios quienes pasan a controlar Ferrara pol&iacute;tica y econ&oacute;micamente, al declararla feudo vacante. Otras ramas de la familia Este abandonan la ciudad y se establecen en la vecina M&oacute;dena. Comienza as&iacute; el declive de la otrora pr&oacute;spera localidad. 
<p>
Parad&oacute;gicamente, su paulatino abandono contribuy&oacute; a su ulterior conservaci&oacute;n. El hecho de que no hubiese una continuidad en el levantamiento de nuevas edificaciones ha permitido la homogeneidad de su casco hist&oacute;rico y la preservaci&oacute;n intacta de su patrimonio. 
</p>
En virtud de ello, actualmente podemos admirar numeros&iacute;simas construcciones renacentistas y en menor medida, g&oacute;ticas. 
<p>
Procedo a enumerar sus monumentos m&aacute;s importantes: 
</p>
El Castillo Estense o de San Michele, situado en el centro de la ciudad, fue la residencia de los Este, rodeado por un foso que en la actualidad se encuentra inundado de agua y ornamentado con varios surtidores a modo de fuentes. De imponentes dimensiones y f&aacute;brica de ladrillo, su interior se decora con b&oacute;vedas pintadas con frescos renacentistas. 
<p>
La Catedral o Duomo, de estilos rom&aacute;nico y g&oacute;tico lombardo, presenta una fachada de m&aacute;rmol, decorada con trabajadas esculturas de indescriptible belleza. La acompa&ntilde;a un &quot;campanile&quot; exento del s. XV. 
</p>
Frente a ella se alza el Palacio Comunal o actual Ayuntamiento, que en su d&iacute;a constituy&oacute; el antiguo Palacio de los Este y que perdi&oacute; su utilidad como tal en favor del Castillo, que fue reacondicionado en el s. XVI para uso residencial. 
<p>
Al otro lado de la Catedral se encuentra la Plaza Trento e Triste, flanqueada por varios palacios y por el propio &quot;Duomo&quot;, en cuyo lateral se levanta un p&oacute;rtico que a&uacute;n hoy en d&iacute;a acoge peque&ntilde;as tiendas, ya que formaba parte del antiguo mercado. 
</p>
La Juder&iacute;a, que es un barrio adyacente a la anteriormente citada plaza, contaba con tres sinagogas, de la cual s&oacute;lo se conserva una, las otras dos fueron destruidas durante la II Guerra Mundial. 
<p>
A continuaci&oacute;n mentar&eacute; algunos de los palacios m&aacute;s relevantes, si bien se encuentra ampliamente jalonada de ellos: el de Ludovico el Moro o Palazzo Costabili, el Schifanoia, el Massari, el dei Diamanti, la Palazzina di Marfisa D'Este... y otras mansiones de menor envergadura sin menoscabo de su magnificencia, como las de Varano da Camerino, Mattei, Giulio D'Este, Turchi di Bagno, Prosperi Sacrati, Trotti Mosti, Guarini Giordani... 
</p>
La Casa de Ariosto, la Casa Romei, numerosas iglesias como la de Santa Maria in Vado y la de San Cristoforo e Certosa, el Monasterio de San Antonio in Polesine y las Murallas con sus puertas, tambi&eacute;n constituyen monumentos imprescindibles. 
<p>
Si se desea una visita cultural m&aacute;s completa, existen varios museos a disposici&oacute;n del viajero: el Museo Arqueol&oacute;gico, instalado en el Palacio de Ludovico el Moro, con su colecci&oacute;n de arte etrusco y sus magn&iacute;ficos frescos originales, el Museo C&iacute;vico, en el Palacio Schifanoia, tambi&eacute;n con inigualables frescos renacentistas, el Museo de Arte Moderno y Contempor&aacute;neo F. de Pisis, ubicado en el Palazzo Massari, la Pinacoteca Nacional, que ocupa el Palacio de los Diamantes, el Museo Hebraico y para los amantes del s&eacute;ptimo arte, el Museo Michelangelo Antonioni, sito en la casa familiar del famoso cineasta. 
</p>
Como consejo personal, a&ntilde;adir&eacute; que puede ser suficiente una jornada completa para visitar esta ciudad, pero para efectuarla de una forma m&aacute;s holgada y para no dejarse nada &quot;en el tintero&quot;, recomendar&iacute;a dos d&iacute;as o como m&iacute;nimo, d&iacute;a y medio. 
<p>
Un local a tener muy en cuenta a la hora de tomarse un delicioso vino o un aperitivo, se encuentra situado al lado de la Catedral, frente a su flanco izquierdo. Su nombre es &quot;Enoteca del Corso&quot;. En esta regi&oacute;n de Emilia-Roma&ntilde;a tienen la encomiable costumbre de obsequiar al cliente que demanda una bebida, con todo aquello que desee degustar de cuanto se expone sobre la barra, (porciones de pizza, pasta, ensaladas, pescadito frito...). Se puede rellenar un plato de pl&aacute;stico o papel, (de tama&ntilde;o grande), con esas viandas las veces que el apetito requiera. Las consumiciones son algo m&aacute;s caras de lo normal, unos 3 &euro; un vino, (servido en copa alta y con mucho estilo por parte del sumiller) y 5 &euro; un Campari o Martini. Pero a cambio de ese m&oacute;dico precio, uno puede &quot;almorzar&quot;, &quot;merendar o &quot;cenar&quot; sin cortapisas. Esta enoteca es un peque&ntilde;o bar de moda, con m&uacute;sica a la &uacute;ltima y clientela local joven pero selecta, que pierde su &quot;charme&quot; para atiborrarse como los dem&aacute;s en su min&uacute;scula y concurrida terraza, con magn&iacute;ficas vistas del Duomo y su plaza. 
</p>
En la juder&iacute;a, al comienzo de la calle Mazzini, (cercana a la Catedral), se halla una helader&iacute;a cuyo nombre desafortunadamente no recuerdo y en donde he probado quiz&aacute;s los helados m&aacute;s exquisitos de toda Italia. Llama la atenci&oacute;n el modo en que los sirven y una especialidad sabrosa como la que m&aacute;s: la &quot;granita siciliana&quot;, un granizado del cual existen tres sabores diferentes. El mejor, para mi gusto, el de almendra. 
<p>
Y para finalizar, una sugerencia sobre el alojamiento. Si se desea un hospedaje digno pero econ&oacute;mico, el Hotel Della Ville, ubicado justamente frente a la Estaci&oacute;n Central de Ferrocarril es muy aconsejable. Un cuatro estrellas c&oacute;modo, limpio, acogedor y bien decorado, que ofrece habitaciones dobles en pleno mes de agosto por unos 55 a 60 &euro;. Con ba&ntilde;o, aire acondicionado, minibar, TV, radio, secador de cabello...desayunos, (muy buenos, por cierto) e impuestos incluidos. Este establecimiento fue reservado con uno de los mejores mayoristas italianos de viajes v&iacute;a Internet: Venere. Aunque es de suponer que tambi&eacute;n se podr&aacute; conseguir a un precio similar con otros operadores. Desde el hotel se puede ir a pie perfectamente hasta el casco hist&oacute;rico, pero si no se desea caminar, frente al hotel, delante de la Estaci&oacute;n, parte un bus que recorre todo el centro. Los billetes se compran en un estanco cercano. 
</p>
Espero que todos estos datos y recomendaciones sean de alguna utilidad para quienes prevean viajar hacia esta hermosa ciudad de ladrillo rojizo. Ferrara, la bella desconocida, el feudo de los Este.			<p>
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		<author>dalianegra</author>
				<category>mis viajes</category>
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		<pubDate>Thu, 13 Dec 2007 02:54:52 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>La Cantina De La Leona</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/cantina-leona-46309</link>
		<description>
			<![CDATA[
			<p style="text-align: center;"><strong><span style="text-decoration: underline;">PREFACIO</span></strong></p>
<p>Mi vida&nbsp;privada inspir&oacute; este peque&ntilde;o relato de corte intimista y ambientado en &eacute;poca futurista, aunque tambi&eacute;n influy&oacute;&nbsp;la rememoraci&oacute;n de un viaje a M&eacute;xico, acontecido en el verano del a&ntilde;o 2003 .</p>
<p>Y es que, en la inmensidad de la urbe m&aacute;s poblada de la Tierra, en el centro de M&eacute;xico Distrito Federal y al lado mismo del interminable Paseo de la Reforma, escondida entre elevados y modernos rascacielos de la zona financiera de la ciudad, se hallaba una peque&ntilde;a cantina, m&aacute;s humilde, modesta y de menor tama&ntilde;o que la que describo en mi narraci&oacute;n, pero tan entra&ntilde;able que constitu&iacute;a "el reposo del guerrero" para el&nbsp; maltrecho cuerpo de la viajera que suscribe esta introducci&oacute;n, despu&eacute;s de una extenuante jornada de visitas a monumentos y museos.</p>
<p>Por extra&ntilde;o que parezca, nunca supe el nombre de esa cantina, quiz&aacute;s no prest&eacute; atenci&oacute;n a su r&oacute;tulo exterior o tal vez &eacute;ste era inexistente, pero yo siempre la he denominado "la cantina de la leona", porque en su diminuto interior, una leona y una pantera negra, ambas disecadas, se ergu&iacute;an sobre una plataforma de ladrillo y parec&iacute;an cobrar la vida que desafortunadamente les hab&iacute;a sido robada y saltar sobre la clientela que consum&iacute;a cervezas "Corona", (que all&iacute; no se llama "Coronita") o "Sol", adornadas con media rodaja de lim&oacute;n del Caribe o "chelada" o c&oacute;cteles margarita o tequilas y mezcales... mientras visionaban v&iacute;deos de bandas de pop-rock aut&oacute;ctono como Man&aacute; o Molotov, en una gigantesca pantalla que cubr&iacute;a uno de los lados del local.</p>
<p>Pues bien, sabedores ya de aquello que fue el germen que origin&oacute; este texto, os dejo con &eacute;l.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="text-decoration: underline;">LA CANTINA DE LA LEONA</span></strong></p>
<p>La Estaci&oacute;n Espacial AC-3 se ubica en los confines de nuestro sistema solar, m&aacute;s all&aacute; de la &oacute;rbita del planeta enano Plut&oacute;n. De forma cil&iacute;ndrica y con una gravedad muy estable, es lugar de visita ineludible para aquellas naves interestelares que pretenden iniciar su singladura en pos del hiperespacio.</p>
<p>Dichas naves pueden aprovisionarse a fondo en la estaci&oacute;n, adquiriendo los m&aacute;s diversos productos necesarios para garantizar un viaje grato y placentero. Varios gigamercados se encargan de satisfacer al m&aacute;s exigente consumidor.</p>
<p>La Estaci&oacute;n Espacial AC-3 ofrece tambi&eacute;n actividades y establecimientos dedicados al ocio, para que los tripulantes y pasajeros de paso empleen su tiempo libre y se diviertan a sus anchas con un amplio abanico de l&uacute;dicas posibilidades.</p>
<p>Uno de estos locales que brindan entretenimiento al visitante es La Cantina De La Leona. De modestas dimensiones, es ante todo un sitio &iacute;ntimo, agradable, acogedor...</p>
<p>La cantina toma su nombre de una enorme leona del Atlas disecada por alg&uacute;n mal&eacute;volo taxidermista, que se alza altiva sobre una plataforma de centelleante acero, dominando a la concurrencia. La clientela se agrupa en torno a peque&ntilde;os veladorcitos circulares, iluminados tenuemente mediante lamparillas de mesa que emergen en el centro de los mismos. Los citados veladores bordean un min&uacute;sculo escenario desde el cual algunos artistas deleitan al variopinto p&uacute;blico con sus actuaciones.</p>
<p>El tequila corre a raudales cuando Lola sube a ese escenario, enfundada en un ajustad&iacute;simo traje negro de charro con las abotonaduras de plata. Luce un pesado sombrero mexicano con bordados de pedrer&iacute;a sobre su brillante melena del color del azabache.</p>
<p>Apenas comienza a entonar un corrido, esta mariachi femenina, recibe ya una primera ovaci&oacute;n de los espectadores que abarrotan el garito. Es la estrella indiscutible del lugar y a su vez la propietaria del mismo. Hubo un tiempo en que comparti&oacute; con su marido la regencia del peque&ntilde;o cabaret, pero ahora &eacute;l se ha ido con otra hembra m&aacute;s joven, dej&aacute;ndola sola, abandon&aacute;ndola a merced de sus incondicionales seguidores.</p>
<p>Pero Lola no se arredra ante nada, es una mujer fuerte, hecha a s&iacute; misma y conf&iacute;a en la diosa Fortuna, aquella que ya le proporcionase la dicha de conocer a su nuevo amado. Un amor inconfesado a&uacute;n, secreto, que ella guarda celosamente en lo m&aacute;s profundo de su ser.</p>
<p>Y ahora &eacute;l est&aacute; ah&iacute;, frente a ella, sentado en una de las mesillas justo delante del escenario. La mira embelesado, con los ojos h&uacute;medos, con los labios entreabiertos, esbozando una ligera sonrisa y aplaude con fuerza, con fiereza, cuando Lola, tras un breve saludo, emite las primeras notas de su canci&oacute;n.</p>
<p>&Eacute;l tambi&eacute;n la ama, como am&oacute; a otra Lola, a su Dolores, su compa&ntilde;era de tantos a&ntilde;os dif&iacute;ciles. Mujer de excepci&oacute;n, una de entre un mill&oacute;n. Su Lola ten&iacute;a los m&aacute;s arrebatadores ojos verdes que &eacute;l nunca hubiera visto. Una mirada felina, rasgada, hechizante...empero tambi&eacute;n se fue un d&iacute;a, parti&oacute; sin previo aviso a bordo de una embarcaci&oacute;n vikinga...</p>
<p>&Eacute;l la sigui&oacute; en un viaje digno del mism&iacute;simo Orfeo, pero, considerando oportuno realizar una escala, recal&oacute; en la Estaci&oacute;n Espacial AC-3, vag&oacute; durante un tiempo indeterminado por callejuelas y callejones, entre el tumultuoso gent&iacute;o y fue a dar con la puerta entornada de La Cantina De La Leona. La franque&oacute; tras empujarla levemente, quiz&aacute;s animado por el sugerente nombre, los recuerdos de anta&ntilde;o y su amor por la fauna salvaje terr&iacute;cola, cuando &eacute;l era guarda del keniata Parque Nacional de Amboseli.</p>
<p>Levant&oacute; la vista y &eacute;sta se encontr&oacute; con la imponente figura de la leona, impert&eacute;rrita, con su aire de reina africana y seguidamente escuch&oacute; una voz que parec&iacute;a provenir de un almac&eacute;n anexo. Era la de Lola, que le ped&iacute;a amablemente que abandonase la sala porque a&uacute;n no estaba abierta al p&uacute;blico. Cuando se dispon&iacute;a a irse, ella se arrepinti&oacute; de su anterior petici&oacute;n y le rog&oacute; que se quedase, que le hiciese compa&ntilde;&iacute;a hasta la hora oficial de apertura.</p>
<p>Entre tragos de mezcal reposado hablaron largamente, sin percatarse siquiera de que la bailarina del vientre egipcia ya se hallaba ejecutando su danza mientras los varones la requebraban con lascivia al avistar sus carnes semidesnudas.</p>
<p>Supo entonces que esta otra Lola, la mariachi, era solamente siete a&ntilde;os m&aacute;s joven que &eacute;l, aunque ni el tiempo ni las vicisitudes de su azarosa existencia hab&iacute;an dejado mella alguna en su n&iacute;vea piel ni en su car&aacute;cter de eterna adolescente. De complexi&oacute;n menuda, aunque voluptuosa, sus facciones eran netamente caucasianas, si bien su oscura cabellera y su primer apellido, (de claro origen nahua), Ixtlilxochitl, eran herederos de un antepasado paterno, descendiente directo de un soberano chichimeca del M&eacute;xico prehisp&aacute;nico, en la madre Tierra.</p>
<p>Durante esas horas de sosegada charla, los hermosos ojos negros de &eacute;l se clavaron en los dorados de ella y viceversa, surgiendo as&iacute; la semilla de un enamoramiento clandestino que fue en crescendo d&iacute;a tras d&iacute;a.</p>
<p>La nave de &eacute;l permaneci&oacute; atracada de forma permanente. Mientras, el hombre ocupaba sus jornadas de asueto en acudir a la cantina para as&iacute; gozar de la presencia de su nueva amada, la que compart&iacute;a el mismo nombre, impronunciable para &eacute;l, que aquella a quien tanto a&uacute;n quer&iacute;a.</p>
<p>Cuando Lola, su reciente amor, como ahora estaba haciendo, entonaba sus corridos y rancheras, &eacute;l la sent&iacute;a pr&oacute;xima, la amaba con toda la pasi&oacute;n de que era capaz su coraz&oacute;n y por unos momentos se olvidaba de su p&eacute;rdida y su desdicha para desearla y hacerla suya mentalmente. La desnudaba en sus enso&ntilde;aciones, pod&iacute;a adivinar incluso el peso de los rotundos senos de ella debajo de aquel ce&ntilde;ido atuendo. Las cre&iacute;a unas formas casi perfectas, suaves y mullidas semiesferas que le remit&iacute;an a las c&uacute;pulas de la lejana Estambul, cuyas sombras cobijaran a sultanes y odaliscas.</p>
<p>Y era tal ya el amor que sent&iacute;a por esta nueva Lola, tan distinta y tan id&eacute;ntica a su Dolores, que el alma se le encog&iacute;a s&oacute;lo de pensar en ella. Y era tal el frenes&iacute; que Lola experimentaba por &eacute;l, que se estremec&iacute;a y comenzaba a temblar cada vez que le ten&iacute;a delante, como en estos momentos.</p>
<p>Sonaron los &uacute;ltimos acordes de "El Rey" y Lola se quit&oacute; el sombrero arroj&aacute;ndoselo a su amado, quien lo recogi&oacute; al vuelo, lo apret&oacute; entre sus manos y percibi&oacute; el intenso perfume que emanaba de &eacute;l. Era la fragancia de esta f&eacute;mina que hab&iacute;a entrado en su vida como una intrusa y a la que ya no podr&iacute;a renunciar jam&aacute;s. Ambos se miraron mientras sonaban los aplausos y ella hac&iacute;a una genuflexi&oacute;n. Se miraron muy profundamente a los ojos y emocionados, las l&aacute;grimas, incontenibles, brotaron de ellos.</p>
<p>M&aacute;s arriba, sobre la fr&iacute;a plataforma, la leona tambi&eacute;n les observaba con sus v&iacute;treas pupilas. Muda testigo de un amor a&uacute;n no declarado, tal vez imposible, all&iacute;, en el postrer lindero de nuestro sistema solar, m&aacute;s all&aacute; de un peque&ntilde;o planeta conocido como Plut&oacute;n...&nbsp;</p>
<p>NOTA &nbsp;ACLARATORIA:&nbsp; este relato tambi&eacute;n lo he publicado en la web Ciao, con mi nick de Mayte_dalianegra</p>			<p>
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			</p>
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		<author>dalianegra</author>
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		<guid>http://dalianegra.obolog.com/cantina-leona-46309</guid>
		<pubDate>Thu, 13 Dec 2007 02:52:18 +0100</pubDate>
	</item>
	<item>
		<title>&quot;2046&quot;, la obra maestra de Wong Kar-Wai</title>
		<link>http://dalianegra.obolog.com/2046-obra-maestra-wong-kar-wai-46299</link>
		<description>
			<![CDATA[
			<p>&nbsp;Procedo a presentar una de mis pel&iacute;culas favoritas y quiz&aacute;s aqu&eacute;lla que, por su complejidad, requiera m&aacute;s sacrificio por mi parte para poder comentarla. Se trata de "2046".<br /><br />"2046" es, sin lugar a dudas, la obra maestra del realizador hongkon&eacute;s de adopci&oacute;n, (nacido en Shanghai), Wong Kar-Wai. Este director est&aacute; considerado por la cr&iacute;tica de Occidente como uno de los m&aacute;s brillantes de China, junto con Zhang Yimou y Chen Kaig&eacute;. Su cine, de autor, es de tendencia prooccidental.<br /><br />Con "2046", obtuvo el premio de la cr&iacute;tica del Festival de Cannes del 2004 y en la 49&ordf; Seminci, el premio a la mejor fotograf&iacute;a y el premio de la prensa internacional.<br /><br />Esta cinta es la continuaci&oacute;n de "In the mood for love", titulada en nuestro pa&iacute;s como "Deseando amar", un filme que fue rodado conjuntamente con "2046", ( Wong Kar-Wai las considera a ambas una misma pel&iacute;cula) y que comparte a su actor protagonista, el tambi&eacute;n hongkon&eacute;s Tony Leung, en el papel de Chow Mo Wan.<br /><br />Tony Leung es el actor de mayor fama internacional del cine de Hong Kong. Debut&oacute; de la mano de John Woo, (un cineasta especializado en producciones de acci&oacute;n trepidante), pero es m&aacute;s conocido por sus posteriores interpretaciones, como protagonista de "El amante" de Jean-Jacques Annaud, basado en la novela autobiogr&aacute;fica de Marguerite Dur&aacute;s o por su rol como el primer emperador de China, Qin Shi Huangdi, en la superproducci&oacute;n "Hero", de Zhang Yimou, la pel&iacute;cula m&aacute;s taquillera de la historia del cine chino.<br /><br />Sus partenaires son la veterana Gong Li, musa en su d&iacute;a de Zhang Yimou, (de quien fue compa&ntilde;era sentimental) y sin duda, la actriz china de mayor proyecci&oacute;n a nivel mundial, desde las muy galardonadas "Sorgo rojo" y "La linterna roja", (ambas del citado Zhang Yimou, con quien colabor&oacute; en varias cintas m&aacute;s que ya no mento para no alargar esto en demas&iacute;a), pasando por "Adi&oacute;s a mi concubina", (de Chen Kaig&eacute;), "El tren de Zhou Yu", (de Sun Zhou) y "Memorias de una geisha", (del norteamericano Rob Marshall), hasta llegar a su &uacute;ltimo trabajo por el momento, "La maldici&oacute;n de la flor dorada", donde act&uacute;a nuevamente bajo las &oacute;rdenes de Zhang Yimou. Aqu&iacute; Gong Li da vida a Su Li Zhen, una jugadora de naipes a quien apodan como "la Ara&ntilde;a Negra", con una mano perennemente enguantada.<br /><br />Otra de las compa&ntilde;eras de Chow Mo Wan, ser&aacute; Bai Ling, cuya interpretaci&oacute;n corre a cargo de la actriz Zhang Ziyi, a quien tambi&eacute;n conocemos por protagonizar "La casa de las dagas voladoras", del ya mentado Zhang Yimou y por su papel principal en la anteriormente mencionada "Memorias de una geisha". Bai Ling se enamora perdidamente de Chow, pero &eacute;ste la utilizar&aacute; s&oacute;lo para divertirse con ella.<br /><br />Faye Wong, que hab&iacute;a trabajado a las &oacute;rdenes de Wong Kar-Wai en "Chunking express", compartiendo cr&eacute;ditos con Tony Leung tambi&eacute;n, es aqu&iacute; Wang Jing Wen, la hija del propietario del hotel de quien Chow Mo Wan se enamora realmente, pero sin ser correspondido.<br /><br />Y tras este vistazo a los personajes protagonistas, pasamos a la trama de la historia, laber&iacute;ntica, que requerir&aacute; de toda nuestra atenci&oacute;n si no queremos perdernos en medio de ella.<br /><br />La pel&iacute;cula parte de una novela futurista que est&aacute; siendo escrita en ese momento por Chow Mo Wan y cuyo primer cap&iacute;tulo comienza con estas palabras: "En el a&ntilde;o 2046 una amplia red de ferrocarriles se extiende por todo el planeta Tierra, de vez en cuando un tren misterioso parte rumbo a 2046, todos los pasajeros que se dirigen a ese lugar tienen el mismo objetivo, quieren recuperar la memoria perdida, pues en 2046 nunca cambia nada, nadie sabe realmente si eso cierto porque nadie, absolutamente nadie ha regresado nunca, nadie excepto yo." Y quien afirma esto es un joven japon&eacute;s, (rol que asume Takuya Kimura), que planea huir de 2046 llev&aacute;ndose consigo a una androide de reacciones retardadas, de la que est&aacute; perdidamente enamorado.<br /><br />Ese nip&oacute;n no es otro que el alter ego ficticio de Chow Mo Wan, a quien ya conoc&iacute;amos de la anterior entrega de esta especie de saga, de la pel&iacute;cula "Deseando Amar", s&oacute;lo que en esta maravillosa secuela, Chow transmuta su personalidad t&iacute;mida, introvertida, prudente y delicada, de la primera parte y se convierte en un vividor, aventurero, bebedor y mujeriego. Mantiene su profesi&oacute;n de escritor period&iacute;stico, pero cambia por completo de registro. Si en "Deseando amar" escrib&iacute;a sobre deportes, en "2046", lo hace sobre historias relativas al sexo.<br /><br />Extra&ntilde;amente, Chow escribe un op&uacute;sculo de ciencia-ficci&oacute;n con tintes er&oacute;ticos para su peri&oacute;dico sobre ese japon&eacute;s que desea escapar de 2046, el lugar donde se recupera la memoria perdida, pero es &eacute;l mismo quien anhela entrar en ese mundo y recuperar sus propios recuerdos. Su alter ego nip&oacute;n desea huir de los recuerdos, &eacute;l, Chow, el escritor, encontrarlos.<br /><br />El t&iacute;tulo de esa novela, la fecha de ese futuro lejano, (porque la acci&oacute;n del presente se sit&uacute;a en el Hong Kong y el Singapur de 1963), es el del n&uacute;mero de la habitaci&oacute;n del hotel donde ten&iacute;an lugar sus encuentros con Su Li Zhen, su amor imposible de la primera pel&iacute;cula. Toma esa cifra, 2046 y la convierte en la fecha que titular&aacute; su relato. Chow Mo Wan est&aacute; mezclando su propia vida con la de su personaje, el japon&eacute;s de su narraci&oacute;n. Tal vez por eso la pel&iacute;cula pueda resultar un tanto confusa si no se la visiona atentamente.<br /><br />A partir de ahora, ese supuesto viaje al futuro de su novela, se trastoca en el filme, en una rememoraci&oacute;n del pasado del escritor. Se reviven las aventuras amorosas que Chow, con su aspecto de Clark Gable oriental, mantiene con tres bell&iacute;simas y glamourosas mujeres. Su objetivo es reemplazar al amor de su vida, a la mujer que conoci&oacute; en la anterior cinta, (Deseando amar), que se llamaba Su Li Zhen como esta otra, la jugadora, que no es sino otro alter ego de ella y que es interpretado por otra actriz, (en "Deseando amar" por Maggie Cheung y en "2046" por Gong Li).<br /><br />La primera de esas mujeres que intentan sustituir sentimentalmente a su amada es Su Li Zhen, (Gong Li), pero la tah&uacute;r, la Ara&ntilde;a Negra. Ella intentar&aacute; ayudar a Chow sin conseguirlo.<br /><br />Despu&eacute;s vendr&aacute; su aventura con Bai Ling, (Zhang Ziyi), una joven que se enamora de &eacute;l, pero que para conseguir su atenci&oacute;n, mantiene relaciones sexuales a cambio de una cantidad simb&oacute;lica de dinero. Eso que para ella constituye casi un juego amoroso, hace que sea vista a los ojos de Chow como una vulgar prostituta, por eso no manifiesta inter&eacute;s por el amor que esta hermosa f&eacute;mina le brinda.<br /><br />M&aacute;s tarde es el propio Chow quien repara en la hija del due&ntilde;o del hotel. Es una mujer a&uacute;n m&aacute;s joven, casi adolescente, se llama Wang Jing Wen, (Faye Wong) y se enamora perdidamente de ella, pero ese amor no es correspondido porque Wang Jing ya ama a otro hombre, un nip&oacute;n de similar edad, con quien mantiene un romance desaprobado por su padre. Chow percibe su propio enamoramiento mientras ayuda a la muchacha en su relaci&oacute;n con su amado japon&eacute;s.<br /><br />Chow Mo Wan busca denodadamente en estas tres mujeres a la amada perdida, a la Su Li Zhen de "Deseando Amar" que ya nunca volvi&oacute; a encontrar. Cada una de ellas representa una faceta distinta de ella. Bai Ling, la mujer que cobra a cambio del sexo, es el cuerpo, Wang Jing Wen, la hija del casero, es la mente y Su Li Zhen, la tah&uacute;r profesional, es el nombre, puesto que se llama igual que su amor.<br /><br />Pero Chow no se conforma con estos tres romances, inmerso como est&aacute; en sus recuerdos. S&oacute;lo piensa en lo que pudo ser y no fue, en su pasado. Porque si pretende huir hacia ese futuro, sobre el cual escribe, es s&oacute;lo para poder reencontrarse con su pasado, del que ni puede ni quiere escapar. Pues, seg&uacute;n &eacute;l mismo relata en su novela: "en el 2046 nunca cambia nada". Desea detenerse en su pasado para reencontrarse con la Su Li Zhen que conociera en aquellos tiempos y a la que ya no podr&aacute; olvidar mientras viva.<br /><br />Es &eacute;sta una de las m&aacute;s bellas historias de amor jam&aacute;s contadas, y como siempre suele suceder en estos casos, se trata de un amor imposible, del amor surgido a&ntilde;os ha y del cual el espectador se ha empapado en esa primera parte de "In the mood for love". Un amor en el que pasado y futuro se entremezclan, formando un ciclo sin principio ni fin, puesto que no hay m&aacute;s tiempo tangible que el presente. Y prueba de ello es que la cinta arranca justo en el punto donde culmina el fime que la antecede, "In the mood for love": en el templo camboyano de Onk Bar, el lugar en el que Chow susurra el secreto de su amor inconfesable a una oquedad abierta en el p&eacute;treo muro. Y ese agujero en el muro guardar&aacute; su secreto a trav&eacute;s del tiempo...<br /><br />Como detalle t&eacute;cnico dir&eacute; que el ritmo de esta cinta va acelerado o ralentizado seg&uacute;n conveniencia del realizador, para enfatizar determinadas secuencias.<br />El resultado es una pel&iacute;cula de corte descendente, pesimista en s&iacute; misma sobre el romanticismo humano, pero cuajada de bell&iacute;simos momentos, trufada de exquisita sensibilidad.<br /><br />La acompa&ntilde;an una cuidad&iacute;sima fotograf&iacute;a a cargo de Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung, que combina luces tenues y tonos verdosos y rojizos, propios de interiores cuyos colores se han quedado desva&iacute;dos por el paso del tiempo. Wong Kar-Wai es partidario en sus obras de ambientes nocturnos poco iluminados, de pasillos estrechos flanqueados por multitud de puertas y de habit&aacute;culos peque&ntilde;os un tanto claustrof&oacute;bicos.<br /><br />El vestuario y arreglo de los personajes es de tipo occidental, al estilo m&aacute;s glamouroso de los sesenta. Tony Leung luce como un gal&aacute;n de la &eacute;poca, con su bigotito a lo Clark Gable y de las actrices puedo decir que nunca he visto mujeres chinas m&aacute;s hermosas, con sus mo&ntilde;os altos de bucles y sus vestidos occidentales de seda y encajes con cuellos de tirilla, que les aportan el toque tradicional de Oriente.<br /><br />La banda sonora cuenta con temas tan conocidos como la "Canci&oacute;n de navidad" de Nat King Cole, "Perfidia" de Xavier Cugat, "Sway" de Dean Martin, "Siboney" de Connie Francis y sobre todo, el aria "Casta diva" de la &oacute;pera "Norma" de Bellini, que suena cada vez que el padre de Wang Jing Wen, (Faye Wong), discute con ella. En fin, una pel&iacute;cula, como adelantaba, muy densa en su trama argumental, pero considerada una obra maestra que nadie que se diga aficionado al s&eacute;ptimo arte, debe perderse.</p>			<p>
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		<author>dalianegra</author>
				<category>mi cine</category>
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		<pubDate>Thu, 13 Dec 2007 02:39:00 +0100</pubDate>
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